La decadencia de los “todo incluido” | Cubanet

Las imágenes paradisiacas de la propaganda distan de la realidad de estos hoteles

HOLGUÍN, Cuba.- Vacacionar en un hotel todo incluido en la playa es el sueño ilusorio de los cubanos, hecho realidad por una selecta minoría desde marzo de 2008, cuando el General Presidente Raúl Castro dio “libre acceso” a estas instalaciones turísticas que  hasta ese momento eran exclusivas para extranjeros.

Sin embargo, las imágenes paradisiacas de los hoteles en las playas mostradas en la propaganda distan de la realidad.

Varios ejemplos dan fe del retroceso y, entre los holguineros, el Hotel Playa Costa Verde (HPCV) es uno de los más citados.

La instalación, asentada en Playa Pesquero, a 50 kilómetros al noreste del municipio cabecera, abrió sus puertas en 2001 con un Superclub Breezes, compañía que poco después se retiró.

Desde entonces, y bajo la gestión de Gaviota S.A., corporación cubana patrimonio del Grupo de Administración Empresarial de las Fuerzas Armadas (GAE), el HPCV ofrece un servicio contrastante con los altos precios que pide a sus huéspedes, que tienen que pagar a partir de 80 CUC por persona la noche, el salario promedio de cuatro meses de trabajo para la mayoría de los cubanos.

La “bienvenida” a las habitaciones las dan unas imperceptibles hormiguitas, conocidas popularmente como “cuarentiñas”, que al picar dejan un intenso dolor  y ronchas en la piel por varios minutos. Los agresivos insectos están por toda la morada y “te  acompañan hasta el último día en el hotel”, comenta a CubaNet Alexander Rosales Frómeta, un huésped que vivió la “experiencia” junto a su esposa e hijo de nueve años.

Otra decepción sufrida por la familia fue al intentar reservar las caretas y los esnórqueles para hacer buceo. Aunque son parte del “todo incluido”, los aditamentos submarinos no están disponibles porque “no hay ligas para fijar las caretas al rostro”, le dijeron a Rosales.

Sin embargo, ese inconveniente es pequeños ante el mal servicio gastronómico que presta la instalación. Ninguno de los tres snackbars del hotel oferta piña colada, jugos de tomate y pera, pizza hawaiana y otros productos de alta demanda anotados en la carta-menú. ¿La causa del desabastecimiento? “Los proveedores no son estables con el suministro”,  aseguró uno de los almaceneros que prefirió identificarse como Manuel.

A pesar de los escasos productos en oferta, el servicio es lento. La entrega del pedido demora 25 minutos, y en otros casos, como la pizza, 45, provocando largas colas de clientes.

Un dependiente del snackbar de la playa afirma que la dirección del hotel, para obtener mayores beneficios económicos, redujo la plantilla y “donde deberían estar dos personas trabajando hay solo una”.

Otros trabajadores, bajo condición de anonimato, aseveraran que la reducción de plantilla los somete a una sobrecarga laboral contra la que no tienen derecho a protestar ni a ser defendidos por el sindicato. “Aunque somos civiles, nos dirigen militares y si le reclamas a ellos, te expulsan y ponen a otro, como ha sucedido en varias ocasiones”, comenta un cocinero del restaurante italiano.

El deterioro afecta al equipamiento gastronómico. La rotura de los módulos de refrigeración ha provocado que en el restaurante buffet se expendan jugos a temperatura ambiente; algo similar sucede en la llamada “Esquina del helado”, donde el producto se brinda derretido. Quizá lo más sorpresivo, principalmente para los cubanos, es encontrar en el desayuno un pan de pésima calidad.

Los restaurantes especializados no escapan al descalabro. De los cuatro que existen, el más llamativo, por su comida exótica, es el Kyoto, donde las lámparas fundidas, la rotura del mecanismo del brazo que cierra las puertas y la falta de agua en el baño dan señales inequívocas de abandono.

Algo similar sucede en Sol Río de Luna y Mares, hotel en el que, aunque está gestionado por la cadena española Sol Meliá junto a la cubana Gaviota S.A., los problemas son cotidianos. En la instalación falta frecuentemente el agua potable debido a la inestabilidad de la distribución de Ciego Montero, empresa cubana a la que la gerencia del hotel no le cierra el contrato, ni establece una demanda en su contra, porque es la única de su tipo en el país, según afirma una empleada del departamento de relaciones públicas.

En el restaurante-buffet, las tostadoras de pan tienen defectos mientras que las cafeteras de los restaurantes están rotas hace meses. “Y nos alegramos porque así los huéspedes, sobre todo los alemanes, no se demoran en el restaurante tomando café”, dice un dependiente.

En los bares, la falta de limón y otros cítricos naturales afecta la calidad  de los cocteles, que son elaborados por los bármanes con jugos artificiales envasados en pequeñas cajitas.

Historias similares se repiten en los demás hoteles que integran el polo turístico holguinero, considerado el tercero en el país por el número de habitaciones. Sin embargo, de acuerdo a datos oficiales, Holguín prevé para el 2025 convertir su zona turística en la más importante de Cuba, “con un amplio proceso inversionista a desplegar y la composición de playas, naturaleza, patrimonio histórico y cultural.”

Origen: La decadencia de los “todo incluido” | Cubanet

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