Do it yourself en las favelas de Río: autogestión entre fusiles

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Desde la construcción de las casas hasta un espacio de co-working, pasando por la educación y el periodismo comunitario, las barriadas más pobres de Brasil son un reguero de creatividad y cooperación ante la adversidad y la violencia generada por narcotraficantes y policías

*Favelas de Río antes de los JJ OO de 2016/ Getty

El mototaxista avisa en medio del trayecto: “Quítate el casco”. Y después: “Ahora póntelo de nuevo”. “Quítatelo otra vez”.

Te lo quitas porque te tienen que reconocer los narcotraficantes, apoyados en diversas esquinas de la calle, sin camiseta abrasados por el calor, pegados al móvil pero con un ojo puesto en ver quién pasa por los callejones destartalados que controlan. Y el enorme fusil, claro, recostado sobre el muro a pocos metros de cada uno de ellos y del mototaxi que nos lleva a la favela.

En la pared están pintadas las siglas del Comando Vermelho (CV), facción del tráfico que domina la región de favelas del Complejo de Alemao, en Río de Janeiro, donde nos encontramos. Otras avisan: “Prohibida la entrada de la policía”. O sea, prohibida la ley.

Te pones de nuevo el casco por si te ve la policía, ya que a escasos diez metros de los ‘narcos’ hay una pequeña garita blindada cercada de una barricada improvisada. No hay letras que lo indiquen, pero el mototaxista explica: “Ahí dentro está la policía. No salen en toda la jornada de trabajo porque si lo hacen, la bala ‘come’”.

Más tarde te enteras de que pocas horas antes de tu paso fugaz con mototaxi por las calles a medio asfaltar ha habido un breve tiroteo en ese mismo sitio.

La razón: un helicóptero de la policía sobrevolaba la favela para dirigirse a unos cinco kilómetros de allí, donde un agente de la policía acababa de matar horas antes a un hombre porque llevaba una barra de pan bajo el brazo.

Pensaban que era un arma.

  Violencia

Te enteras de todo esto porque te lo cuenta —y te enseña noticias en el móvil— una trabajadora de una ONG local dedicada a la educación, Educap. Esta vez no has venido aquí a hablar de violencia y destrucción, sino de lo contrario, de autogestión, creación y construcción en las favelas de Río; de cómo los vecinos de las favelas llevan años practicando el ‘do it yourself’ ante la ausencia, la debilidad o el maltrato del Estado.

Sin embargo, los fusiles de agentes uniformados o jóvenes descamisados están tan presentes en la vida de los protagonistas de estas historias, y las balas forman ponen tanta banda sonora a su día a día, que resulta imposible explicar esta realidad sin el contexto de violencia, que va a épocas y por regiones.

Formado por al menos 13 favelas, el complejo de Alemao es uno de los mayores de Río.

Corazón del Comando Vermelho, en 2010 fue ocupado por la policía en el marco de las Unidades de Policía Pacificadora (UPP’s), que pretendían arrebatarle el control de las favelas al narcotráfico con lavista puesta en los Juegos de 2016. Así, se reducirían drásticamente los homicidios.

En principio, la estrategia funcionó. Pero cuando los narcotraficantes decidieron retomar posiciones en algunas comunidades, volvieron también los tiroteos entre el narco y la policía.

En el caso del Complejo de Alemao, los vecinos coinciden en que la violencia es mayor a la que había antes de la pacificación. “Antes sabías cuándo iba a producirse un enfrentamiento porque primero avisaba el narcotráfico con petardos y se corría la voz. Todo el mundo iba para casa. Al día siguiente, te enterabas de cómo había terminado el tiroteo. Hoy en día, como la policía siempre está ahí, en cualquier momento ¡pam!, ¡pam!, ¡pam! Puede haber disparos y mueren inocentes”, cuenta Augusto Lima, vecino de la barriada, en consonancia con la opinión de varios más.

A la crisis de la pacificación se ha sumado otra crisis económica en las arcas del estado de Río que viene precarizando el trabajo de la policía: sueldos atrasados, poca renovación y manutención de vehículos e instalaciones, armamento en mal estado…

En 2017, año post-olímpico, se ha alcanzado un promedio de 18 homicidios por día en el Estado, casi 6 más que los que se producían cada día en 2016, que se cerró con la ya preocupante cifra de 5.000 muertes violentas en la región. De estos, 815 fueron víctimas de la policía, siempre según datos oficiales del Estado citados por medios locales.

