De Argentina a Holanda y de USA a Suecia: Cárceles como espejo de un país

Próximo a cesar su dilatada gestión que inició por iniciativa de la UCR, el procurador Penitenciario Nacional, Francisco Mugnolo, le dijo la Comisión Bicameral de Fiscalización de Órganos y Actividades de Seguridad Interior, que preside el diputado nacional Sergio Massa: “Entre los recursos destinados y la realidad hay un contraste muy grande. Si uno mira lo que pasa en las cárceles, los presos no tienen vestimenta. Ellos andan con la camiseta de River Plate o de Boca Juniors, o lo que le prevea su familia. ¿Comen bien? Comen mal. Tienen problemas de salud, tienen limitaciones de todo tipo. Díganme ¿dónde está la plata, en que se gasta?”. En los 3 años finales de la administración K “hubo recursos suficientes” ($4.000 millones sólo en el último presupuesto) pero… ¿dónde fue a parar ese dinero? Mugnolo agregó: “Si el sistema no crea condiciones mejores, es difícil llevar adelante programas de resocialización. En el sistema nacional hay 1,5 personal penitenciario por cada preso porque es un esquema basado en la seguridad carcelaria y cada vez hay menos maestros, menos profesores cuando la educación es un arma contra la reincidencia, que baja drásticamente” entre reclusos con mayor instrucción”. Las cárceles argentinas (con 20% de población extranjera) sufren, en general, de “superpoblación” y un servicio penitenciario “que es un desastre: centralizado, burocrático, pesado y tiene sus nichos de corrupción”. Aquí un enfoque acerca del problema:

Por Urgente24

De Argentina a Holanda y de USA a Suecia: Cárceles como espejo de un país
Las cárceles deberían ser centros de recuperación antes que de preparación para la reincidencia.

Entre 1995 y 2012, la población carcelaria de América Latina aumentó de manera exponencial: de 101,2 a 218,5 por cada 100.000 habitantes (lo que representa un incremento del 116% en dicho período).

Según un artículo de Laura Jaitman -coordinadora del área de investigación en Seguridad Ciudadana y Justicia del BID(Banco Interamericano de Desarrollo)-, el crimen aumentó aún más en ese período, con tasas de homicidios regionales que se duplicaron de 13 a 26 homicidios por cada 100.000 habitantes.

Pero Estados Unidos es otro país que ha visto su población carcelaria aumentar un 19% entre 1995 y 2012: de 595 a 709 reclusos.

USA es el país con la mayor cantidad de población encarcelada del mundo verificable (alrededor de 2,4 millones de presos). La gran diferencia entre USA y América Latina es que en el mismo período, mientras la población carcelaria aumentaba, el crimen se reducía notablemente en el país del 1er. Mundo, tanto los delitos contra la propiedad como contra las personas. La tasa de homicidios bajó de 8 cada 100.000 habitantes a 5 cada 100.000 habitantes, explica Jaitman.

Esto genera un primer interrogante: ¿cuál es la relación entre encarcelamiento y crimen?

Explica Jaitman que la teoría económica del crimen postula que los potenciales criminales estudian costos y beneficios ante la comisión de un delito.

“El encarcelamiento actúa por dos caminos concretos en la ecuación: puede disuadir el crimen haciéndolo menos atractivo por las sanciones más duras, y puede reducir el crimen a través del efecto ‘incapacitación’ ya que (en teoría) durante la condena los criminales están en aislamiento y fuera del mercado laboral ilegal”, explica Jaitman.

Esto último no sucede en Latinoamérica: Según varias ONG y artículos de prensa de distintos países, en algunos de ellos, hasta el 70% de las extorsiones provienen de la cárcel.

 

“En América Latina la baja resolución de casos (menos de la mitad que en el mundo desarrollado) y la impunidad hacen que por más que la población privada de libertad aumente, esta amenaza de encarcelamiento a veces no se percibe como probable. La literatura muestra que el aumento de la severidad de las penas que ya son largas no tiene un efecto en la reducción del crimen, con lo cual sería mejor invertir en la prevención del delito tanto con disuasión policial como mediante la mejora de las posibilidades en el mercado laboral legal”, argumenta Jaitman.

Además explica que algunos de los factores que favorecen a los efectos criminógenos de la cárcel en la región son:

Las altas tasas de hacinamiento (la ocupación en promedio casi duplica la disponibilidad de plazas).

Las carencias en los servicios de rehabilitación y reinserción de los privados de libertad.

La deficiencia en la infraestructura carcelaria para poder analizar el riesgo de los presos y darles espacios y tratamientos diferenciados.

Las altas tasas de presos sin condena (que llegan a 80% en algunos países).

