Motochorros, una modalidad delictiva que no pueden parar en Capital ni en el GBA

Cometen cuatro de cada diez asaltos. Una víctima cuenta que en Caballito, hace diez días, hubo seis casos con pocas horas de diferencia. A ella le robaron $ 43.000 y su título de abogada.

Daños. El vidrio delantero derecho de la Jeep Renegade de la abogada Noemí Zanetti (59), tras el robo.

En la ciudad de Buenos Aires y el Conurbano, cuatro de cada diez robos son cometidos por motochorros. Se trata de una modalidad delictiva bien conocida, aunque las autoridades todavía no le encuentran la vuelta para que los casos disminuyan. Todos los días se producen episodios de este tipo y muchos terminan con las víctimas muertas.

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Noemí Zanetti (59) vive hoy para contarlo, aunque todavía no consigue recuperarse del momento: le rompieron el vidrio de su flamante camioneta Jeep Renegade, que había comprado dos semanas antes, y un ladrón le sacó su costosa cartera Louis Vuitton en la que llevaba 43.000 pesos, su título original de abogada, tarjetas de crédito y documentación. “Me arruinaron”, dice.

Su caso se produjo hace diez días (el viernes 18 de este mes) en la calle Donato Alvarez, por la mañana. Al llegar al cruce con Tres Arroyos, que estaba cerrado al tránsito por obras de repavimentación, había un embotellamiento de vehículos y eso fue aprovechado por un par de motochorros.

La calle Donato Alvarez, pasando Tres Arroyos, que estaba cerrada al tránsito cuando fue el robo.

La calle Donato Alvarez, pasando Tres Arroyos, que estaba cerrada al tránsito cuando fue el robo.

“Sentí el ruido del estallido del vidrio del acompañante”, le cuenta aClarín la mujer, quien también es contadora pública. El delincuente, que estaba con el casco puesto, le gritó: “Dame todo, hija de puta”. Metió medio cuerpo adentro de la Jeep y tomó la cartera que estaba debajo del asiento, pese a que la víctima se lo manoteó. Los asaltantes escaparon por la calle que estaba cerrada al tránsito.

“Fue al voleo, porque no salí de un banco, sino de mi casa. El día anterior una amiga me había pedido que fuera a cobrarle un cheque y saqué el dinero por ventanilla, casi 40.000 pesos. El resto era plata mía. Ahora tuve que gestionar un préstamo personal para devolverla”, sostiene resignada Zanetti.

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La abogada terminó con cortes menores en los brazos y las piernas, sumado a una crisis nerviosa, y enseguida llamó al 911 para avisar del robo. El agente de la Federal que llegó en un patrullero le dijo, con honestidad brutal: “Si fue una moto, olvidate, ya se fueron”.

Pruebas. Los vidrios lastimaron a la víctima en sus brazos y piernas.

Pruebas. Los vidrios lastimaron a la víctima en sus brazos y piernas.

Enseguida la mujer se dirigió hasta la seccional a radicar la denuncia, donde tenía una sola persona delante. Ella ya había sacado las fotos del vidrio roto de su camioneta con su celular, pero se las pidieron impresas. Caminó hasta una fotocopiadora enfrente de la dependencia policial y cuando le reclamaron los 28 pesos se dio cuenta de que ya no tenía plata. Entonces fue hasta su casa y regresó. Pagó y entró. “Cruzo yla comisaría ya era una romería de gente. Un hombre me preguntó: ‘¿Te robaron? ¡A mí también!’. Saltó una chica y gritó: ‘¡A mí también!’. Éramos seis a los que nos había pasado lo mismo: tres sobre Donato Alvarez y tres sobre Tres Arroyos”, relata.

Para Zanetti, en el lugar donde la asaltaron “estaba la zona liberada” y así se lo hizo saber a los agentes que la atendieron. “Bueno, usted piense lo que quiera”, le respondieron.

Fuentes policiales consultadas por Clarín indicaron que hubo tres denuncias por motochorros aquel 18 de noviembre en la seccional ubicada en la avenida Gaona 2738.

Final. La camioneta era flamante. La había comprado dos semanas antes del robo.

Final. La camioneta era flamante. La había comprado dos semanas antes del robo.

La abogada cuenta que le molestó la respuesta que le dieron en la comisaría. “Agradezca que no le hicieron nada”, matizaron. Por el contrario, ella remarca: “¿Estamos todos locos? Me hicieron mucho, no me mataron, pero el resto me lo hicieron: me ‘violaron’, invadieron mi privacidad, me sacaron todo lo que hice con mucho esfuerzo”.

Ahora, Zanetti mandó a blindar, por $ 4.500, el vidrio de su camioneta, para tratar de evitar que le suceda lo mismo. El recambio le salió $ 12.000, más los $ 3.500 de la mano obra, de lo cual se hizo cargo la compañía de seguros.

Lo que más le duele a la mujer es que le robaron su título de abogada y todavía no lo recuperó. Al día siguiente del hecho -y al subsiguiente-, hurgó en los tachos de basura de las calles del barrio para ver si lo encontraba. “El sábado (19)revisé cinco, y el domingo (20)como 15”, añade.

Es la cuarta vez que la atacan motochorros, aunque las tres veces anteriores zafó por su reacción: les tiró encima el vehículo en el que iba. “Sé que actué mal, pero estamos desamparados, nadie hace nada”, justifica esta madre de dos hijos.

Origen: Motochorros, una modalidad delictiva que no pueden parar en Capital ni en el GBA

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