Negocio de familia

Los hijos que nadie quiso

Amichi, como todos le dicen a Fabricio, es un italiano que vendió su casa y su taxi en Roma y recién se vino para La Habana –como los emigrantes de la primera mitad del siglo XX– a probar suerte. Buscó una vetusta estructura en la parte vieja de la ciudad que por casualidad –pensaron los vecinos– había pertenecido a un paisano de mucho éxito en el negocio de los burdeles, y que logró alcanzar fama en la ciudad por sus bellas mujeres y visitas distinguidas.

Amichi –con mucho recelo para que no lo estafaran, y vigilancia para que no le robaran los materiales de construcción– logró contratar una brigada que le ayudara a rescatar el esplendor que tuvo en tiempos de su coterráneo. Cambió algunas estructuras y ha logrado alquilar sus habitaciones, ahora convertidas en hermosas y confortables oficinas, a pequeños empresarios que, como él, se inician en los negocios…

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