Detectan una nueva forma de traficar el éxtasis: mulas lo traen dentro de su cuerpo

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La modalidad de ingesta solía estar reservada sólo a la cocaína. Desde noviembre detectaron 6 casos de personas que llegaron al país encapsuladas con hasta un kilo de éxtasis en polvo. La producción termina aquí: se manufacturan  las pastillas.

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Archivo-Clarin

Virginia Messi

Un ciudadano de Surinam de 35 años, dibujante de planos para la construcción; un alemán de 30 años, con un pasado de chico de la calle y un presente de cocinero profesional frustrado; un italiano de 46, desesperado luego de perder su trabajo en una carnicería de Roma; un holandés de 47, guardia de seguridad, al que delataron un frasco de vaselina y un blister de un medicamento antidiarreico. Cuatro perfiles para un nuevo fenómeno narco: la importación de éxtasis desde Europa a través de mulas que viajan “ingestadas” con hasta un kilo de polvo de MDMA repartido en capsulas de 10 gramos cada una.

Los casos -seis en total desde noviembre último, según estadísticas oficiales de la Aduana a las que accedió Clarín- son inéditos, muy recientes y necesariamente implican que la manufactura de las pastillas -previa mezcla con sustancias de corte- se realiza en nuestro país.

El primer caso se detectó el 14 de noviembre del año pasado con un pasajero que acababa de llegar a Ezeiza desde España en un vuelo de Iberia: el holandés Rodney Sabajo Clement fue detenido cuando intentaba entrar al país con 910 gramos de polvo de éxtasis dentro de sus intestinos. El último caso ocurrió apenas el domingo pasado y tuvo como protagonista a un alemán proveniente de Bruselas. Según le dijo en su indagatoria Sebastian Regh al juez en lo Penal Económico Marcelo Aguinsky, a cargo de la investigación, tiempo antes ya había purgado una condena en Perú por la tenencia de cinco kilos de cocaína y la pobreza lo había empujado nuevamente al peligroso mundo de las “mulas” del narcotráfico.

Huérfano y abandonado por su familia adoptiva, Regh se crió en institutos de menores. Pese a hablar tres idiomas (español, inglés y alemán) y a una carrera de cocinero que le demandó tres años de estudio, actualmente vivía tirado en las calles de Frankfurt. “No tenía opción. No tenía nada para comer, para sobrevivir. Ni una habitación. Comía lo que me daban en la calle”, argumentó el alemán que, tras ser detenido en el aeropuerto internacional fue trasladado al Hospital de Ezeiza, donde expulsó 42 cápsulas llenas de éxtasis en polvo. En total de su cuerpo salieron 560 gramos de MDMA; 160 de ellos habían cruzado el océano Atlántico en su ano, dentro de un profiláctico. El resto de la droga la había ingerido.

Aguinsky -quien un día antes había intervenido en la detención de una pareja colombiana que llevaba en una valija con doble fondo 21 kilos de éxtasis de España hacia Chile, haciendo escala en Buenos Aires- acusó formalmente al alemán de contrabando de estupefacientes y tomó debida nota de lo atípico del caso.

Hasta hace apenas unos meses las mulas “ingestadas” transportaban pura y exclusivamente cocaína. Ahora, de la mano del boom de las drogas de diseño (su secuestro se sextuplicó en la Argentina en 2016 en relación a 2015), el negocio del éxtasis copó también esta modalidad.

“Estos casos comenzaron en noviembre y combinan una modalidad vieja como la ‘ingesta’ de cápsulas con el contrabando de éxtasis en polvo. Nunca antes lo habíamos visto”, aseguró a Clarín el fiscal en lo Penal Económico Emilio Gerberoff, quien estuvo de turno con el juez en lo penal Económico Ezequiel Berón de Astrada la primera quincena de diciembre e intervino en dos casos de mulas ingestadas con éxtasis.

Nacido en Suriman en 1981, Germo Marino Grot llegó a la Argentina desde su país el 3 de diciembre en un vuelo de Aerolíneas Argentinas. Como solo hablaba neerlandés, hizo falta llamar a una traductora para garantizar su derecho a la legítima defensa. Así Grot contó que en su país ganaba unos 500 dólares mensuales como dibujante de planos de contrucción, pero no quiso dar detalles de cómo había llegado a ingerir 517 gramos de éxtasis repartidos en 47 cápsulas.

Diez días después de esta detención, sobre la medianoche del 13 de diciembre, cayó también en Ezeiza el italiano Stefano Coccioletta, quien había llegado en un vuelo de Iberia desde Bruselas.

Según la información oficial, a los inspectores de Aduana les llamó la atención “el estado de nerviosismo del pasajero, la incongruencia con la que contestaba las preguntas de rigor, el desconocimiento de los lugares que visitaría, la circunstancia de que la compra del pasaje se efectuara recientemente, en fecha 6 de diciembre de 2016, y el hecho de que se hallaran entre otros elementos de su pertenencia un blister con dos pastillas de un medicamento antidiarreico (se usa para evitar expulsar la droga antes de llegar a destino)”.

Según pudo saber Clarín, en general los inspectores cuentan con una ayudita de las aerolíneas, que les marcan a los pasajeros que, pese a lo largo del viaje, se niegan a comer.

El 15 de diciembre cambiaron los turnos judiciales, pero las mulas “ingestadas” con éxtasis (la droga preferida para el consumo veraniego) no se detuvieron. El holandés Lando Alia quedó detenido en el Aeropuerto de Ezeiza entre Navidad y Año Nuevo. Sus nervios, un medicamento antidiarreico que le hallaron y un frasco de vaselina lo llevaron directo al “Body Scan” (escáner corporal). Horas después expulsó 92 cápsulas llenas de polvo de MDMA. Un total de 868 gramos.

“El éxtasis está entrando por todos lados. Se han realizado secuestros en la frontera norte, en la frontera con Chile y sobre todo en el puente fluvial con Uruguay. El origen suele ser Holanda, productor número uno de drogas sintéticas. Si entra en polvo es porque acá la cortan, hacen las pastillas con una prensa y le ponen el sello que quieren. El consumidor no tiene idea de lo que compra”, sintetizó Diego Iglesias, titular de la Procuración de Narcocriminalidad (PROCUNAR).

Con cada pastillita en el mercado a un precio de entre 200 y 600 pesos, el negocio de las drogas de diseño (con el éxtasis a la cabeza) copa clientes, espacios y hasta modalidades que parecían reservadas a la cocaína.

Origen: Detectan una nueva forma de traficar el éxtasis: mulas lo traen dentro de su cuerpo

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