Itatí, el pueblo donde todos son ciegos, sordos y mudos para no tener problemas

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Corrientes

El martes fueron detenidos por tráfico de drogas el intendente, el viceintendente y otra veintena de personas, entre las que había policías y gendarmes. “Acá se sabía todo”, explican.

Ernesto Azarkevich

Itatí, el pueblo donde todos son ciegos, sordos y mudos para no tener problemas

Corrientes, Itati. FOTO BLAS MARTINEZ

“Esto no es Medellín”, se apura en aclarar un vecino de Itatí, Corrientes, el pueblo que busca recuperar la calma tras la detención del intendente, su vice y otra veintena de personas que integraban una poderosa organización dedicada al narcotráfico en gran escala. En uno de los comedores cercanos a la Basílica, advierten que para ellos los dorados y surubíes son parte del menú diario, más allá de que la banda haya usado a los emblemáticos peces de la zona para calificar la calidad de la marihuana que contrabandeaban desde Paraguay.

A una semana del megaoperativo que permitió desbaratar a esta banda dedicada a proveer de marihuana a por lo menos a siete provincias argentinas, el miedo sigue reinando entre los pobladores de Itatí. Son pocos los que salen a defender al detenido intendente Natividad “Roger” Terán y la mayoría opta por el silencio. “Acá si no querés tener problemas tenés que ser ciego, sordo y mudo”, lanza uno de los puesteros instalados a pocos metros de la imponente Basílica.

En Itatí el tiempo parece haberse detenido. Nadie sabe bien cuándo ni porqué, el pueblo que vive del turismo religioso dejó de crecer. “Acá no hay laburo”, se queja Juan, mientras apura los últimos bocados de la pequeña boga que pescó un rato antes y rápidamente convirtió en almuerzo con apenas un poco de sal y un limón. “El río te salva, nunca te deja con hambre”, explica, mientras una sonrisa -en realidad una mueca- se dibuja en su curtido rostro.

Itatí, el pueblo donde todos son ciegos, sordos y mudos para no tener problemas

Corrientes, Itati. FOTO BLAS MARTINEZ

“Hasta hace poco trabajaba como ayudante en una carnicería, pero me pagaban 800 pesos por semana y renuncié. Prefiero salir a buscar changas”, cuenta. Pero admite que ni siquiera esos conchabos temporarios abundan en el pueblo.

Juan se incorpora rápidamente y corre hacia unas piedras, en la orilla del río. Un pique en la caña lo saca de sus cavilaciones con la velocidad de un rayo. Sabe que en ese sutil, apenas visible temblor de la delgada caña de pescar está su oportunidad de resolver la cena. Poco importa que se repita el menú del mediodía.

A pocas cuadras de ese río que los narcos usaban para cruzar la marihuana, un millar de puesteros se aburren en sus precarios locales donde las imágenes de la Virgen de Itatí se mezclan con las de otros santos, cañas de pescar, baratijas, mates de porongo y guampa. Saben que es un mal día, que son pocos los turistas que ingresaron a la Basílica y probablemente deban volver a sus casas con los bolsillos vacíos. “Con esto se sobrevive no más, pero otra cosa no hay para hacer en el pueblo”, asegura Pablo, mientras intenta convencer a un cliente de las bondades de una de las cañas de pescar que tiene a la venta. “En los alrededores de la Basílica hay más de mil puestos”, explica. “En temporada baja la Municipalidad nos cobra 100 pesos de impuesto por mes, pero en julio, septiembre y diciembre, cuando llegan los devotos de la Virgen, el canon es de 800 pesos por semana”, apunta. En Itatí la Municipalidad es socia de los puesteros pero sólo en las ganancias.

Itatí, el pueblo donde todos son ciegos, sordos y mudos para no tener problemas

Corrientes, Itati. FOTO BLAS MARTINEZ

Una mujer que hace más de una década vende artesanías y réplicas de la Virgen de Itatí rompe el silencio. “Acá todo se sabe pero olvidate, nadie te va a contar nada. En un pueblo chico nadie va a abrir la boca”, advierte.

“Cuando mis viejos se compraron un auto, me hicieron llegar la propuesta de llevar ‘pasto’ hasta Ramada Paso o la ciudad de Corrientes. Así, con esa tranquilidad se manejaban”, subraya la mujer. Y repite: “Acá se sabía todo. No puede ser que en diez años de trabajo yo sólo me pude comprar una motito y algunos personajes del pueblo cambian de auto como si fuera de calzón”, se indigna. Lo mismo les pasa a la mayoría de sus 7.000 vecinos.

“Nosotros estamos todo el día acá, pero se sabe que el intendente Terán iba siempre al casino en Corrientes. Acá vive en una casa modesta, pero compró dos propiedades en la costa del río y las estaba modificando”, señala, sin dar mayores precisiones.

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En Itatí las motos son el principal medio de movilidad. Las usan incluso los adolescentes y es raro ver algún casco. A la salida de la Escuela Pedro Bonastre, una madre acomoda en la parte de atrás de su Honda Biz a sus dos hijos, al tiempo que sostiene a un bebé de un año sobre su rodilla izquierda. Así emprende el regreso a su casa, mientras un inspector de tránsito intenta -con poco éxito- imponer un poco de orden en el torbellino de motociclistas.

Itatí, el pueblo donde todos son ciegos, sordos y mudos para no tener problemas

Corrientes, Itati. FOTO BLAS MARTINEZ

Los siete sacerdotes de la Congregación Don Orione que están en la Basílica hicieron un pacto de silencio. “Si querés hablar con el padre Derlis, entrá a confesarte”, sugiere una de sus colaboradoras. Poco después, el religioso acepta la charla en el imponente templo. “Es mentira que estamos con miedo. Nosotros, después de cenar, caminamos por el pueblo sin problemas. Estamos felices de estar trabando acá”, insiste Derlis, que nació del otro lado del río, en territorio paraguayo. Pero admite que en Itatí muchos vecinos tendrían problemas para justificar su crecimiento patrimonial.

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“A nosotros nos duele que nos califiquen de pueblo narco, porque acá hay mucha gente honesta que no se prende en este tipo de cosas”, se queja la encargada de una parrilla al paso mientras observa la calle en busca de algún feligrés dispuesto a saborear una tira de asado o una porción de dorado.

Tras el megaoperativo ordenado por el juez federal Sergio Torres, el pueblo busca recuperar la calma. Ya sin los narcos, quizás la tarea sea más sencilla.

 

 

Origen: Itatí, el pueblo donde todos son ciegos, sordos y mudos para no tener problemas

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