Nadie sabe dónde está el cuerpo de Garrincha

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El 8º mejor futbolista de la historia sigue driblando después de muerto

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Garrincha

“Por lo que hemos investigado, no tenemos seguridad de que esté enterrado. Sabemos que su cuerpo fue exhumado y llevado a un nicho, pero no hay ningún documento que lo compruebe”. Así de sincera ha sido Priscilia Libério, la administradora del cementerio donde algún día descansaron los restos de un genio del fútbol, en O Globo.

Nadie sabe dónde está el cadáver de Mané Garrincha. Como si se lo hubiera tragado la tierra, literalmente.

 

En principio, su cuerpo descansaba en el cementerio municipal de Raíz da Serra, en Magé, su ciudad natal. La desaparición de los restos de “La alegría del pueblo” -uno de sus apodos- se ha sabido por pura casualidad. El alcalde de Magé, Rafael Tubarão, quería hacerle un homenaje en octubre, cuando cumpliría 84 años.

Cuando preguntó por el lugar exacto de la tumba recibió una notificación en la que le informaban de que había sido exhumado hace unos 10 años para dejar la tumba a un familiar. Su nuevo destino es aún una incógnita por resolver.

Para acabar de rizar el rizo, en la sepultura donde fue enterrado por primera vez ya hubo un error en la fecha de la muerte. Garrincha falleció el 20 de enero de 1983, pero se grabó un 20 de enero de 1985: un despiporre de entierro para uno de los mejores jugadores de la historia.

Manuel Francisco dos Santos fue dos veces campeón del mundo -Suecia’58 y Chile’62- con Brasil. Sus regates no se habían visto antes y el público tenía la sensación de estar viendo a un bailarín brasileño encima del césped. De hecho, tal fue su impacto que la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol lo coloca como el octavo mejor futbolista de todos los tiempos.

Consiguió todo eso a pesar de ser zambo: tenía los pies girados hacia dentro y la pierna derecha seis centímetros más larga que la izquierda.

De ahí que le llamaran “el ángel de las piernas torcidas”.

También sufrió de poliomielitis y desde los diez años era adicto al tabaco, aunque el alcohol fue su perdición. Ese vicio le costó vivir sus últimos años de vida en la absoluta miseria y morir a los 49 a causa de una congestión pulmonar derivada del alcoholismo crónico.

Ahora, 34 años después de su entierro, no queda ni un triste papel que anote donde están sus restos. Garrincha está driblando a su familia y a los administradores del cementerio, y nadie ha sido capaz de cazarlo.

Origen: Nadie sabe dónde está el cuerpo de Garrincha

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