Estampida de cubanos.

Habanero2000

Prado
Cubanos dispersos por el mundo. Hermanos, madres e hijos distantes, extendiendo brazos en afán y ansia de tocarse, inalcanzables. Muertos que esperan cubana sepultura, en definitivo y añorado regreso. Piezas de un rompecabezas que tal vez nunca vuelvan a juntarse, a ser uno. Esa angustia de partir una y otra vez, inventarse vidas y raíces. Esa ausencia del abrazo preciso en el momento necesario. Esa lagrima abundante, recurrente, con sabor a adiós, a vuelvo pronto, a me muero sin verte.

¿En qué maldito momento la tierra laboriosa del café y la caña, el tabaco y el ron, del baile y la guaracha, la palma y el colibrí, se volvió tierra de maldiciones, de quejas y dolores, abulias y angustias? ¿Cuándo se nos agrio el vino y el azúcar se hizo amarga?
¿En qué oscuro minuto dejamos de mirar hacia adentro y buscamos afuera, con ansia y desespero?
¿Cómo pudieron desatarse…

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