Georgia Tann, la siniestra proveedora de bebés para las estrellas del viejo Hollywood 

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Por más de dos décadas, fue influyente y socialmente reconocida por la alta sociedad de Memphis, Tennessee. Hasta que se descubrió que su obra caritativa era sólo la tapadera de un perverso negocio

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Georgia Tann (1891-1950), “the baby thief”

Una jueza de menores acaba de ser acusada en Argentina de ordenar a sus empleados para que detectaran a mujeres carenciadas susceptibles de ser presionadas para ceder a sus niños en adopción a familias adineradas.

El caso parece un reflejo, en escala bastante menor, de lo sucedido en Memphis, Tennessee en las décadas del 30 y 40, donde una mujer llevó este modus operandi a extremos inimaginables.

Georgia Tann tenía una perfecta doble vida: en la alta sociedad de Memphis era vista como una gran benefactora y su fama fue tal que llegó a dictar conferencias en Washington, Nueva York y otras importantes ciudades sobre el tema de su especialidad: la adopción. Más aún, la propia Eleanor Roosevelt (primera dama de los EEUU de 1933 a 1945) la consultaba en materia de bienestar infantil y fue invitada por el presidente Harry Truman a su ceremonia de asunción.

La prensa la señalaba como una “destacada eminencia en materia de leyes de adopción”.

Cuando la verdad salió a la luz, en 1950, Georgia Tann fue descripta como una ladrona de bebés, abusadora de niños y hasta asesina serial; ya se verá por qué.

Entre tanto, de 1924 a 1950, Georgia Tann dirigió la Sociedad Hogar de Niños de Tennessee, que era, en realidad, nada más que la fachada de un tráfico de menores que abarcó a unos 5.000 recién nacidos y niños que eran vendidos a familias pudientes a lo largo y ancho de los Estados Unidos.

Eran otros tiempos, y Tann pudo aprovechar la falta de regulaciones para borrar las huellas del origen ilegal de esos niños -en su mayoría robados- y hasta aparecer socialmente como una pionera de la promoción de la adopción en su país.

Pudo hacerlo, además, porque contó con una red de complicidades entre políticos, funcionarios, médicos y enfermeras y apelando al engaño, la manipulación y el soborno.

Engaño, manipulación y hasta intimidación para quitarles a madres indefensas o incluso a parejas pobres a sus niños; y soborno para obtener la protección de altas autoridades para su negocio. Uno de sus padrinos fue el demócrata Edward Hull Crump, alcalde de Memphis entre 1910 y 1916 y luego diputado por Tennessee, y hasta 1950 el político más influyente en el estado. No hubo una investigación exhaustiva que permitiera establecer si Crump era o no consciente de la verdadera naturaleza de las actividades de Tann, pero su amistad sin duda fue una protección para ella.

Quien sí fue un eslabón esencial de la cadena fue la jueza de Menores Camille Kelly, que le proveyó a Tann muchos de los niños que ella “dio” en adopción.

Por años, estos delitos permanecieron impunes y ocultos a la mirada pública hasta que se fueron acumulando agravios, quejas y denuncias y finalmente se abrió una investigación en regla. Era demasiado tarde, como se verá.

Georgia Tann se había dedicado tempranamente a las tareas sociales -una alternativa usual en la época para las mujeres que querían labrarse un destino profesional- pero, como no sentía la menor empatía por los desfavorecidos, lo encaró como un negocio, sin más. Y con criterio eugenésico. Colocar a los niños “viables”, sacando el mayor provecho monetario posible, y desembarazarse de los que, por enfermedad o por no entrar en los estándares solicitados, se convertían en una carga. “El nuestro es un proceso selectivo. Seleccionamos el niño y seleccionamos el hogar”, decía en sus conferencias. En los “pedidos” que tomaba, Georgia Tann llegaba hasta a especificar requerimientos tales como color de ojos y cabellos, raza, etcétera.

De todos los niños que pasaron por sus manos, los más afortunados fueron vendidos a familias ricas; otros eran también vendidos pero para tareas domésticas o mano de obra en el campo. Otros fueron abusados y muchos descuidados y dejados morir.

Para cuando se instaló en el n° 1556 de Poplar Avenue en Memphis -en una gran casa con jardín- Georgia comparte su vida con otra mujer, que se convertirá en su cómplice, Ann Atwood Hollinsworth.

