Que lo sepan todos: mi mamá y mi papá son únicos en el mundo

Dispuesto a escuchar

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Alguien como yo, de mi edad, estoy segurísima de que ha sentido esto alguna vez. Esos bajones que te dan la impresión de ser tan grandes que te hacen sentir que son infinitos, sobre todo cuando tu vida empieza a guiarse por otro camino, lejos de todo lo que más querés. Son esos momentos en los que tenés que enfrentar miles de cosas y en los que debés hacer un esfuerzo sobrehumano para seguir. O al menos es lo que sentís en esas situaciones. Y todo es tan complejo que a veces tampoco sabes cómo parar, cómo volver, cómo entender o cómo detenerte a pensar y mirar por sólo 5 minutos a tu alrededor. Todo pasa tan rápido que te angustia, te hace ceder ante la melancolía, pero sin embargo a la vez te hace dar cuenta de que estás ante una oportunidad para aprender y crecer. Por mi modo de ser, siempre pienso en cómo organizar todo, hasta el más mínimo de los detalles. Y eso, cuando tenés que aprender a vivir una nueva vida es todo un desafío. En particular si por esas cuestiones de la vida y de los procesos de crecimiento te toca hacerlo sola, sin estar de la mano de tu mamá, de tu papá, o de las personas que siempre estuvieron a tu alrededor para los buenos consejos o la ayuda solidaria.

Alguien como yo, tiene que buscar la forma de superar ese momento que algunos verán sencillo, pero yo lo vivo como una lucha contra la soledad, la angustia y los miedos a los que te enfrentás. De los que querés huir, porque sólo necesitás sentir esos abrazos, besos y mimos que como en tu casa familiar no vas a conseguir en ningún otro lugar.

Alguien como yo, en estos casos, sólo tiene ganas de encerrarse, acostarse y no levantarse más. De quedarse así para siempre, o sólo dejar de hacerlo si están mamá o papá, inclusive tu mascota, ya que dejarla es algo muy difícil de superar sin atravesar el dolor.

Alguien como yo, quien soñaba con crecer, crecer y crecer, irse lejos -sobre todo cuando querían enseñarme las lecciones de la vida-, vivir todo esto, sentirse en otro universo, en otro lugar, en un nuevo ‘’hogar’’; en dejar de jugar; en dejar de pasar sábados por la tarde durmiendo, tomando sol, helados, leyendo; en dejar de tener domingos de asado y ríos de mates; en no aguantar las ganas de que llegase la hora de poder intercambiar todo eso, y mucho más, por el deseo de construir oficialmente mi futuro y que todo conspire alrededor de libros, alrededor de sólo algunos días de mates, si es que se puede. Esas ansias de que a partir de ahora todo sea igual hasta que llegue mi punto final en algún momento.Es que no me daba cuenta que, realmente, estuve viviendo mi mejor etapa en todos estos años pasados. Tuvo que llegar ese día, ese único día en que todo cambió en mí para siempre, porque ya no hubo ni hay vuelta atrás. Nunca más.

Alguien como yo, creía que todo lo que había a mi alcance no era nada, cuando en realidad lo era todo. Lo tuve todo. Ymás, mucho más de lo que necesitaba, sin dar nada a cambio, sin agradecer y sobre todo sin aprovechar como debía ser tanta felicidad.

