50 años de Sargent Pepper: añoranza de la rebeldía tranquila

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Se cumple medio siglo del álbum emblemático de los Beatles, embajadores de la contracultura, antesala de la revolución de mayo del 68. El autor separa el trigo de la paja con un original análisis político y sociológico.

Portada del álbum Sargnet Pepper

En unos días se cumplirá el 50 aniversario de un disco mítico: ‘Sgt. Pepper´s lonely hearts club band’, quizás el más célebre trabajo de los Beatles, que aún hoy es considerado por muchos como una de las cimas de la historia del pop y del rock, y, posiblemente, una de las creaciones musicales más influyentes.

No es éste el lugar para detallar sus muchas virtudes artísticas, ni sus extraordinarios avances en el terreno de la producción en estudio -los interesados disfrutarán una barbaridad con el libro de memorias de Geoff Emerick ‘El sonido de los Beatles’.

Aquí nos interesa, sobre todo, otro aspecto: su condición de emblema de la contracultura de los 60 en ese año decisivo, 1967, previo al estallido de la revolución cultural de mayo del 68.

Ese galardón referencial no se lo pongo yo, sino que en él coinciden casi todos los expertos. A modo de ejemplo, Antonio Cillero, autor del libro Beatles 2, editado en 1976, sólo una década después, lo resume así: “Sgt. Pepper fue publicado el 1 de junio cuando se iniciaba un gran movimiento contracultural que culminaría con los hippies y con el mayo francés del 68. Fue uno de los momentos en que se llegó a pensar que, realmente, la música pop proponía unos valores revulsivos y que la cultura juvenil derivada de ella tenía posibilidades de cambiar las cosas. (…) El Sgt. Pepper fue, en gran medida, el himno tribal de este renacimiento contracultural, la música de fondo de cualquier ritual, fumada o trip emprendido por aquellas fechas”.

Paul Mccartney de jovenPaul Mccartney de joven

Lo cierto es que la contracultura que sobrevivió al gran fiasco del 68 (inicialmente refugiada en la Universidad, desde la que fue penetrando en la sociedad hasta finalmente imponerse como discurso cultural dominante) tiene relación sólo en parte con la que refleja el disco de los Beatles.

Hemos pasado del eslogan ‘prohibido prohibir’, al cerrojazo que supone la corrección política

Quizás por ello, los que valoramos negativamente algunas de las huellas que el ‘sesentayochismo’ ha dejado en nuestro mundo podemos utilizar el ‘Sgt. Pepper´s’ como referencia para diferenciar entre lo más valioso de aquel momento de efervescencia cultural y lo que, a la postre, ha terminado llegando hasta nosotros.

En cierto modo, es la distancia que va de la apertura mental, reflejada en el eslogan ‘prohibido prohibir’, al cerrojazo que supone la corrección política, con su afán de decirle a la gente no sólo lo que puede opinar, sino lo que debe sentir o lo que no debe pensar.

Es la distancia que va de la cultura a la política; y de la búsqueda, a la fosilización en normas. Sería un error tirar a la basura todas las aportaciones de un movimiento complejo y vivo que, en muchos sentidos, cambió nuestro mundo para bien.

Se ha dicho que los Beatles fueron, en este disco, los embajadores de la contracultura de los 60. Y así es. De algún modo el motor que condujo hasta él es justamente ese afán de ir más allá de lo establecido, de romper las convenciones del momento.

Sgt. Pepper es hijo de la búsqueda, del espíritu explorador, del afán de los jóvenes por indagar nuevas formas, propias, de relacionarse con la realidad. Todo eso es valioso. Con o sin drogas, la mirada se amplió, la percepción conquistó nuevos territorios y la libertad se ensanchó.

Ian Mac Donald tituló con gran acierto su libro sobre los Beatles Revolución en la mente. Una revolución que, hay que subrayarlo, no había perdido pie en el pasado, ni en la realidad. Una revolución que no pretendía imponer ningún tipo de fórmula y que sobre todo abría espacios de libertad.

John LennonJohn Lennon

Quizás por todo ello, los Beatles contribuyeron a convertir la contracultura del momento en algo respetable y aceptable. El poeta americano Allan Ginsberg lo destacaba como una virtud, al tiempo que reconocía que en los Estados Unidos de entonces muchos progres veían el disco como un reflejo defectuoso de su causa.

¿La razón? Que en ‘Sgt. Pepper’ late un afán de conexión intergeneracional, desde lo musical, que desconcertaba a quienes abogaban por que la revolución juvenil condujera a una ruptura. El propio Lennon se acercó luego a esas posiciones más radicales, más políticas, y por ello fue ensalzado, en general, por la crítica izquierdista como el más íntegro de los cuatro beatles.

Paul Mc Cartney, en cambio, no escondía su aprecio por los valores familiares, lo que entonces se veía como un penoso signo de aburguesamiento. Muy pronto se pondría en evidencia que la familia era el enemigo a batir y que el gusto del más melódico de los Beatles por las “tontas canciones de amor” le apartaba del buen camino.

