El impacto de romper una amistad

el

La ruptura puede ser tan dolorosa como la separación de una pareja.

El impacto de romper una amistad

El ritmo de crecimiento de las amistades tiene su punto álgido a los 25 años, edad en la que comienza a disminuir.

Siempre se habla de lo duro y el dolor físico que causa una ruptura romántica, pero ¿qué pasa cuando se pierde a un amigo? El vacío que sentís cuando ese amigo íntimo se va al otro extremo del mundo, se evapora porque se enamoró o no te perdona porque una discusión significó el acta de defunción de la relación, alegando ‘diferencias irreconciliables’. Eso también es muy doloroso.

A lo largo de la vida hay compañeros fugaces y amigos para siempre, cuando uno de estos últimos desaparece puede causar tal angustia y malestar que solo pueden ser curados por el tiempo, como el más grande de los amores.

Es otro duelo más en la vida de una persona y la intensidad con la que se viva la pérdida irá en proporción a la tipología de la amistad o las experiencias compartidas”, asegura Rosa Sabaté, psicóloga y coach.

A veces, esta unión puede ser tan fuerte que se asemeja a la de un hermano o la de una pareja. Sin embargo, un punto a tener en cuenta es que “la casualidad nos hace hermanos, pero el corazón nos hace amigos”. La experta hace hincapié en el hecho de que la familia nos viene dada, mientras que las amistades “se escogen y se deshacen libremente”.

Su valor cambia con la edad

No es lo mismo el significado de la amistad a los 14 años que a los 40. Es un concepto que varía y se modifica a lo largo de nuestra vida y experiencias. Por ello, en función del valor que le otorguemos, más o menos grande, será el golpe por la pérdida.

“Para muchos está por encima de las relaciones sentimentales porque en el proceso de vida siempre tenemos antes amigos que pareja, con los que acumulás más experiencias y vivencias interesantes”, afirma Sabaté.

La adolescencia es una de las etapas en las que mayor importancia tiene ya que, según la psicóloga, “el sentimiento de pertenencia a un grupo se desliga de la familia y los amigos pasan a ser un referente imprescindible a la hora de conformar nuestra identidad”.

“Decidís incorporarte o ser aceptado en uno u otro grupo social, por lo que el rechazo también se vive de manera más traumática porque significa quedarte fuera y que se rompan tus ideales. Es el paso anterior a los valores de pareja”, matiza la experta.

No obstante, el ritmo de crecimiento de las amistades tiene su punto álgido a los 25 años, edad en la que comienza a disminuir, según un estudio de la Universidad Aalto de Finlandia y de la Universidad de Oxford en Inglaterra.

La investigación afirma que desde la adolescencia hasta promediar los 20 años, nuestro círculo social no para de crecer -sin contar a los amigos de Facebook, claro-, momento en el que empezamos a perder muchos de esos lazos porque nos empezamos a centrar en cuidar a los que considemos más importantes.

“Una vez que tomaste ciertas decisiones y encontrás a las personas apropiadas, sos menos ‘promiscuo’ socialmente e invertís tu tiempo en esas personas”, aseguró Robin Dunbar, docente de psicología evolutiva en la Universidad de Oxford y coautor del estudio.

Cuando el amor reemplaza la amistad

Es un clásico que todos hemos vivido, el típico amigo que se quedaba con vos hasta el cierre del bar, no había plan al que no fueran juntos porque lo compartías todo. Hasta el día que contó que había conocido a alguien. Entonces, jamás volviste a saber de él, ahora solo se saludan para los cumpleaños.

Sabaté atribuye a este fenómeno tan habitual un gran culpable: el tiempo. “Si solías pasar cuatro horas cada día con tus amigos y de repente aparece otra persona con la que necesitás o querés tener momentos de intimidad, significa que tenés que redistribuirlas a nivel logístico”.

“Hay quien se recluye en la relación de pareja y se excluye del entorno social, mientras que otros prefieren combinar las dos cosas o todo lo contrario, que predominen las amistades frente a la pareja. Al final el equilibrio está en que tanto uno como el otro entiendan el tiempo dedicado”, sentencia la psicóloga.

A veces, el enamoramiento y la pasión dejan poco espacio para la vida social. De hecho, si tenés un promedio de cinco amigos, perderás dos cada vez que inicies una relación, de acuerdo a la teoría de Robin Dunbar, antropólogo y biólogo evolucionista de la Universidad de Oxford, conocido por el número de Dunbar (el máximo de amigos que un ser humano puede tener en realidad).

Además, Sabaté asegura que la creencia de que una pareja debe ser tu amigo no siempre se cumple, ya que “a veces no se tiene la misma complicidad como para hablar de todo”.

Amistades tóxicas y secretos

Por otro lado, según una investigación estas alianzas entre seres humanos se crean a modo de inversión a futuro para hacer frente a situaciones conflictivas que puedan producirse con terceros, aunque no se espere nada a cambio de manera inmediata.

Los investigadores se dieron cuenta de que los participantes clasificaban a sus amigos en función del número de secretos compartidos, así como detectaron que para las personas es importante saber qué lugar ocupan entre todos los demás. Esta hipótesis podría explicar por qué todos queremos ser especiales para alguien y ocupar el puesto número uno que, en ocasiones, puede llevar a sentir celos o motivar una ruptura, si las expectativas depositadas no se cumplen.

“La amistad genera un vínculo basado en la lealtad, cuando un individuo rompe esa lealtad, ya sea frenando el ritmo o intensidad de salidas, perdiéndose experiencias o información, el propio grupo acaba haciendo una exclusión de esta persona”, señala Sabaté.

Asegura, además, que hay relaciones tóxicas o posesivas donde la ruptura puede ser muy dolorosa y en las que una persona necesita ser siempre el centro y que todos le ofrezcan el afecto y la atención o incluso la primicia de la información. Cuando esto no sucede, generan problemas y malestar mediante celos, chantaje emocional y manipulación.

Sin embargo, concluye que no debemos mantener una relación por el hecho de ser amigos de toda la vida. Algunas personas ‘cambian de amigo como de camisa’ por un problema de miedo al apego o bien, porque han sufrido un rechazo y necesitan tener siempre el control de sus relaciones.

En cuanto sienten un vínculo más fuerte, necesitan huir y eso puede ser un problema. Pero mantener una relación por un cariño pasado, donde ya no hay nada en común, también es un error. “Coincidís en un pasado que hoy no está, ya solo queda el recuerdo”, concluye Sabaté.

© ALEJANDRA SÁNCHEZ MATEOS. La Vanguardia.

Origen: El impacto de romper una amistad

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s