Experiencias: tener una amiga dominante 

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Creo que todas hemos pasado alguna vez por esta situación y lo peor es que sólo lo notamos con el tiempo, cuando podemos pensar con mayor claridad. Una amiga dominante no siempre es una mala influencia, la mayoría de las veces es como una pequeña vocecilla, una suerte de “conciencia”, que acostumbra decirnos qué debemos hacer y qué no. Aunque otras veces es una persona de vida agitada que nos arrastra a sus locuras y nos convierte en una especie de “mini me”. No obstante, en ambos casos el problema es que nos dejamos dominar por una amiga con quien a fin de cuentas, no poseemos un relación muy sana.

Tal vez sea por falta de confianza o bien porque poseemos una personalidad más débil, pero hay amistades que logran tomar las riendas de nuestras vidas. Pueden llegar a influenciarnos al punto que ya no sepamos si lo que hacemos es realmente por voluntad propia. El primer caso que quiero comentar es el de mi amiga “santurrona”, aquella a quien le encantaba criticar todo en mi vida: la “niñita perfecta” que claro, sin serlo para nada, me juzgaba tanto que terminaba influenciando todas mis decisiones. Sí, pues yo siempre tendía a pensar en “qué diría ella si…”. Una mujer realmente agotadora, rígida, que con el pasar del tiempo comprendí era igual a todas, se equivocaba en muchas cosas e incluso, al tener esta careta de perfección, los errores le afectaban más de lo normal. Su vida calza muy bien con el refrán “es mejor no escupir al cielo, porque te puede llegar en la cara”. Así entendí que es mejor ser más relajada, decidir por mí misma, sin importar si me equivoco o no, total todo el mundo se cae y de eso está hecha la vida. De eso aprendemos: de errores y enmiendas.

El segundo caso, es la típica amiga loca, buena para el carrete, ¡pero buena, buena!, que intentó sumergirme en su vida de excesos y pretendió que le siguiera el ritmo. La verdad es que a los 20 salí harto, pero supongo que por “la buena crianza”, nunca caí en excesos. Lo que sí es cierto es tuve esa amiga que me inclinó a una vida más light, con hartas fiestas, un montón de caras nuevas y muchos, pero muchos “jotes”. Debo reconocer que aunque me gusta que me adulen, no soy del tipo de mujer que salta de hombre en hombre (a diferencia de ella). Creo que eso y la madurez de los años terminaron por distanciarnos. La acompañé por voluntad propia en esta vida “loca”, pero nunca pude acotumbrarme a su ritmo. La pasé bien, pero con el tiempo entendí que yo no era así y que ella fue bastante dominante para tenerme a su lado en todas sus aventuras.

Bueno, esas son las dos amigas dominantes que recuerdo, a una aún la sigo viendo, la otra ya no la toleré más. Dos polos opuestos que, sin embargo, lograron influenciar más de lo normal mi vida. Pero aprendí mucho, me considero una buena persona y pienso que estas experiencias me enseñaron lo que no debo hacer y cómo no debo comportarme. Realmente, no me gustaría llegar a ser ese tipo de partner.

Y tú, ¿has tenido alguna experiencia con una amiga dominante?

Foto CC vía wikimedia.org

Origen: Experiencias: tener una amiga dominante – Fucsia

Lo peor es cuando no se dan cuenta que les arruinaron la vida.

AB

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