“Esta comida no se la darías ni a los perros” | EL MUNDO

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CRISIS DE LOS REFUGIADOS

  • ALBERTO ROJAS
  • Enviado especial
  • Lesbos
  • @rojas1977

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Cuando cayeron las nevadas la pasada semana y sus tiendas de campaña quedaron sepultadas bajo la nieve, el Gobierno griego decidió aliviar su frío habilitando un barco de guerra, el ‘Lesvos’, como residencia durante los días más crudos del invierno. Al principio hablaron de meter allí a 500 personas, sobre todo familias con niños pequeños y otros refugiados vulnerables. Finalmente, los ‘agraciados’ fueron varios grupos de africanos, paquistaníes y bangladesíes. Unas 100 personas dentro de la panza de una barcaza como las usadas en los grandes desembarcos de la Segunda Guerra Mundial. En su interior han instalado literas y han conseguido que no haga frío, pero el problema es que no tiene letrinas, así que tienen que salir del barco para ir al servicio y cruzarse el puerto para ducharse.

Pero hay dos asuntos que les preocupan mucho más: el primero es la violencia con la que se les trata. Bertin es un camerunés que pide que le cambiemos el nombre por miedo a represalias. Dice que dos militares les han golpeado duramente por quejarse de la comida, la segunda gran cuestión. En los accesos al puerto se ha formado un motín de 20 africanos (procedentes de diferentes países pero muy organizados) para quejarse de esas actuaciones. Uno habla y los demás le jalean. Al final, su protesta rompe el silencio frío del puerto. En cuanto ven al periodista, lo abordan: “Apunta lo que tengo que decirte. Hay dos tipos ahí que te pegan constantemente. Son unos racistas. A un compañero se lo han llevado al hospital con un ojo morado de un golpe”, comenta. Dos jóvenes de una ONG documentan el incidente e intentan mediar entre ellos y los militares del barco. Recaban la información y se disponen a informar al capitán. “Nada cambiará porque no nos quieren aquí. Y la comida que te dan es basura. Siete días de la semana comiendo y cenando el mismo plato. Arroz y pollo, y eso cuando hay pollo“, comenta. Ferdinand, un gabonés, concluye: “¿Ves esos perros? No se comerían la comida que nos dan a nosotros”.

Varias organizaciones se han quejado de la violencia con la que tratan los guardacostas turcos y griegos a los refugiados. Pero esas quejas no van a ninguna parte. Existen incluso grabaciones que evidencian golpes en alta mar y devoluciones en caliente, prohibidas por la ley europea, pero las denuncias en tierra también aumentan. En el caso del ‘Lesvos’, su presencia ha supuesto que estos solicitantes de asilo no mueran de frío, pero las quejas y la falta de transparencia sobre lo que sucede en su interior (la burocracia griega disuade a cualquiera de llegar hasta el mismo ministro de Defensa para conseguir los permisos de visita) no ayuda a pensar que lo del barco de guerra no es sino otro parche más.

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