La cruel historia de los trabajadores norcoreanos 

Inae Hyun

A partir del año 2005, la ONU ha adoptado anualmente la resolución sobre los derechos humanos en Corea del Norte, y en este año se ha incluido en la resolución un artículo relacionado con el problema de los trabajadores norcoreanos en el exterior. Específicamente, el artículo 2 expresa su “gravísima preocupación” por la “explotación” de los trabajadores enviados al extranjero desde la República Democrática Popular de Corea para trabajar en condiciones que podrían calificarse de trabajo forzado. Es el primer caso en que la ONU menciona este problema en la resolución. En otras palabras, la violación de los derechos humanos de los trabajadores norcoreanos en el extranjero ya se ha convertido en un problema que la comunidad internacional no puede ignorar. De hecho, los países como Corea del Sur, Estados Unidos, Australia y las naciones de la Unión Europea han criticado que los trabajadores norcoreanos enviados al exterior trabajan en condiciones deficientes, y que el dinero ganado por ellos se utiliza para desarrollar misiles y armas nucleares.

La historia norcoreana del trabajador en el extranjero se remonta a mucho tiempo atrás. En el año 1967, el régimen de Kim II-sung envió norcoreanos a trabajar como leñadores a Siberia, en Rusia y adquirió maderas como remuneración por la labor de ellos. Pasando por la Marcha del Sufrimiento, a mediados y finales de los años noventa, el despacho de los trabajadores llegó a ser una fuente indispensable de fondos para gestionar el Gobierno de Kim y otras instituciones especiales del país. El número de los trabajadores norcoreanos enviados al extranjero aumentó a 45 mil personas en el 2007, y los sectores fueron ampliados hasta abarcar las áreas de construcción, gastronomía, silvicultura, costura, pesquería, agricultura, TI, medicina, etcétera.

Según una investigación del año 2016 de un instituto surcoreano, se estima que unos 110 mil-123 mil trabajadores han sido enviados a unos 20-40 países del mundo. Entre ellos: 30 mil personas a Rusia, 70 mil-80 mil a China, 4 mil-5 mil a Kuwait, 2 mil a los Emiratos Árabes Unidos.

El Gobierno norcoreano, con el fin de ganar más divisas a través del envío de los trabajadores, adopta políticas inhumanas inexistentes en otros países. Los trabajadores norcoreanos de las empresas extranjeras no cobran el salario. En Kuwait, las autoridades norcoreanas reciben entre ochocientos y mil dólares al mes por un trabajador, pero el 60% de dicha cantidad se ofrece como parte del fondo secreto de Kim Jong-un y el 40% restante para cubrir el salario y el gasto de administración. Al final se dice que los trabajadores ganan solamente entre 100 y 150 dólares mensualmente, y a penas con ese poco dinero tienen que encargarse a su vez del costo de vuelo, alimentación, vivienda y transporte. Además, el Gobierno norcoreano incluso los obliga a ofrendar más dinero como una muestra de fidelidad a su patria.

Rusia, especialmente, es el país donde las condiciones de trabajo son más graves. Por lo general, los norcoreanos trabajan en la tala de árboles o la construcción, pero, en caso de que las empresas no les puedan dar trabajo por no haber recibido ningún pedido, los trabajadores deben buscarlo por su propia cuenta para poder pagarle al Gobierno una proporción del dinero cada mes. Por lo tanto, algunos trabajadores tratan de ahorrar más hasta reduciendo sus gastos de vida. El sitio de construcción es su casa y trabajan sin alimentarse bien. Aun así, la cantidad de dinero que debe ofrecerse al Estado es demasiado alta, por lo que casi la mitad de ellos no pueden pagarla. Conjuntamente, como el valor del rublo se ha reducido a la mitad, es casi imposible aportar aquella cantidad calculada en dólares. El primer día de enero de este año, un trabajador norcoreano en Vladivostok se suicidó quemándose a lo bonzo por la miseria de la vida.

Por otro lado, como los trabajadores norcoreanos trabajan principalmente en los sitios de construcción, lugares peligrosos, están expuestos al riesgo de accidentes. Sin embargo, cuando uno necesita una atención médica por accidente, se le asiste con un remedio provisional y es enviado a Corea del Norte debido al alto costo del tratamiento en el extranjero, lo que impide una completa recuperación por no haberse aplicado cuidados médicos apropiados a tiempo. En el caso de que un trabajador muera por un incidente laboral, sólo una parte de la recompensa ofrecida por la empresa llega a su familia, mientras que el resto es tomado por el Gobierno.

Los trabajadores norcoreanos también son vigilados de manera estricta por las autoridades de su patria. El Gobierno norcoreano obliga a los trabajadores a vivir en grupo por temer que sean impregnados de la democracia liberal, y casi prohíben las salidas; sólo permiten andar colectivamente entre el trabajo y la vivienda. En caso de que salgan del área, tienen que moverse en grupo y después de regresar deben informar en detalle todo sobre su salida al grupo dirigente.

Según una investigación, recientemente las divisas que dichos trabajadores ganan alcanzan 500 millones de dólares al año, y la comunidad internacional está profundamente preocupada por la posibilidad de que este dinero se pueda utilizar para mantener el régimen dictatorial y el desarrollo de armas nucleares y misiles, con lo cual se levanta cada vez más la voz que enfatiza que se debe incluir en las sanciones contra el país comunista este envío de trabajadores al extranjero. No obstante, aparte de eso, primeramente hay que poner mucha atención en mejorar las condiciones laborales y garantizar los derechos humanos de estos trabajadores. Para ello, cada país que recibe a los trabajadores norcoreanos debe investigar la situación real y solicitar y vigilar para que las autoridades norcoreanas cumplan con el derecho laboral de su país.

Asimismo, si no se respetan estas normativas, hay que repatriarlos a Norcorea, como lo hacen ya unos países europeos. Este año, Polonia llevó a cabo una investigación sobre la situación de los trabajadores norcoreanos y presentó su informe final en el que está descrito que ya fueron propuestas al Gobierno polaco las recomendaciones relacionadas con los trabajadores extranjeros. Tomando el caso de Polonia como ejemplo, si los países y los organismos internacionales colaboraran entre sí para solucionar el problema de los trabajadores norcoreanos en el extranjero, sería posible mejorar sus derechos humanos.

La autora es investigadora del Instituto para la Unificación Nacional de Corea (KINU).

 

Origen: La cruel historia de los trabajadores norcoreanos – Infobae

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