Alguien como yo, quien se olvidó de amar, de querer y de ver la vida como algo hermoso, no se daba cuenta que eran momentos tan lindos que no volverían. Alguien como yo, que alguna vez quiso que el tiempo pasara raudo para ingresar en otra etapa de la vida, comprende hoy que hay que disfrutar a pleno cada segundo de la niñez, sin reproches, feliz, feliz, porque amor, amigos, una familia entera y una vida súper sana nunca me faltaron. Alguien como yo, quiere volver a transcurrir esa hermosa adolescencia sólo para aferrarte a ella y sentir y desear que no pase nunca. Hasta que llegó el día en que tuve mi diploma en mano y es en ese instante en que te das cuenta qué rápido pasa todo, que fugaces son los momentos de la vida. Y comprendés qué mal usamos ese tiempo que transcurre tan veloz. Más que nada en esas cosas pequeñas que sólo querés que vuelvan a suceder siempre como antes: los abrazos y besos de papá en la frente, sus “te amo” de todos los días cada vez que te llevaba y te dejaba en la puerta del colegio. O sus ‘’buenas noches, que Dios te bendiga’’.O aquéllos sábados a la tarde con mamá, sus retos, sus llantos, gritos, alegrías y consejos porque nadie, nadie te entiende como ella. Sobre todo lo que significó en cada evento que para vos era importante, verla ahí, en primera fila, con los ojos llenos de lágrimas porque cada uno de esos momentos eran otro motivo de ella para sonreír. Porque eras y sos su orgullo, sobre todo si creciste y pudiste satisfacerla o responderle. Y devolverle cada segundo de su vida que gastó en vos. Sé que no me va a alcanzar la vida para retribuirle tanto y tanto, porque ella es única, porque ellos, mamá y papá, son únicos en el mundo. Que lo sepan todos.

Por eso alguien como yo, lectores, se anima a decirles: vivan, vivan el hoy , disfruten, sientan, mediten, reflexionen, amen, sean felices, vean, abran los ojos ante lo que tienen, que les aseguro que todo está en sus manos. Están en la mejor etapa, donde son libres de hacer, soñar y vivir lo que deseen.

No es a los 18 años cuando sos ‘’independiente’’ .Pero es cuando estás aferrado a tener que “empezar a ser lo que vas a ser por siempre” y nada se basa más que en eso, pero en cambio hasta hace un año atrás podes vivir tranquilamente sabiendo que alguien te va a cuidar y que nunca nada malo te va a pasar… Alguien como yo quiere volver, volver, volver y quedarse así para siempre… Alguien como yo sólo busca la manera de poder agradecer todo lo que obtuvo, pero ya aquel tiempo tan hermoso pasó y nunca más va a poder ser. ¡Gracias, mamá y papá, eternas gracias por todo!

Quiero que sepan, y lo hago a través de esta carta pública, que sin ustedes hoy no hubiese podido darme cuenta de lo maravillosa que es mi vida, y de lo mucho que me queda por aprender en este vuelo que hoy emprendo sola. Sepan que los amo con todo mi corazón.

María Sol Maldonado

solmaldonado98@hotmail.com

SAN PEDRO, PCIA DE CORDOBA

Saber irse con gratitud de la casa familiar

María Sol cuenta su experiencia a borbotones. Se le atropellan las imágenes, los recuerdos, las emociones. Siente pena, gratitud, también la convicción de que es una etapa de la vida que atraviesa no sin costos personales y que, de ahora en más, será parte del patrimonio de su propia nostalgia. Aun así tiene una certeza:ya no hay posibilidad de vuelta atrás. El crecimiento, además de experiencia, desafío, incertidumbre, a veces también es una cuota de inevitable dolor. Quizá por eso su carta refleje cierta ternura. Como ella misma dice, otros pueden no compartir sus ánimos porque viven ese proceso del alejamiento del hogar originario como una situación menos tensa. Y hasta con la alegría de un a aventura nueva y de ilusiones frescas. María Sol no tiene reparos en decir que ha vivido junto a sus padres y su familia momentos de inmensa felicidad. Y quiere agradecer en público y por escrito todo el amor que recibió. Cumplido está.

Origen: Que lo sepan todos: mi mamá y mi papá son únicos en el mundo

No todos los hijos se van de casa de sus padres en buena relación ,algunos jamas reconocen errores ,no piden perdón y lo peor forman una familia pero sus hijos nunca saben la verdad,viven aislados y cuando son mas grandes pueden preguntar el porque.Los unicos que pueden responder son sus padres.

AB

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