Polícia identifica outro PM que participou de operação que terminou com morte de Maria Eduarda. https://glo.bo/2oeLYhI 

El asesinato hace un par de semanas de una niña de 13 años que recibió varias balas procedentes de la policía, estando ella dentro del colegio, y debido a un tiroteo que se producía en el exterior con narcotraficantes, fue la última operación en conmocionar a la ciudad. Muchas otras pasan desapercibidas.

 Co-working y crisis

Las balas no llegan a la región de Alemao donde vive Marcelo Magano, al menos según comenta él con cierta calma. Pero la calma y la paz son aquí términos relativos.

Cuenta su vecino que hace un par de días un proyectil agujereó el vidrio del baño de otra vecina al rebotar contra un muro. Aunque no pasen cerca, para Marcelo es común escuchar disparos desde esa casa donde él y su novia Thamyra de Araujo acaban de crear un espacio de co-working.

El espacio consiste en una incubadora de ideas donde él mismo, que es actor, ofreció un espectáculo de teatro el pasado sábado y donde en breve se realizará un workshop en el que una abogada explicará a freelances de varios sectores cómo lidiar legalmente con los derechos de imagen en sus trabajos.

Marcelo Magano

Mercadillos de ropa de segunda mano y proyección de películas con perspectiva de género o raza completan la agenda cultural de Brota. Así, vecinos a los que pagar el cine se le hace cuesta arriba pudieron ver hace poco ‘Moonlight’. La piratería, en este caso, cumpmlió una función social.

También ofrece hospedaje a precio bajo para emprendedores, cooperadores de ONG o artistas que quieran pasar uno días en Alemao.

Para Marcelo, la idea del co-working ya existía en la favela mucho antes de su iniciativa: “Cuando a veces en una ‘birosca’ [pequeño comercio de favela] al mismo tiempo hay un ciber café, se venden cervezas, papel higiénico y hay un bar, esa innovación y mezcla, ese buscarse la vida, es un co-working. Lo que hacemos es ‘hackear’ ese nombre y lo llevamos a un contexto con menos pompa que la Zona Sur”.

Cuando se hablan de la Zona Sur de Río, especialmente en las favelas de Zona Norte, los vecinos se refieren a los barrios más privilegiados de la ciudad (Botafogo, Flamengo, Copacabana, Ipanema…), donde viven los más ricos y la oferta cultural y gastronómica es mucho más sofisticada.

La Casa Brota nace con vocación de negocio. Marcelo espera complementar con el alquiler del co-working y los beneficios de eventos y fiestas el dinero que gana de los ‘freelance’ como actor. La financiación pública ha caído con la crisis a proyectos de cine y teatro y Marcelo está a la espera de ver si recibe o no unos 2.000 euros que le correspondían para una obra de un grupo de actores de teatro de favela en el que participa.

A escasos diez metros de Brota se levanta imponente una enorme estructura de cemento: la estación del teleférico de Alemao, inaugurado en 2011 y que costó unos 50 millones de reales. Se convirtió enseguida, además de medio de transporte para los vecinos que van de la parte baja a la alta de la favela, en uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad.

Hoy, falto de recursos del Estado de Rïo, está parado desde hace meses. No es difícil encontrar allí a algún vecino de la favela que está sin trabajo o sin sueldo porque depende de una administración regional en quiebra. La crisis está omnipresente en los barrios pobres de la ciudad y obliga a agudizar aún más el ingenio.

Comunicación

Emprendedores de favela cuentan sus historias en GatoMidia, proyecto de Thamyra sobre ‘makers’ de la favela, como una mujer que explica cómo se hizo con su pequeño quiosco para trabajar con manicura.

En Casa Brota también se reúnen de vez en cuando los miembros del Coletivo Papo Reto, un medio de comunicación local que se destapó como fundamental para la denuncia de abusos policiales en la mayor crisis de violencia del Alemao, que tuvo lugar entre 2015 y 2016.

En Papo Reto y en otros medios del Alemao como Jornal Alemao Noticias o A Voz da Comunidade, laconexión entre periodistas y ciudadanos es directa para el intercambio de vídeos e informaciones de todo lo que está sucediendo en cualquier momento, incluido tiroteos y otros abusos. El modelo de la favela ha sido una revolución y un ejemplo para otras comunidades.

