Nuestro hijo, Fernando, no pudo con la droga…

El comentario. Mucho más que la angustia de dos padres mayores

 

Osvaldo Pepe

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Todos lo conocieron, saben que Fernando no aceptaba un “no” con facilidad, era un espíritu libre, ingobernable, único e irrepetible. Tenía una sensibilidad superior: desde muy chiquito fue tremendamente intuitivo, era imposible engañarlo. Ni en las cosas más simples ni en los juegos ni en la comida. Odiaba los lácteos y no le caían bien, e identificaba cualquier comida que los contenía.

A su negocio le puso su nombre, el representativo “Freedom” (Libertad). Amaba la libertad, estaba en su esencia, en su espíritu. Nada tiene de malo ser una persona común, simple y sencilla. Pero Fernando Rául no se conformaba con eso, quería ser libre de toda atadura y luchó con el mundo para obtener eso que era lo que más le interesaba: ser libre. Y se fue como un ave silvestre, libre para siempre como él quería.

Para nosotros sus padres, la bala que lo mató a él también lo hizo con nosotros: el mundo no es igual que cuando él estaba, nada tiene el mismo gusto ni el mismo sentido ni la importancia que antes les dábamos a las cosas o acontecimientos que sucedían. Su presencia es tan fuerte, está tan arraigada en nuestra alma, tan profundamente incrustada en nuestra memoria, que oímos su voz, escuchamos sus pasos y vemos su figura con sólo cerrar los ojos.

Esperamos que lo recuerden como una buena persona y un buen amigo. Hoy mando esta carta, no quiero mi nombre en ella, porque nos conoce mucha gente y ésta la escribió mi marido, y desconoce que la envío.

Mi hijo se suicidó por todas las drogas y bebidas que nosotros no aprobábamos, yo siempre le decía como mamá: “Fer porqué tomás tanto y consumís” . Al final, él no pudo con la droga. Después de ver y oír en su momento lo de Costa Salguero me animé a escribir esta carta porque me duele en el alma. Tengo un puñal clavado en el corazón, pero lo cierto es que él no nos hacía caso para nada. Lo tenía todo, pero no le importaba nada, tocaba la guitarra un fenómeno y siempre iba a todos los recitales habidos y por haber. Ahí fue su maldición y nosotros al principio no nos dábamos cuenta, nosotros siempre fuimos buenos padres. Hace dos años que sucedió y no lo podemos superar, le pido a Dios y a él que me perdone, si alguna vez lo retaba, todos los días pensamos en él. Ahora nos quedamos solos: yo tengo 70 años y mi esposo 75, estamos destrozados, no hay un día que no pase llorando. Si quieren publicar esta carta bien, si no gracias de todos modos.

C. B.

N. de la R. : La lectora pidió resguardo de identidad, lo que fue aceptada. Se trata de un testimonio que hace a derechos personalísimos relativos a su privacidad, que cuentan con protección constitucional.Más allá de esa cuestión del ordenamiento legal, se acepta su solicitud en solidaridad y respeto con su intransferible sufrimiento de madre.

Mucho más que la angustia de dos padres mayores

Dramático testimonio de una madre atravesada por la pena y la angustia ante la muerte de un hijo, acorralado por las adicciones de un coctel fatal. Alcohol y drogas terminaron con la vida de “Fernando” hace dos años. Y sus padres, ya mayores, no pueden asumir la tragedia. Hasta se diría que conviven con el tormento interior de no haber podido persuadir al hijo. Es que un adicto no discierne, su enfermedad se lo impide. Elige el camino de la autodestrucción.

El caso individual, el drama profundo de esta familia, se vive a diario en la Argentina. En los segmentos sociales más bajos, el paco estraga las neuronas y quema con urgencia las vidas de los pibes agobiados por la pobreza. Según la Sedronar, en las villas los chicos se inician en el consumo a los 10 años en promedio. La droga también mata en los sectores medios y medios altos, como ocurre en las rave: en Costa Salguero cinco vidas jóvenes fueron segadas y recientemente otras dos en Santa Fe. El Gobierno lanzó ampulosamente un plan antidrogas con consenso opositor. Sólo un anuncio. Todos sabemos que el narcotráfico ya no se irá del país. Es un negocio que comercia con la muerte. Y que deja historias tristes, como la de hoy: una tristeza de la que algunos no pueden volver.

Origen: Nuestro hijo, Fernando, no pudo con la droga…

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