Miami tiene ansias de cultura 

Desde el Museo de Arte Pérez hasta los murales de Wynwood, la ciudad de la Florida suma centros de exposiciones, conciertos y nuevos espacios formativos.

El New World Center, diseñado por Frank Gehry.Foto:Corbis

En una de esas tardes agradables de febrero que atrae en multitudes a los adultos mayores de regiones frías al sur de la Florida, me separé de la muchedumbre vacilante que obstruía el Lincoln Road Mall de Miami Beach y viré una cuadra en dirección norte hacia el New World Center. La sala de conciertos de vidrio y acero, diseñada por Frank Gehry abrió sus puertas en 2011, e inmediatamente convirtió a South Beach en un destino cultural. Un grupo de asiduos concurrentes formaban un mar de cabellos blancos frente a la boletería donde me enteré que las localidades para el programa de esa noche, un concierto de un trompista de la New World Symphony, estaban agotadas. Si bien se trataba de un espectáculo gratuito, había que reservar lugar con antelación, y Dominic Rotella, el músico, era, al parecer, uno de los más aclamados de la ciudad.

«Haga la fila», dijo un señor bien entrado en canas, señalando la cola informal de desafortunados que tenía a su alrededor. «Usted es el número siete».

El hecho de que se agoten las localidades para un concierto de un miembro de la Sinfónica del New World Center indica que Miami tiene ansias de cultura. En la actualidad, gracias a una economía robusta y al legado del Art Basel -el popular encuentro del arte que se instauró en 2002 y regresó del 3 al 6 de diciembre últimos – Miami ha acumulado un volumen importante de atracciones culturales. Desde el Museo de Arte Pérez de Miami hasta el próspero barrio muralista de Wynwood, Miami añadió un complemento inteligente a la tradicional seducción de sus playas. Y eso no es todo. En abril se espera la inauguración del Faena Forum, un centro de exposiciones de un poco más de 4600 m2, diseñado por Rem Koolhass; y para el próximo otoño boreal reabrirá sus puertas el Bass Art Museum, cerrado en la actualidad por reformas, con un 50% más de espacio repartido en cuatro nuevas galerías. Con el aporte de los recién llegados se nutren la rica actividad cultural fuera de la temporada del Art Basel.

No es la mía. En visitas anteriores a Miami, hacía todo lo que estaba a mi alcance para sumergirme en algo más profundo que no fuera un balde de arena como, por ejemplo, la excursión a pie para recorrer la arquitectura de South Beach, organizada por la Miami Design Preservation League (una organización ambientalista que brega por el diseño y la construcción sustentables), o la visita al Museo Wolfsonian para contemplar su colección de arte decorativo, actividades que, a ritmo pausado, podrían llevar un día. Cuando una amiga, que vive en un rascacielos reluciente del barrio céntrico de Brickell, me prometió que no extrañaría la playa durante un fin de semana el invierno pasado en lo que ella llamó la «nueva Miami», tuve que aceptar ese desafío. Además, en mi lugar de residencia hacía 20º menos.

Pérez, un espacio alegre

El Museo Pérez, de 18600 m2, se inauguró hace dos años
El Museo Pérez, de 18600 m2, se inauguró hace dos años.Foto:Corbis

Además del placer de descongelarme durante el trayecto de 15 minutos en auto del aeropuerto al Mueso de Arte Pérez, estaba la bienvenida del Pérez en sí misma, rodeado por generosas terrazas que invitan a mecerse en sillas hamaca y contemplar el canal Government Cut entre la visita de una galería y otra.

Este museo céntrico de 18600 m2, de 131 millones de dólares, emplazado en el antiguo Museo de Arte de Miami, se inauguró a fines de 2013 en un edificio con movimiento, construido por el estudio de arquitectura suizo Herzog & de Meuron, que parece invitar al visitante tanto a sus ambientes interiores como a sus espacios al aire libre. Comparte el Parque de los Museos, de 12 ha, en una época descuidado, con el Museo de Ciencias Patricia y Philip Frost, actualmente en construcción, cuya inauguración se espera para el próximo verano boreal.

Al participar de una visita guiada por un docente por el Pérez, que acaba de obtener la certificación LEED de Oro (otorgado por el Consejo de la Construcción Ecológica de Estados Unidos), me enteré de que fue inspirado en Stiltsville, un grupo de casas que se elevan en el mar sobre pilotes en la bahía Biscayne. Paneles de hormigón esculpidos y ventanales que van del piso al techo envuelven el edificio por dentro, ventanas parcialmente sombreadas inundan las galerías del segundo piso de luz y vistas de los enormes maceteros colgantes que rodean la entrada.

«Es un espacio muy poroso», comentó la guía, Rosie Gordon-Wallace, que también dirige una galería dedicada a artistas latinos y caribeños. «Te lleva a salir y a entrar. Es alegre. Dan ganas de correr por las terrazas».

Diseñado para reflejar el conglomerado de inmigrantes de Miami, el Pérez se centra en el arte moderno y contemporáneo de las culturas de la Cuenca del Atlántico, que incluye América latina, África y Europa. En su interior, un grupo de alumnos de nivel primario, sentados en el piso, hacían dibujos frente al «Western Sun» (el Sol Poniente), un amanecer naranja representado con tubos de luz por el artista Mark Handforth. Pocos artistas individuales como Gary Simmons, cuyo mural «Frozen in Time» (Congelado en el Tiempo) cubre toda una pared, tienen galerías propias. En los salones más grandes disfruté conocer al especialista en collage William Cordova, a través de 100 pequeñas obras montadas una sobre otra en homenaje al fallecido cineasta afrocubano Nicolás Guillén Landrián.