Algunos atribuyen a su acción el incremento de la tasa de mortalidad infantil en Memphis, en contraste con el resto del país. Parece delirante, pero sucede que la señora Tann dejaba morir de inanición a los niños no “vendibles”. O los ponía a la intemperie, en pleno verano, por ejemplo, para que se los llevase una insolación.

No es posible saber cuántos niños mató Tann, por acción u omisión, entre 1924 y 1950, pero se sabe que en el invierno de 1945, fallecieron 50 niños que estaban a su cuidado por un brote de disentería.

Parte del buen nombre de Tann venía del hecho de que la mayoría de sus clientes pertenecían a la alta sociedad o eran famosos. Ella vio una oportunidad de mercado en aquellas parejas pudientes que no podían concebir en tiempos en que los tratamientos de fertilidad no estaban tan desarrollados como en la actualidad. Esa fue la franja a la cual apuntó, incluyendo a varias parejas de Hollywood.

La actriz Joan Crawford, con las dos niñas que adoptó por intermedio de Georgia Tann

La actriz Joan Crawford, con las dos niñas que adoptó por intermedio de Georgia Tann

Entre las celebridades que utilizaron sus servicios para adoptar niños, se encuentra Joan Crawford, Lana Turner, June Allyson y su esposo Dick Powell, el cantante de country y actor Smiley Burnette y la novelista Pearl Buck.

Tann destruía progresivamente los legajos de los niños cuya adopción tramitaba -o que quedaban bajo su custodia- y no hacía ningún seguimiento de las familias adoptantes.

Detrás de esta benévola organizadora de un hogar de niños en Tennessee había un verdadero monstruo, incapaz del menor sentimiento hacia los niños que tuvieron la desgracia de pasar por su “hogar” ni por las madres a las que se los quitaba. Tampoco dudaba en separar a los hermanitos si eso facilitaba su venta y por lo general trataba de enviarlos lo más lejos posible de su lugar de nacimiento.

Muchos de los pequeños de los que se apropiaba eran ilegítimos y con frecuencia Tann les hacía firmar a sus madres acuerdos de adopción cuando aún estaban bajo efectos de calmantes en el post parto. Con su aspecto de abuelita, parecía incapaz de hacer daño a nadie. Inspiraba confianza. Y si no, simplemente las amedrentaba, presentándose con alguna clase de autoridad. La suficiente como para intimidar a madres desamparadas, solas, asustadas.

También publicaba avisos en los diarios de Memphis, como uno en 1935, con la foto de un niño rubio y la leyenda: “George quiere jugar pero necesita un papá para completar el equipo. ¿Le gustaría tener a este lindo niño de cinco años y atajar (la bola) con él? ¿Le gustaría sentir sus bracitos regordetes alrededor de su cuello y darle un abrazo de oso? Su nombre es George y puede ser suyo con solo pedirlo, si se apresura en enviar su pedido al Christmas Baby Editor (…). En cooperación con Miss Georgia Tann de la Tennessee Children’s Home Society”.

A veces se trataba de niños que habían sido separados de sus padres por las autoridades. Otra fuente de aprovisionamiento eran los niños nacidos de enfermos mentales o de mujeres que estaban en la cárcel. O bien familias muy pobres que dejaban momentáneamente a sus niños en alguna institución pública para ir a trabajar. Tann los traficaba y luego les decía que estaban en manos de organizaciones de bienestar social que velarían por su bienestar.

A parturientas pobres les ofrecía cuidar de sus niños hasta que estuvieran en condiciones de hacerlo ellas mismas. O los robaba directamente de las maternidades con el viejo cuento de que el niño había fallecido.

“Sólo tiene que firmar este papelito”, le decían a la pobre madre. Y no volvía a ver a su bebé nunca más, porque éste sería vendido o, si nadie lo deseaba, abandonado y maltratado hasta la muerte.

Estas actividades se prolongaron por 26 años. En 1950 una investigación oficial llevó a la clausura de la casa siniestra, pero Tann murió de cáncer ese mismo año, antes de poder ser llevada ante la justicia.

“Tenía un poder impresionante. Sobornaba a enfermeras y coimeaba a todos. Trabajaba con la manipulación y la intimidación. Delegados de la policía iban a los hogares humildes y se llevaban los bebés y los niños. No creo que hubiera mucho cuestionamiento (a lo que hacía Georgia Tann)”. Quien habla es Barbara Bisantz Raymond, autora de “The Baby Thief: The Untold Story of Georgia Tann, the Baby Seller Who Corrupted Adoption” (La ladrona de bebés. La historia no contada de Georgia Tann, la vendedora de bebés que corrompió la adopción, publicado en 2007).

