De qué sirven las peleas – Bernardo Stamateas

el

Las discusiones son normales, son parte de la vida y tienen que ver con la descarga de la tensión, las perspectivas y los intereses distintos. Todo esto muchas veces genera tensiones con los demás. El tema es muy amplio, pero veremos aquí cómo atraviesa distintas situaciones:

1. Peleado con mi historia

En ocasiones miramos hacia atrás y nos damos cuenta de que hubo cosas que no vivimos o no recibimos. Logramos reparar nuestra historia, “amigarnos”, cuando podemos construir para otros lo que a nosotros nos hubiese gustado disfrutar. Por ejemplo: no tuve el papá que me hubiese gustado tener pero puedo reparar eso siendo yo ese papá para mi hijo. La reparación es posible desde un lugar adulto. El lugar infantil es: “Yo no lo tuve y me hubiese gustado tenerlo, por eso te lo doy, disfrutalo”. Aquí reparo desde la melancolía. El lugar adulto es: “Yo no lo tuve, qué bueno que vos lo puedas tener, quiero hacerlo para que vos lo disfrutes”. El foco está en el otro y no en uno. En muchos casos, lo que no recibimos en el pasado nos convirtió en las personas que somos hoy. Gracias a eso que no tuvimos, pudimos desarrollar el don de ayudar a otros, de crecer, de avanzar, etc.

2. Peleas en la pareja

Cuando peleamos feo, ¿cómo seguimos? Luego de una discusión desagradable es importante que la pareja pueda reconocer que ambos han cometido un error, que ambos tienen razón y, a la vez, no (porque cada uno lo ve desde su perspectiva) y que necesitan fortalecer el vínculo. Hay que poner pausa a la pelea y decir: “Algo hicimos mal, cada uno tiene razón desde su punto de vista”, pero deben tener en claro que se aman, que están juntos y que son un equipo. La pelea nunca debe construir el vínculo, éste siempre debe ser fuerte para que desde el amor se pueda buscar una solución a las diferencias. En toda pelea de pareja ambos deberían buscar una solución y ninguno debería asumir la posición infantil de: “Yo tengo razón y vos estás equivocado”.

3. Peleas con los hijos

Cuando un papá discute con el hijo y no le habla o lo castiga se coloca a la altura del chico y pierde la pelea. El hijo se somete por miedo, no por autoridad. Cuando un padre se siente impotente, no sabe cómo actuar y recurre al golpe o al insulto siempre pierde. Como dice el dicho popular: “El que se enoja pierde”. En realidad, como ya perdió, se enoja. El estallido de ira es la demostración de la impotencia y de la incapacidad de resolver un problema. La autoridad se construye por amor y cariño, no por temor.

4. Peleas con los padres

Algunos hijos están peleados con sus padres porque trabajaron mucho e hicieron tal o cual cosa, pero en el fondo eso enmascara el hecho de que no se sintieron queridos, no recibieron cariño de parte de ellos. “Honrar al padre y a la madre” significa reconocer la experiencia que nos transmitieron y usarla para seguir creciendo. Si nuestros padres fueron complejos, difíciles, tenemos que tomar eso para no repetirlo en nuestra historia. Nosotros podemos construir algo distinto, conscientes de que tenemos la libertad para no repetir el modelo de ellos. Leer el contexto no significa justificarlos pero nos permite disminuir el enojo y la culpa que podemos sentir. Aceptar lo sucedido nos libera para poder construir hacia adelante nuestro propio modelo.

5. Peleado con mis críticos

Hay gente que aporta su visión con la intencionalidad de ayudarnos. Esta debería ser escuchada y meditada. Pero hay gente que critica con saña porque quiere hacernos sentir impotentes y demostrarnos así que no tenemos los recursos emocionales y terminamos explotando. Algunas personas hablan mal de otros para decir pasivamente: “Yo soy mejor que vos”. Como no son lo suficientemente narcisistas como para expresarlo, critican a los demás. A todo el que nos quiera hacer sentir impotente tenemos que dejarlo en ese lugar, mostrándole que lo que nos dice no nos afecta. Sencillamente hay que ignorarlo y dejar que la prueba del tiempo revele la realidad.

6. Peleado por lo que otro hizo

En terapia familiar se habla de “embrollo emocional” y éste consiste en una pareja peleada cuyo hijo se identifica y se mete en la pelea, aliándose con el más débil. Por ejemplo, un hijo puede hacer alianza con la mamá en contra del papá, o una mujer con su mamá en contra del marido. Meterse en peleas ajenas produce un gran desgaste emocional y provoca conflictos a largo plazo.

Para evitar las peleas tóxicas, necesitamos expresar lo que nos sucede en un clima de paz, sin perder el respeto mutuo y sabiendo que nadie tiene la razón completa. Tenemos que procurar ver al otro no como alguien a quien ganarle, sino como un aliado con quien podemos crecer juntos.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

Origen: De qué sirven las peleas – 16.03.2017 – LA NACION

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s