Por decirlo de forma sintética, cuando Macca hablaba de amor, no solo pensaba en la pareja, sino también en los hijos y los abuelos, mientras que el enfoque de Lennon era más individualista, más enfocado a las emociones entre el tú y el yo.

Paradójicamente, el más caustico de los Beatles redescubrió lo familiar en su último trabajo, ‘Double fantasy’, muy poco antes de ser asesinado. Su mitificación post mortem abortó el debate que estaba empezando a emerger en los ámbitos culturales de la izquierda, que veían aquel trabajo como una claudicación.

Una canción del disco que nos ocupa ejemplifica el conflicto y evidencia que, por entonces, la libertad todavía lo amparaba todo: ‘When I, m sixty four (Cuando tenga 64 años). En este tema un joven McCartney de 25 primaveras fabula con una apacible vejez en un escenario hogareño, con nietos, que es presentado, en gran medida, como un ideal que el compositor no sabe si logrará alcanzar, como la culminación de un amor romántico que vence las trampas del tiempo.

La canción inquietaba a los radicales –“exudaba un vetusto tufillo a ‘hogar dulce hogar’ que tiraba para atrás”, resume Cillero en el libro citado- pero mostraba que la apertura era real entonces, y que no buscaba abrir camino a lo nuevo destruyendo lo viejo, como ocurre ahora.

Por otra parte, en ‘Sgt. Pepper’ hay una intencionada utilización de referentes culturales del pasado que en el disco se manejan a veces como parte de un collage musical de más amplio espectro, y en otras ocasiones aparecen remozados, como expresión de la vigorosa capacidad integradora de la nueva cultura que los Beatles abanderan.

En el disco aparecen no sólo la música clásica, incluso en su versión más atonal, sino también la música de music hall, el camp, el circo, la música de bandas, el folk… Mc Cartney lo expresó con claridad cuando presentó uno de sus últimos trabajos ‘Kisses on the bottom’ (en el que ofrecía versiones personales de temas del repertorio de estándares de los 50): “No teníamos intención de acabar con la música que nos había precedido, simplemente buscábamos nuestra propia voz”.

Fans de los BeatlesFans de los Beatles

El problema es que su éxito espectacular supuso, de hecho, la defunción de aquel otro mundo musical; pero fue un efecto colateral no premeditado. Los Beatles buscaba enriquecer el edificio cultural por adición, no por sustitución. No solo no había afán de demolición de lo anterior, sino que aparece como referencia, de un modo u otro, en casi todos sus discos.

Probablemente éste es el secreto que explica el éxito popular de los de Liverpool: su espíritu integrador, su respeto a los que crearon antes. Su revolución era una invitación a la libertad, no una imposición. Por eso son clásicos.

En She is leaving home (Ella se va de casa) Mc Cartney narra la historia de una de tantas fugitivas adolescentes que por entonces se marchaban del hogar para volar por su cuenta. Pero su canción no ataca tanto a la familia como a esos padres que creen que proporcionar bienestar material a sus hijos es su único cometido, y que no entienden que sus vástagos necesitan más.

En Within you, without you (Dentro de ti, fuera de ti) George Harrison da voz a la inquietud espiritual de los hijos de la abundancia, de esa juventud sedienta que, como en la canción anterior, no se conforma con las seducciones del confort. Harrison escribe (tanto la letra como la música) marcado por su experiencia en la India e invita a superar el egoísmo: “Cuando hayas visto más allá de ti mismo, entonces quizás encuentres la paz de espíritu”.

Un planteamiento que pronto entrará en conflicto con la exaltación absoluta del yo individual que ya se está gestando, y que será la principal herencia de todo aquel movimiento contracultural. Pero esto todavía no está en el disco de los Beatles, ni en el espíritu que refleja.

En With a little help from my Friends (Con un poco de ayuda de mis amigos) se exalta la camaradería, no el propio ego. Y aunque temas como Lucy in the sky with diamonds, Good morning, good morning, o Being for the benefit of Mr. K, todos ellos de Lennon, supone una exaltación de la mirada personal, subjetiva, incluso surrealista, su propósito es poético; todavía no se ha manchado con el afán político.

El deseo de paz y concordia de la era de las flores dio paso a un proyecto político de conquista del poder e ingeniería social

El 50 aniversario de ‘Sgt. Pepper´s lonely hearts club band’ nos permite ver cómo empezó a construirse el mundo cultural en el que hoy nos movemos. Pero también nos revela que su trayectoria no estaba escrita de antemano, ni era inevitable.

En aquel vigoroso movimiento cultural había muchos aspectos valiosos que han contribuido a configurar nuestra apertura mental para bien. Pero, en algún momento, la integración de pasado y presente, la búsqueda de entendimiento entre jóvenes y adultos, fue sustituida por la confrontación.

Y el deseo de paz y concordia de la era de las flores dio paso a un proyecto político de conquista del poder e ingeniería social. Pero de todo eso no podemos, ni debemos, echarle la culpa a los Beatles. Ellos proporcionaron un mapa de ruta abierto y provechoso. El enloquecimiento vino después.

Origen: 50 años de Sargent Pepper: añoranza de la rebeldía tranquila

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