 

“Las cárceles serán sanas y limpias…” (art. 18 de la Constitución Nacional)

Según el centro de estudios Prison Policy Initiative, en el 2016, las tasas de encarcelamiento por cada 100.00 habitantes de algunos de los países desarrollados son:

USA: 693
Gran Bretaña: 145
Portugal: 139
Luxemburgo: 120
Canadá: 114
Francia: 99
Bélgica: 98
Italia: 88
Noruega: 70
Holanda: 69
Dinamarca: 61.

Argentina tenía en 2014, 152 internos por cada 100.000 habitantes (es una de las tasas más bajas de la región), según un informe de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref).

El más reciente informe del Sistema Nacional de Estadísticas sobre Ejecución de la Pena (SNEEP), también del año 2014, brinda una cifra algo más alta: 161,8 presos por cada 100.000 habitantes (un aumento brutal desde 1997, cuando había 91 personas detenidas por cada 100.000 habitantes).

Además, según el Cels (Centro de Estudios Legales y Sociales), en 2015 “se agudizó la tendencia hacia el aumento del encarcelamiento tanto en el Servicio Penitenciario Federal como en el de la Provincia de Buenos Aires, que concentran el 70% de la población privada de la libertad en todo el país.”

El SNEEP dice que en Argentina hay más de 250 cárceles, en las que se aloja a alrededor de 69.000 presos. De ese total, 10.424 están distribuidos en las 34 prisiones federales, mientras que los 55 penales bonaerenses alojan a unos 31.200 presos. El resto de la población penitenciaria está detenida en cárceles que dependen de las distintas provincias.

 

Según Marcelo Bergman, director del Centro de Estudios Latinoamericanos de Inseguridad y Violencia (Celiv), que tuvo a su cargo la investigación de la Untref, se gastan $250.000 anuales por cada preso, y 1 de cada 2 personas que sale en libertad reincide en el 1er. año (así le expresó a Télam).

Debido al aumento considerable de personas detenidas que hubo en los últimos años, uno de los mayores problemas que surgió en el sistema penitenciario argentino es el hacinamiento, y las condiciones inhumanas de vida que este genera para los reclusos, produciendo un círculo vicioso delictivo.

En Argentina, según el estudio de Bergman, las cárceles están ocupadas en un 100%, tanto los penales federales como los de la provincia de Buenos Aires (el porcentaje es alto pero si se lo compara con otros de la región, no estamos tan mal: México tiene un sus cárceles ocupadas en un 189% y Brasil las tiene en un 175%).

“La sobrepoblación carcelaria no sólo atenta contra las más elementales normas de higiene sino también socaba los cimientos para un adecuado programa de reinserción social. El exceso de internos por sobre la capacidad instalada y operativa, es también uno de los factores de mayor riesgo en el desarrollo de las tareas del personal del Servicio Penitenciario”, explica el estudio del Celiv (Untref).

Por otro lado, el derecho a condiciones de vida dignas en las prisiones, está garantizado en el artículo 18 de nuestra Constitución: “Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquella exija, hará responsable al juez que la autorice.”

 

Holanda importa presos noruegos y transforma cárceles en hoteles

Mientras en Argentina y en Latinoamérica se discute cómo hacer para reducir la población carcelaria y mejorar la funcionalidad de las cárceles y las condiciones de vida de aquellos que están presos, hay países que padecen el mal antagónico: escasez de presos.

Es el caso de Holanda, por ejemplo, que hace alrededor de 1 año firmó un pacto con Noruega para “importar” presos a sus cárceles, ya que no tenía con quien llenarlas. Algunos establecimientos hasta ahora usados para albergar reclusos, además, están siendo transformados en sitios de recepción de refugiados o en hoteles.

“Mientras que la mayor parte del mundo no sabe cómo lidiar con el hacinamiento en las prisiones, Holanda tiene el problema opuesto: poca gente a la cual encerrar. En los últimos años, 19 cárceles han cerrado y el año que viene otras más lo harán. ¿Cómo lo lograron y por qué hay algunos que piensan que eso es un problema?”, escribió Lucy Ash de la BBC.

Hace una década, Holanda tenía una de las tasas de encarcelamiento más altas de Europa; ahora, una de las más bajas: 57 personas por cada 100.000 habitantes.

Según le explicó a Dutch News el ministro holandés de Seguridad y Justicia, Ard van der Steur, los jueces están brindando sentencias más cortas, lo que significa que los criminales pasan menos tiempo en prisión. Además, ha habido un declive en los crímenes más serios.

Holanda no es el primer país en cerrar cárceles por escasez de condenados, explica el portal Quartz: La cantidad de presos en Suecia cayó un 1% entre 2004 y 2011. Luego entre 2011 y 2012, bajaron un 6%. En 2013, el país anunció que cerraría 4 prisiones y otra facilidad correccional debido a esta tendencia inusual.

