Cuba: paraíso de ‘disparadores’ – HispanoPost

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Llamémosle Fermín. Perdió un futuro promisorio como alero de baloncesto y sus padres se mudaron dos veces de barrio, para alejar la vergüenza que les provocaba escuchar a vecinas armar escándalos o maridos iracundos agredir con machete o un bate de béisbol a su hijo.

La primera vez que visitó la cárcel fue con 17 años. Se apostaba a la salida de una secundaría y se masturbaba descaradamente al paso de las colegialas. Una tarde cualquiera, desde una azotea, fisgoneaba a una joven que posteriormente lo acusó a la policía.

Estuvo en un correccional durante doce meses por abuso lascivo. Fue expulsado de la escuela de deporte y la selección nacional juvenil de baloncesto perdió probablemente a uno de sus mejores prospectos, que con sus dos metros y un estilo parecido al del mítico Kareem Abdul Jabbar cuando tiraba el gancho al canasto.

Luego su vida fue cuesta abajo. Bebía demasiado ron y comía poco. De las siete veces que ha estado preso, seis han sido por masturbarse en la calle. Con 55 años intenta cambiar, pero no puede. Ha perdido a sus mejores amigos y es el enemigo público número uno de las mujeres en el municipio Diez de Octubre.

Lo han llevado al psiquiatra para controlar sus excesos. Pero cuando su reloj de placer biológico lo convoca, vuelve a un parque o una escuela de adolescentes, a masturbase al caer la noche.

“Es algo que no puedo evitar. Y no es por falta de mujeres, pues cada vez que he ido preso por exhibición impúdica o abuso lascivo, he estado viviendo con una jevita. Claro, que cuando se enteran me dejan. Pero siento un morbo incontrolable rayándome una paja mientras me miran”, confiesa afligido en una mañana soleada de febrero.

Según Fermín, sus impulsos jamás lo han llevado a la violación. “Ni siquiera lo he pensado. Pero me excito muchísimo cuando veo una muchacha con uniforme escolar o un short que enseñe las nalgas”.

La prensa oficial últimamente ha publicado sobre el aumento de masturbadores públicos en la Isla.

Raisa, maestra, afirma que “están a cualquier hora y en cualquier parte. Son un ejército. No entiendo, con lo fácil que es ligar una mujer en Cuba. Son unos descerebrados. Cuando voy por la mañana a la escuela siempre me choco con dos o tres pajusos. A todos les gusta enseñar la pinga, para que vean que la tienen grande”.

Midalis, estudiante universitaria, dice que los sitios predilectos de los “tiradores son las calles oscuras, las salas de cines, escaleras de edificios o lugares descampados. Por Zapata y G, por la parte posterior del antiguo Castillo del Príncipe (desde 1926 hasta 1974 fue la Prisión de La Habana), hay un montón de pajeros. Se suben hasta encima de los árboles. Y si te descuidas, te echan el semen arriba. Una noche me cayó aquella cosa, y yo pensé que era la cagada de un pájaro, pero no, era esperma, qué asco”.

En Cuba a los masturbadores les llaman disparadores, pajusos, pajeros o tiradores.

Joel, oficial de la policía, cuenta que “cada noche a la unidad llega un burujón de tiradores. Si no son reincidentes, le ponemos una multa de 60 pesos, nunca van presos. Si el tipo es un enfermo mental, entonces se procesa. Pero con las cárceles llenas, si no tienen antecedentes penales casi siempre se libran de la prisión. La verdad es que las leyes contra los masturbadores callejeros son bastante flojas”.

Carlos, sociólogo, considera que la prohibición de revistas y filmes pornográficos, además de la ilegalidad de bayúes o casas de citas con prostitutas, provocan desmedida lujuria en un segmento masculino de la población.

“Al no existir prostíbulos, líneas telefónicas calientes ni publicaciones pornográficas, el morbo aumenta. Todo lo prohibido llama la atención. En Cuba existe una sexualidad reprimida. Un masturbador público no es un demente. Los hay con problemas mentales, pero generalmente son hombres instruidos, inclusive por encima de la media. No es un fenómeno típico de Cuba. Una vez leí que a un filósofo excepcional como Rosseau, se masturbaba por las noches en los parques de Zürich”.

Johanna, jinetera, aclara que los disparadores siempre son hombres. “Nunca he visto a una mujer rayándose una paja en la vía pública. Es una plaga, por donde quiera puedes ver a un tipo frotándose el tolete en cualquier lugar. No les importa si uno va con un niño pequeño. Son unos descarados. Tal vez sean impotentes, pues con la cantidad de putas que hay en la calle, no sé por qué tienen que estar masturbándose. En una ocasión, a uno le grité: Ven, vamos a hacer el amor para que se te quite esa manía, y el tipo se echó a correr”.

Daniel, músico amateurs, señala que también hay disparadoras hembras. “Te cuento lo que me pasó en una guagua super llena. Una mujer, madura ella, me frotaba sus partes con mi mano. La tipa estaba caliente a más no dar. Otra vez, en un parque del Vedado vi a una joven metiéndose los dedos por debajo de la saya.”

Una recomendación a turistas extranjeras: si visita Cuba y le silban en la oscuridad, no tema, no es una banda de asaltantes con armas de fuego. Es un disparador criollo buscando placer con su mano.

Origen: Cuba: paraíso de ‘disparadores’ – HispanoPost

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