Raymond era una periodista especializada en temas de infancia que dedicó 16 años a investigar el caso Tann y a buscar testigos, víctimas y sobrevivientes. “Ella no dudaba en quitarles los hijos a los pobres e indigentes y venderlos a los que llamaba ‘gente de clase alta'”, dijo Raymond en una entrevista.

Raymond inició su investigación a partir del testimonio de una mujer que le contó cómo había permitido que Georgia Tann se llevara a su niño de 10 meses enfermo para cuidarlo. Dos días después, le mintió diciéndole que el niño había muerto. El artículo que escribió Raymond sobre ese caso disparó una avalancha de cartas de personas que habían vivido situaciones análogas.

Para detectar niños vendibles, Tann revisaba las noticias de los diarios: si leía de alguna mujer que moría dejando niños, allá iba y decía que esa mujer le había pedido auxilio antes de fallecer.

Pero a medida que le fue tomando el gusto al negocio, Tann pasó al extremo de robar directamente niños en plazas, parques o a la salida de la escuela; los secuestraba y se los llevaba en un automóvil. Lo que da una idea del sentimiento de impunidad que tenía.

Raymond dice que Tann corrompió la adopción porque la “comercializó”. Además, falsificó certificados de nacimiento con el fin de borrar las huellas de sus delitos. Ella sospecha incluso que hubo casos de adopciones de adolescentes por hombres solteros que eran en realidad pedofilia.

Tampoco se sabe de cuántas muertes es responsable porque ella no las registraba. Los niños directamente desaparecían. Uno de los agentes que en 1950 se ocupó de la investigación en el hogar de Tann, Robert Taylor, dijo: “Sus bebés morían como moscas”.

La casa de Poplar Avenue, en Memphis, por donde pasaron miles de niños cuya huella luego se perdió

La casa de Poplar Avenue, en Memphis, por donde pasaron miles de niños cuya huella luego se perdió

Ella literalmente almacenaba a los niños en condiciones deplorables, los sedaba y los subalimentaba.

Algunos casos

Cindy Lou Preston logró reencontrarse con su madre luego de 32 años. Ella había sido directamente secuestrada mientras jugaba en un parque cuando todavía era una bebé.

Nancy Turner pudo localizar a una hermana, Evelyn Routh, tras una separación de 40 años.

A Rose Harvey, Tann le robó su hijo de 2 años, en 1922. Se lo llevó con la excusa de que ella, soltera, enferma y sola, no estaba capacitada para criarlo. Harvey contrató un abogado pero no logró recuperar a su niño.

Irene Green fue otra de las madres engañadas: le dijeron que el niño había nacido muerto, pero ella lo escuchó gritar. Protestó y pidió ver el cuerpo pero le dijeron que se habían deshecho de él.

Mary Reed tenía 18 años en 1943, cuando dio a luz un niño. Estaba apenas consciente cuando firmó unos “papeles de rutina” que le trajo una mujer vestida de blanco. Cuando empezó a preguntar por él, le dijeron que el niño estaba en New Jersey.

Billy Hale recordaba el momento en que fue robado a su madre y llevado en una limusina por dos mujeres, pese a sus gritos y su llanto. Sus padres adoptivos, que lo quisieron bien, le aseguraban que eso no había sucedido nunca. Sólo años más tarde, cuando investigó por sí mismo, descubrió que lo que recordaba era cierto. Pudo reencontrar a su hermano pero no a su madre, muerta de cáncer y que pidió por él hasta el final.

La pequeña Irma fue vendida a una familia de Ohio. Su madre, Alma Sipple, recién pudo encontrarla 45 años después de que Tann se la robara, pero ya no le fue posible reconstruir una relación con su hija.

Tres días antes de que el gobernador de Tennessee revelara a la prensa quién era realmente Tann, ella murió, el 15 de septiembre de 1950.

No sólo murió impune sino que la revelación de sus crímenes no disparó una inmediata reparación ni el intento de restituir a los niños robados o al menos revincularlos con sus familias.

Recién en 1995 se abrieron archivos y algunos de esos niños pudieron reencontrarse con sus madres de nacimiento, pero el daño ya es irreparable.

Menos del 10 por ciento de los niños robados por Tann lograron reencontrarse con sus familias.

Origen: Georgia Tann, la siniestra proveedora de bebés para las estrellas del viejo Hollywood – Infobae

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