Una explicación para la baja en la población carcelaria, según The Guardian, fue la decisión de la Corte Suprema sueca en 2011 de dar sentencias más leves para las ofensas en temas de drogas, lo que significa en la práctica que los condenados pasan menos tiempo entre rejas antes de volver a la sociedad.

Los jueces holandeses, por otro lado, suelen utilizar alternativas a la prisión, como períodos de servicio a la comunidad, multas o el marcado electrónico de los que violan la ley, explica Ash,de la BBC.

Angeline van Dijk, directora del servicio de prisiones de Holanda, dice que la cárcel es utilizada cada vez más para individuos demasiado peligrosos para que estén en libertad, o para los vulnerables que necesitan la ayuda disponible en el interior.

“A veces es mejor para las personas permanecer en sus puestos de trabajo, quedarse con sus familias y pagar el castigo de otra manera”, aseguró a la BBC. “En Holanda, tenemos sentencias de prisión más cortas y una tasa de criminalidad que está disminuyendo, lo que resulta en celdas vacías”.

Aunque los delitos registrados muestran una reducción de 25% en los últimos 8 años, algunos argumentan que en realidad, la reducción de un 25% en los delitos registrados se debe a la clausura de las estaciones de policía, debido a recortes presupuestarios, lo que hace más difícil denunciar crímenes.

Según Pauline Schuyt, profesora de Derecho Penal de la sureña ciudad de Leiden, las prioridades de la policía de Holanda hoy son la trata de personas y el terrorismo.

 

Suecia: un sistema penitenciario pensado para evitar la encarcelación

“¿Se imaginan si cerraran algunas de las cárceles de América Latina por falta de presos? Esto es lo que viene ocurriendo en Suecia en los últimos años y ha causado que tanto los países desarrollados como en desarrollo miren al modelo penitenciario sueco con admiración y recelo”, escribió Carina Solmirano, consultora del BID en Seguridad Ciudadana, en el blog Sin Miedos.

“Suecia tiene 9,7 millones de habitantes en un territorio con la mitad del tamaño de Argentina. Con inviernos oscuros y fríos que pueden durar hasta 6 meses, el país nórdico figura continuamente en los primeros puestos de desarrollo humano. Sus tasas de homicidio también están entre las más bajas del mundo, con 0,7 homicidios por cada 100.000 habitantes, en comparación al promedio latinoamericano de 25. A pesar de que entre 2011 y 2012 la tasa de crimen en Suecia se incrementó (principalmente por aumentos en crímenes relacionados con drogas, fraude y asaltos), las cárceles están cerrando”, escribe Solmirano.

“¿Como se explica este fenómeno? (…) Parece que la explicación más simple es que las cárceles suecas no son instituciones de castigo, sino de rehabilitación. El director del sistema penitenciario sueco, Nils Öberg, comentó en una nota realizada por The Guardian: ‘Nuestro rol no es castigar. El castigo es la sentencia de prisión. Los convictos han sido privados de su libertad. El castigo es que ellos estén con nosotros’.” Por otro lado, Solmirano compara las cárceles suecas con respecto a las de Estados Unidos y las de América Latina.

En los establecimientos de los países nórdicos:

No existe sobrepoblación o hacinamiento.

Los reclusos sirven sentencias que raramente exceden los 10 años.

La tasa de reincidencia están entre las más bajas del mundo: se estima que un 25-40% de los reclusos vuelve a prisión entre el 1er. y 3er. año de haber cumplido su condena.

Esto contrasta fuertemente con USA, por ejemplo, a donde un estudio encontró que más del 60% de los reclusos reincidieron dentro de los 3 primeros años de haber terminado su condena.

Pero por sobre todas las cosas, para Solmirano la clave está en que el sistema penitenciario sueco está pensado para evitar la encarcelación cada vez que sea posible. “En su lugar, se intenta implementar medidas alternativas como la libertad condicional, el monitoreo electrónico, las sentencias condicionadas con servicios comunitarios, y libertad condicional con servicio comunitario, entre otras medidas.”Recordemos que Suecia fue el primer país en Europa en introducir el brazalete electrónico para aquellos sentenciados a 6 meses de prisión o menos.

Por último, Solmirano concluye que si bien es injusto comparar el sistema de justicia criminal sueco con los de los países latinoamericanos, dado que “la inseguridad y violencia en América Latina es una anomalía”, sí hay determinados atributos que podemos tomar como ejemplo:

Los programas de rehabilitación. “Muchos atribuyen el éxito del sistema sueco a la inversión realizada en programas de rehabilitación, en especial programas de tratamiento para adictos a las drogas y al alcohol, y programas de estudio y trabajo durante la duración de la sentencia.”

Implementación de alternativas al encarcelamiento: “El uso del brazalete electrónico ha sido probado no solo en Suecia sino en muchos otros países, con resultados mixtos. Sin embargo, hay evidencia promisoria sobre su uso para reducir la tasa de reincidencia.”

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