Fiestas electrónicas, drogas y responsabilidad compartida  – LA NACION

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A la falta de estrategias sólidas para la atención sanitaria en grandes eventos se suma la indecisión política para luchar contra el comercio de estupefacientes

Urge una solución de fondo para que las fiestas dejen de transformarse en trampas mortales. Foto: Archivo

Las idas y venidas registradas en la ciudad de Mar del Plata con la habilitación de las denominadas fiestas electrónicas ilustra claramente cuán endebles resultan los mecanismos decididos por los gobiernos a la hora de controlar actos masivos donde se cuela la droga.

Esa actitud zigzagueante deja brutalmente expuesto no sólo que faltan estrategias sólidas tendientes a atender sanitariamente a quienes han consumido estupefacientes, sino -y principalmente- delatan la dramática ausencia de un plan serio y sostenido de lucha contra el narcotráfico y contra una de sus variantes igualmente nefastas: el narcomenudeo.

Una decisión inicial del municipio costero suspendió la realización de ese tipo de fiestas este verano. Las seis muertes registradas el año pasado en dos raves realizadas en la Capital Federal, más otros tres decesos de una joven mujer en Córdoba y de una chica y un joven en la localidad santafecina de Arroyo Seco actuaron como fuertes disuasivos en un principio. Sin embargo, contrariando la primera disposición, el municipio accedió a autorizarlas “de a una”, tomando como punto de partida el resultado de la fiesta anterior: si no ocurre nada malo, se avanza en un nuevo permiso. Si no, no. Resulta una metodología harto peligrosa: ¿eso quiere decir que se seguirá adelante mientras no se produzca una nueva muerte?, ¿es ésa la vara con que se mide la protección a las personas desde el Estado?

Una de las razones para haberlas suspendido fue el reconocimiento que hicieron las propias autoridades marplatenses de que esa ciudad no está sanitariamente preparada para atender semejante tipo de eventos. El fin de semana pasado se realizó la segunda fiesta electrónica del verano. Dos jóvenes debieron ser internados y más de 20 fueron asistidos por consumo de drogas sintéticas. Otra docena de chicos fueron atendidos durante la fiesta.

La pregunta es: que se hayan producido pocos casos -aunque uno sólo debería ser suficiente señal de alarma-, ¿es producto de que hubo mayores controles sanitarios o de que todavía no se han realizado los encuentros más multitudinarios que se esperan para este fin de semana y el próximo? Y el otro interrogante, de respuesta obvia: ¿alcanza con los controles aleatorios de seguridad en rutas y accesos para intentar evitar que circule la droga?

Todos los pasos que se dan sobre la marcha tienen más de voluntariosos que de eficaces. Para desarmar el enorme entramado del narcotráfico no alcanzan enormes despliegues de patrulleros y motos policiales a la vera de los caminos. Hace falta un plan integral y una firme decisión política.

Para la fiesta que se realizó en Mar del Plata la semana última, el municipio dispuso de más médicos, enfermeros matriculados, ambulancias, botiquines, desfibriladores, socorristas y el cese de venta de bebidas alcohólicas a partir de las 4.30 de la madrugada. Necesario, pero no suficiente.

Según informó LA NACION, como consecuencia del operativo de seguridad del fin de semana pasado, al primer joven demorado por la policía se le encontraron cinco pastillas de éxtasis y dos cigarrillos de marihuana. Otra veintena de chicos portaba sustancias como Popper, LSD y el denominado éxtasis líquido (GHB). En todos los casos, las cantidades estaban dentro de lo considerado como consumo personal. Se les labraron actas y quedaron libres. Cabe preguntarse si esos controles se profundizaron de manera tal de averiguar dónde es que los jóvenes consiguen tan variada cantidad de drogas y si hubo operativos para detectar a quiénes la comercializan y de dónde la obtienen.

Se trata de una situación grave que preocupa en forma creciente. Varios estudios realizados en el país dan cuenta de que son cada vez más las personas que usan drogas sintéticas y que lo hacen a edades cada vez más tempranas: se consumen desde los 14 años y no sólo en las fiestas electrónicas.

Las autoridades comunales definieron aquel operativo como exitoso, por lo cual estuvieron dispuestas a autorizar los próximos dos eventos en los que la concurrencia será mucho más grande teniendo en cuenta la importancia de los artistas que se anuncian. Da la sensación de que se está caminando por el borde de una cornisa, atendiendo cada caso de intoxicación, de deshidratación y de comercialización de drogas como una excepción y no como la regla que está visto que es.

Las familias de los jóvenes son pilares fundamentales en la enseñanza del respeto por las normas que rigen la buena convivencia social. Por ello urge contar, sin más demoras, con una legislación que regule las fiestas electrónicas. Que las regule a todas y no a una cada tanto, dependiendo de si se producen o no víctimas. El Estado es el responsable de garantizar a los espectadores que ni su salud ni su seguridad estarán en riesgo. Y de garantizarle a toda la sociedad que la lucha contra el narcotráfico es una política de Estado y no un argumento más durante una campaña electoral.

De lo contrario, estos manotazos de ahogado para poner las cosas en su lugar sólo lograrán disminuir temporariamente la estadística de víctimas. El problema necesita de una solución que sólo puede ser de fondo si realmente queremos que sea efectiva.

Origen: Fiestas electrónicas, drogas y responsabilidad compartida – 21.01.2017 – LA NACION

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