Los grupos de Whatsapp determinan por dónde podemos y por dónde no podemos pasar. Batería e internet son fundamentales para pasar un día más con vida”, dice Daiene Mendes, estudiante de periodismo y vecina de la favela que ha colaborado con medios comunitarios como Voz da Comunidade y es activa en todos los grupos.

En la relación entre violencia y comunicación, el humor juega un papel importante en las favelas de Río: es habitual escuchar anécdotas de disparos narradas entre risas, especialmente cuando son antiguas y no hay víctimas.

Educación

“El narcotráfico nunca nos ha molestado en nuestro trabajo. Pero la policía sí, que hace unos meses quisieron utilizar nuestro edificio para protegerse y andaban por aquí con los fusiles entre los niños, con el peligro de que un conflicto con los narcos pudiera alcanzarles”, dice Lucia Cabral, fundadora de la ONG Educap y vecina del barrio.

A los doce años, Lucía ya daba clases de alfabetización en su casa en la favela de Alemao. En 2008 convirtió su pasión por la educación (estudió Pedagogía) en una ONG sin fondos, con unos cuantos voluntarios y ella misma intentando educar a los jóvenes de la favela para usar preservativos y otras medidas contra las enfermedades de transmisión sexual.

Nueve años más tarde, después de haber conseguido unos patrocinios privados que a veces ayudan más y otras menos, dan clases a decenas de jóvenes con pocos estudios que quieren buscar salida en el mercado laboral o acceder a la universidad.

Lucia Cabral

“Esto —cuenta— lo hacemos porque al joven de la favela se le arranca la oportunidad de tener educación de calidad. A veces he pensado en dejarlo porque son muchas dificultades y en ocasiones pongo dinero de mi bolsillo para pagar la manutención del edificio. Pero es tal la satisfacción que nos da la gente que consigue un salario mejor o un joven cuando sale del narcotráfico…”.

Lucía narra el caso de un hombre que empezó a estudiar la educación primaria para adultos en Educap y con ellos ha acabado llegando, años después, a la universidad. “¿Tengo un espacio? Lo tengo. ¿Tengo dinero? A veces no, pero puedo ir y algunos voluntarios también pueden dar clases. Necesito muy poco dinero para tener paz de espíritu, la consigo cuando veo a los alumnos mejorar en la vida”.

El maestro de ‘capoeira’ Juarez Ferreira también se considera un “educador” y explica su constante esfuerzo por evitar que los jóvenes se dejen llevar por el narcotráfico armado: “El otro día vino uno a decirme que le había explicado a un policía que era alumno mío y le había dejado en paz. Le dije que muy bien, pero que no fuera mentira, que volviera a mis clases y dejara de meterse en problemas. Me besó, me dio un abrazo…”

‘Mutirao’: acción colectiva

La cooperación entre vecinos de las favelas tampoco se reduce a ONG ni es algo nuevo. Más bien al contrario, está en la génesis del crecimiento urbanístico de estas barriadas irregulares donde se alojaban los más pobres que llegaban a Río de Janeiro y que vivió un ‘boom’ de crecimiento desorganizado en los años 80 y 90 al margen del Estado.

Juarez Ferreira

Los viejos del lugar recuerdan que cuando las favelas del Complejo de Alemao estaban siendo construidas, era h abitual que los domingos se juntaran varios vecinos para ayudar desinteresadamente a la construcción de una casa. “Bueno, el dueño a veces pagaba una cerveza o un almuerzo”, dice el Maestro Juárez, conocido profesor de capoeira del barrio.

Cuenta Juárez que él mismo ayudó a instalar las primeras tuberías de agua corriente que la llevan de lo alto a la parte baja de la colina en la que está la favela de Alemao. Ensanchar calles, ponerles asfalto y construir las decenas de escaleras que comunican las partes bajas y altas de las comunidades fue siempre tarea comunitaria de los propios vecinos, al menos hasta los años 80 cuando el Estado empezó a intervenir.

A estas acciones colectivas y solidarias se les conoce como “mutirao”, palabra tan cultural que no se le encuentra sinónimo en español. De hecho, proviene del idioma indígena tupí-guaraní “potyrom”, que significa poner las manos juntas, trabajar unido.

