Consumo anti shopping: las chicas que solo compran ropa usada

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Recorren ferias o tiendas online y prefieren los diseños de los 80 y 90. Los motivos que las impulsan van desde tener prendas únicas hasta generar menos desperdicios y renovar más seguido el guardarropa.

Consumo anti shopping: las chicas que solo compran ropa usada
Ropa usada/ Sofía Blanco Melisa Miceli y Lucila Schlotthauer. Foto: Gerardo DellOro
Luciana Fava

      Luciana Fava

Camisas estrenadas hace más de veinte años, vestidos con una estética inconfundible de los 80 o los 90, o jeans y sacos que estuvieron largo tiempo olvidados en un placard desconocido.

Cualquiera de estas prendas puede ser un objeto de deseo para las jóvenes de veintipico que evitan a más no poder las prendas sin una postura previa y que prefieren, en cambio, la ropa de segunda mano, comprada en ferias itinerantes que llegan a convocar en un día a 500 personas y en páginas de facebook especialmente identificadas. Para ellas (aunque hay también algunos hombres en este circuito), cuanta más identificación refleje determinada prenda con el pasado, mayor será la tentación de tenerla.

Sofía Blanco, de 22 años, sigue a rajatabla esta filosofía. Hasta sus quince años elegía únicamente la ropa de la marca que estuviera en auge. “En un momento me di cuenta que quería tener mi propio estilo y destacarme por eso y no por lo que me impusieran otros”, agrega.

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Consumo anti shopping: las chicas que solo compran ropa usada

Sofía Blanco. Foto: Gerardo DellOro

A partir de ahí comenzó a circular por ferias americanas y lugares de compra-venta de usados y, en poco tiempo su fanatismo llegó a tal punto, que a esa edad, asegura, dejó por completo de comprar prendas nuevas.

En este tiempo, una de las pocas veces que rompió su regla (que, desde ya, no incluye la ropa interior) fue en el último verano. “Tuve desde los quince años unas botitas de lona y ya no daban más. Busqué un montón, no las conseguí usadas y tuve que ir al negocio oficial de la marca”, aclara.

Además, armó su propio showroom y tiene su página de facebook de venta de ropa vintage, con más de 4.000 seguidoras, de entre 15 y 30 años. “Me identifico especialmente con los 90. Pero tengo también prendas de otras décadas”, agrega.

El por qué de su adhesión a esta movida: “creo que es directamente un robo lo que venden en los locales y no tiene sentido pagar ese precio. Por otro lado, me gusta que cada una encuentre su estilo”, agrega.

Lucila Schlotthauer -de 23 años y estudiante de marketing- también le huye al shopping. “Creo que la vestimenta tiene un ciclo de vida mucho más largo que el que estamos acostumbrados a darle”, explica. Por eso, reivindica la segunda vuelta de los diseños que quedaron fuera de época. “De esta forma, tampoco se producen desperdicios y es una oposición a las condiciones de trabajo de algunas textiles. Porque, aunque es cierto que no sabemos cómo fueron realizadas esas prendas, estamos extendiendo su utildad”, completa.

Consumo anti shopping: las chicas que solo compran ropa usada

Lucila Schlotthauer. Foto: Gerardo DellOro

Sus opciones preferidas, para vestirse y para armar los percheros de los stands de las ferias donde participa y su catálogo en facebook, son las camisas y vestidos estampados y los jeans de tiro alto originales de los 80 y 90, especialmente con etiquetas y otros detalles que delaten su año de confección y de marcas que ya no están en la escena local. “La calidad de las telas utilizadas no tiene comparación a las de una prenda actual”, sintetiza.

El presupuesto también puede pesar, y mucho, a la hora de adherir a la movida vintage. En el caso de Melisa Miceli, fanática de las camisas y vestidos, fue un punto decisivo. “Me pareció una forma posible y accesible de renovar mi placar. Por el valor de una sola prenda nueva, puedo comprar cuatro usadas”, explica esta estudiante de arquitectura, de 22 años.

 

Consumo anti shopping: las chicas que solo compran ropa usada

Melisa Miceli. Foto: Gerardo DellOro

¿Cuáles son los precios que se manejan? En en feria, dice, un vestido puede costar entre $ 200 y $ 280, mientras que los jeans de las marcas más buscadas van desde $ 300 hasta $ 350.

El plus, agrega, es que “podés encontrar prendas únicas y no te vas a cruzar con otra chica vestida igual”.

“Por ahora, es una moda. Pero ojalá sirva como impulso para cambiar algo de las reglas de consumo y que ayude a generar consciencia sobre la importancia de darle otro uso a lo que tenemos”, concluye Lucila.

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Origen: Consumo anti shopping: las chicas que solo compran ropa usada

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