Palacio de Buckingham: Felipe de Edimburgo renunciará en otoño a su agenda pública

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El marido de la Reina cumplirá 96 años el próximo diez de junio y da un paso atrás

El Duque de Edimburgo, el eterno consorte siempre leal a la Reina Isabel II
El Duque de Edimburgo, el eterno consorte siempre leal a la Reina Isabel II
LUIS VENTOSO Corresponsal En Londres

El príncipe Felipe de Edimburgo, que se casó con la hoy Reina Isabel en 1947 y cumplirá 96 años el próximo 10 de junio, renunciará el próximo otoño a sus compromisos reales debido a su avanzada edad. El anuncio pone fin a una mañana de especulaciones después de que hubiesen sido convocados a Buckingham los responsables de las principales residencias regias para un importante anuncio. En las redes sociales se dispararon los rumores y en un lamentable error, el diario sensacionalista “The Sun”, el más vendido del país, llegó a publicar un instante en su web que el Duque de Edimburgo había muerto.

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El Duque de Edimburgo ha dado su paso atrás a petición propia y apoyado por la Reina, con la que en noviembre celebrará 70 años de casados. Palacio ha explicado que desde ahora y hasta agosto el Duque de Edimburgo cumplirá con la agenda de actos contraída previamente, pero que no aceptará nuevas invitaciones. No se descarta sin embargo que pueda seguir participando en algún acto puntual.

El pasado año acudió a 116 compromisos públicos y todavía es presidente, patrono o miembro de 780 organizaciones. El comunicado de Buckingham señala que sin embargo a partir de ahora «no jugará un papel activo a la hora de atender compromisos».

El marido de la Reina ya había reducido su agenda cuando cumplió 90 años. Del mismo modo, Isabel II renunció a finales del año pasado al patronato de 26 organizaciones y ha ido cediendo progresivamente más tareas en el Príncipe de Gales, de 68 años, y en sus nietos William y Harry, que pasan por el sonrojo de trabajar mucho menos que su abuela. La agenda de los veteranísimos cónyuges seguía siendo apabullante para su edad, con casi 300 compromisos anuales en el caso de la Reina.

El Duque de Edimburgo participó con buen ánimo en un acto ayer miércoles en Lord’s Cricket Ground, la cancha de críquet más importante del país, en el centro de Londres.

En 2008, la prensa amarilla londinense publicó que el Duque de Edimburgo padecía cáncer de próstata, pero hubo de retractarse. En 2011 fue sometido a una angioplastia y al año siguiente sufrió una infección de vejiga. Hace tres años, causó baja once días por una operación en el abdomen y el año pasado anuló a última hora un acto en unas islas de Escocia por “un fuerte catarro”. Pero desde entonces este hombre alto, enjuto y todavía fibroso, se mantenía en un sorprendente buen estado.

La Reina, de 91 años recién cumplidos, goza todavía de mejor salud y de hecho su primer percance comentado ha sido su ausencia este año en los oficios navideños en Sandringham, por un fuerte constipado que la mantuvo casi veinte días de baja.

Felipe de Edimburgo y la Reina tienen una relación de extraordinaria complicidad y ella lo considera su gran apoyo, su roca, y lo admira profundamente, a pesar de que la prensa sensacionalista británica ha publicado que en los inicios de su matrimonio el príncipe protagonizó algunas inquietante incursiones noctámbulas por el Soho. De puertas a dentro de la familia, que se llama a sí misma “The Firm” (la empresa), Felipe pasa por ser el referente.

Isabel se enamoró de Felipe -nacido en Corfú y de sangre griega, alemana y danesa- con solo 13 años, cuando el entonces apuesto príncipe heleno, un hombre rubio de 1.88 de talla, le hizo de cicerone en una visita a un centro de la Armada.

Los exabruptos de Felipe y su sentido del humor cáustico son ya un clásico en el Reino Unido: «¿Cómo se las arregla para que los nativos no estén borrachos durante el examen?», preguntó a un instructor de una academia de conducir en una visita a Escocia. También tiene manías curiosas (por ejemplo es notorio que detesta a Elton John y otras estrellas del pop). Pero a la Reina le encanta estar con él.

Al príncipe Felipe, célebre por su condición de ser un poco gafe, se le ha reconocido también por su estética elegante. La revista estadounidense GQ (Gentlemen’s Quarterly en su fundación en 1957) lo eligió el año pasado como el varón que mejor viste de la familia real, dentro de su ránking anual de 50 hombres británicos. La distinción tiene su valor, porque en el jurado figuraban Armani, Tom Ford, la modelo Lara Stone y la diseñadora Vivienne Westwood, la abuela del punk. Alex James, el bajista del grupo Blur, que tiene fama de esteta “posh”, ha definido al viejo Felipe como “un genio del tweed”. Y es que lo del Príncipe es lo clásico: pesados tejidos británicos, masculinidad y culto a la alta sastrería. Siempre en su sitio. Sin caer nunca en la afectación del excesivo dandismo.

 

 

Origen: Palacio de Buckingham: Felipe de Edimburgo renunciará en otoño a su agenda pública

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