De alguna forma, las iniciativas comunitarias en las favelas, al margen del estado y también del gran capital, representan una suerte de anarquismo con cierto éxito y mucho mérito.

“Todo eso se ha perdido hoy”, dice Juárez Ferreira. Lucia Cabral discrepa: “Sigue viva esa solidaridad”. Y otro vecino, Lauro Sidney, tiene una visión totalmente diferente: “A mí nunca me ayudaron a construir nada y no veo esa solidaridad en la favela. De hecho, los vecinos ni siquiera dejan limpia esta plaza”.

Permacultura y nostalgia de las luciérnagas

Cuando Lauro habla de esta plaza se refiere a la plaza verde del Alemao que tiene delante, de la que él cuida como trabajador de la ONG Instituto Raíces, en cuya sede estuvo unos meses viviendo. Su opinión más pesimista refleja la realidad, poliédrica como todas, de las favelas.

La plaza fue fruto de una colaboración entre dicha ONG y la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). En un paisaje de cemento duro y caliente, representa un respiro verde alrededor de una sencilla estructura de madera con palés, columnas y tejado. Los vecinos pueden tomar también los frutos del maracuyá que hay plantado.

Erick Mouros

Durante los tres meses que duró la construcción de la plaza, se rescató el espíritu de ‘mutirao’ en el que participaron sobre todo niños de la favela.

“Fíjate que cuesta mucho ver un árbol plantado en muchos metros a la redonda de aquí”, observa Erick Mouros, estudiante de arquitectura de la UFRJ y vecino del barrio que participó del proyecto. “Queríamos que tuviera también algo de permacultura”, añade.

Antes de que fuera necesario plantar nuevos árboles para que el entorno del Alemao fuera verde, también mucho antes de las armas y antes incluso del asfalto y el ladrillo recubriendo las colinas del Alemao, “era todo selva, nos bañábamos en las cascadas, cazábamos ranas y jugábamos con las luciérnagas de noche”, recuerda Lúcia Costa.

A la educadora se le ensancha la sonrisa cuando recuerda el clima de fiesta que se vivía en las calles durante el carnaval y las fiestas tradicionales de junio originales del nordeste del país. “Desde que llegó la violencia, nunca más lo volví a ver”.

Eran épocas en las que apenas llegaba energía eléctrica (hasta los años 80 tan sólo lo hacía de manera irregular y pinchada) y se cocinaba a leña. Prosigue: “ El cielo era muy estrellado. Cuando llegó la violencia, se acabaron las fiestas en la calle. Y con la luz eléctrica, ya no se ven las estrellas. Yo creo que el progreso es bueno, pero a veces parece que viene con una semilla del mal, ¿sabes?”.

Esa semilla en forma de bala no consigue matar las raíces del cariño y la cooperación entre vecinos.

Origen: Do it yourself en las favelas de Río: autogestión entre fusiles

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Juan Koffler dice:

    Excelente crónica aunque un poco “romántica” para nuestra realidad brasileña – permítanme que lo diga -. Nuestras llamadas “favelas” (no apenas en Rio, entendida como una “ciudad maravillosa”, sino en prácticamente todo el país) nada más son que la representación cruel, deshumana y vergonzosa de la capciosidad e inoperancia estatal, a quien interesa la proliferación de las camadas más pobres de la población para transformarla en rica fuente de votos fácilmente manipulables.
    El lector atento seguramente podrá hacer una fácil correlación entre este fenómeno (“favelas”) y el tipo de gobierno “populista” (aquél que sigue una línea comunista). Nuestras “favelas”, por ejemplo, son idénticas a aquellas que encontramos en la carretera del aeropuerto de Maiquetía a Caracas, en Venezuela. O a las existentes en toda Cuba, Ecuador, Nicaragua, entre otros ejemplos mundo afuera.
    Así, definitivamente y a los ojos de un atento y mínimamente culto observador, no existe todo ese romanticismo que le pintan a nuestras favelas o similares en el planeta, sino la clara e insofismable manipulación criminosa de los gobernantes y políticos de Estados con tendencias izquierdistas.

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    1. Adri Bosch dice:

      Conozco no solo las favelas de Rio tambien en otras partes de Brasil son de temer ,no tiene nada de romanticas .

      Le gusta a 1 persona

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