Muestra callejera

Como lo demuestra la calidez exterior del Pérez, el clima no es central solo para la seducción de las playas de Miami. Sirve para forjar la escena artística. En el barrio de Wynwood, al norte del centro, el clima sofocante y la paleta tropical de Miami se fusionan en Wynwood Walls, una muestra callejera de arte en constante cambio esparcida a lo largo de casi 7500 m2 de paredes exteriores en las que confluyen más de 40 artistas. El urbanista Tony Goldman, a quien se atribuye el resurgimiento de South Beach, así como el SoHo de Nueva York antes de la su muerte, comenzó el proyecto de murales en 2009, para lo cual invitó a artistas de la calle a que usaran los depósitos industriales bajos como lienzos.

«Su objetivo era convertir el barrio de Wynwood en un polo artístico», expresó Jessica Goldman Srebnick, su hija y directora ejecutiva de Goldman Properties, mientras tomábamos el té en el Wynwood Kitchen & Bar, repleto de murales. «Es un museo de la calle. No es intimidante. La escala es amigable».

Wynwood Walls da a la Segunda Avenida con un mural de Shepard Fairey que representa al Sr. Goldman con los brazos extendidos en un gesto de bienvenida, junto con retratos de grandes figuras, desde el Dalai Lama hasta Jimi Hendrix. Se enfrentan con personajes de dibujos animados alegres y amorfos, creados por Kenny Scharf en una pared cercana. Un grupo de artistas de Wynwood trabaja en un predio vecino sobre paredes y puertas de garage en una amplia y sorprendente variedad de estilos, desde el decorado con plantillas en capas de Aiko hasta el fotorrealismo de un paisaje urbano de Logan Hicks y los retratos de Vanessa Alice Bensimon, también conocida como Miss Van.

Goldman Properties invitó a artistas a decorar más de 30 edificios concentrados en alrededor de 20 cuadras de mucho movimiento. Los recorrí con Ryan Ferrell, guía de turismo y artista local, quien señaló los graffitti que todavía marcan el barrio, pero que evitan que desfiguren los murales. «Una buena noticia para Wynwood», dijo, «aunque para el mundo del graffitti ésta es la meca.»

Como herramientas para el desarrollo urbano, los murales han transformado el barrio en un destino que atrae a tiendas, restaurantes y cervecerías locales. La combinación de entretenimiento y cultura se suma a las muestras de pintura, especialmente las caminatas de arte de los sábados a la noche, que se hacen todos los meses y atraen a carros de comida, músicos y miles de amantes de las galerías de arte.

Encuentros rejuvenecidos

De regreso a South Beach, el New World Center brinda su propio espectáculo nocturno a través de una pantalla gigante que pasa películas y conciertos al aire libre en transmisión simultánea. También organiza conciertos sinfónicos nocturnos con luces de disco y D.J. Se ofrecen conciertos cortos y a veces gratuitos destinados al público más joven, que teme comprometerse con espectáculos clásicos largos que no le dejan tiempo para zambullirse en la cercana Bodega Taquería y Tequila, un bar de tacos y club nocturno escondido detrás de una puerta de un baño portátil falso.

Desde las butacas curvas del auditorio principal hasta las salas de ensayo y lobby vidriados, el centro parece estar diseñado para rejuvenecer los encuentros de música clásica, comenzando por su inquilino principal, la New World Symphony, dirigida por Michael Tilson Thomas como un posgrado virtual para los egresados de los conservatorios de todo el país. La sede de la sinfónica, el New World Center, ofrece una variedad de conciertos fuera de la temporada sinfónica. En una visita posterior al festival de poesía O, Miami -encuentro anual que expresa la profundidad literaria de Miami- pesqué un quinteto de intérpretes de música barroca de origen francés y vi la película de Bill Murray St. Vicent en la silla plegable y una multitud más serena en el césped.

Cuando me las arreglé para conseguir una entrada para el concierto, me sumé a un público cautivado que escuchaba de todo, desde «La Llamada Interestelar» de Bach hasta «De los cañones a las Estrellas» de Olivier Messiaen, realizado con una excelente presentación de diapositivas. Sentada a mi lado en el concierto, Hilary Glen, en aquel entonces, violonchelista de primer año en la Sinfónica, y recién llegada a Miami Beach, confesó su escepticismo inicial sobre la hospitalidad cultural de la ciudad.

Elaine Glusac/ The New York Times

Traducción de Andrea Arko

Visitas y cronogramas

-El Pérez Art Museum Miami (1103 Biscayne Boulevard; pamm.org) cobra 16 dólares la entrada e incluye visitas guiadas frecuentes, de una hora de duración, para ver las obras de arte y la arquitectura del museo.

-Los murales de Wynwood Walls (2520 Northwest Second Avenue; thewynwoodwalls.com) constituyen el centro de atracción del barrio, y si bien las visitas son gratuitas, los horarios cambian, se puede recorrer desde las 11 hasta la medianoche los viernes y los sábados.

-Las Wynwood Art Walks (paseos de arte) se llevan a cabo el segundo sábado de cada mes, con visitas guiadas que parten desde los 20 dólares. Para más info: Wynwoodartwalk.com.

  • El New World Center (500 17th Street; nws.edu) alberga a la New World Symphony, que ofrece conciertos desde octubre hasta abril, a menudo proyectados en su pantalla gigante exterior.
  • Además de patrocinar a un escritor durante su residencia, el Betsy Hotel (1440 Ocean Drive; thebetsyhotel.com) ofrece sesiones de lectura de y salones literarios programados con regularidad. Los salones parten desde los 265 dólares.

  • El festival de poesía O, Miami (omiami.org) se lleva a cabo durante todo el mes de abril.

Origen: Miami tiene ansias de cultura – 13.12.2015 – LA NACION  

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