Vargas Llosa rompe el silencio sobre García Márquez 

El Nobel peruano conversa en la Complutense sobre los años felices con su amigo
Ambos truncaron su relación en 1976 tras un enfrentamiento
Mario Vargas Llosa (derecha) y Carlos Granés, director del curso de la Complutense sobre ‘Cien años de soledad’, ayer en San Lorenzo de El Escorial. ULY MARTÍN
San Lorenzo de El Escorial 7 JUL 2017 –

No tardó en aparecer en la conversación el acontecimiento político que despertó “la curiosidad del mundo por América Latina y, de paso, por su literatura” y que con el tiempo se convertiría en un muro entre ambos: Cuba. Preguntado por el ‘caso Padilla’ -que dividió políticamente a los autores del boom en 1971, cuando el poeta fue acusado de ser agente de la CIA- Vargas Llosa desveló que cuando se conocieron, los papeles estaban cambiados: “Yo era muy entusiasta de la revolución; García Márquez, muy poco. Siempre fue discreto al respecto, pero él ya había sido purgado por el Partido Comunista cuando trabajaba en Prensa Latina junto a su amigo Plinio Apuleyo”. ¿Qué pasó para que aquel discreto descreído terminara haciéndose fotos con Fidel Castro? “No lo sé”, respondió. “Yo creo que tenía un sentido práctico de la vida y sabía que era mejor estar con Cuba que contra Cuba. Así se libró del baño de mugre que cayó sobre los que fuimos críticos con la evolución de la revolución hacia el comunismo desde sus primeras posiciones, que eran más socialistas y liberales”.

La charla tuvo un eminente cariz político pero no dejó de lado la literatura, empezando por ‘Cien años de soledad’. “Me deslumbró”, dijo sonriente el escritor peruano. “Tanto que corrí a escribir un artículo titulado ‘El Amadís en América’. Pensé que por fin América Latina tenía su novela de caballerías, una narración en la que primaba lo imaginario sin que desapareciera el sustrato real. Tiene además la virtud de pocas obras maestras: la capacidad de atraer a un lector exigente preocupado por el lenguaje y, a la vez, a un lector elemental que solo sigue la anécdota”. Vargas Llosa no solo escribió sobre García Márquez sino que enseñó su obra en cursos universitarios en Puerto Rico, Reino Unido y España. De aquellas notas terminó saliendo ‘Historia de un deicidio’, un estudio pionero en la obra de un autor que “funcionaba como un poeta, a base de intuiciones, pálpitos e instintos, no como un intelectual que reelabora conceptualmente lo que hace; le molestaba la figura del intelectual, alguien como Octavio Paz, por ejemplo”. Si ‘Cien años de soledad’ es la mejor novela del autor colombiano según su exégeta más ilustre, ¿cuál es “la más floja”? “El otoño del patriarca’. Parece una caricatura de García Márquez, la novela de alguien que se está imitando a sí mismo”.

Según el autor de ‘La fiesta del Chivo’, autores como Juan Rulfo, Alejo Carpentier o el propio García Márquez supieron extraer belleza de la “fealdad” y el “subdesarrollo” de América Latina. ¿Una Latinoamérica próspera producirá literatura tan imaginativa como esos escritores?, se preguntó. “No lo sé, pero que nuestro continente se quede como está para que produzca gran literatura, ¡no!. Los países tienen la literatura que se merecen”.

Una hora después de comenzada la entrevista pública, Granés lanzó con media sonrisa una de las preguntas más esperadas: ¿Volvieron a verse? “No”, respondió el entrevistado con una sonrisa entera. “Entramos en terrenos peligrosos. Es hora de poner fin a esta conversación”, añadió irónico. ¿Cómo recibió la noticia de su muerte? “Con pena. Como la muerte de Cortázar o de Carlos Fuentes. No solo eran grandes escritores sino que fueron grandes amigos. Descubrir que soy el último de esa generación es algo triste”.

UNA NOVELA A CUATRO MANOS

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS

Mario Vargas Llosa dedicó dos años a estudiar la obra del autor de Cien años de soledad. El resultado fue Gabriel García Márquez: Historia de un deicidio, un libro que primero presentó como tesis doctoral -dirigida por Alonso Zamora Vicente- en la Universidad Complutense de Madrid en junio de 1971 y que meses más tarde publicó Carlos Barral, que llegó a colocar en las librerías 20.000 ejemplares. La coincidencia en la misma cubierta de los nombres de los dos gigantes del boomllevó a muchos lectores a pensar, bromeaba el editor, que se trataba de una novela escrita a cuatro manos. No era tal, pero la idea no andaba muy errada: en 1967, el mismo año en que se conocieron personalmente después de una intensa correspondencia, García Márquez propuso a Vargas Llosa que escribieran juntos una novela sobre la guerra colombiano-peruana de 1932.

“¡Viva Colombia, abajo el Perú!” era el grito con el que rompía filas a diario durante su infancia el Gabo escolar. El Gabo maduro, sin embargo, animó a su amigo a que cada uno investigara -“con la tranquila objetividad de un reportaje”- la parte bélica de sus respectivos países antes de ponerse manos a la obra. “La posibilidad de dinamitar la patriotería convencional es sencillamente estupenda”, le escribió en abril del 67. Cuatro meses después se estrechaban la mano por primera vez en Venezuela. De allí viajaron a Lima para participar en un coloquio en la universidad -una de las pocas conversaciones públicas de ambos escritores- y para bautizar al segundo hijo de Vargas Llosa, Gonzalo, que tuvo como padrinos a Gabriel García Márquez y a su esposa, Mercedes Barcha. Poco tiempo después el novelista peruano y su familia se instalarían en Barcelona, no lejos de donde ya vivía el colombiano. Hasta su sonada ruptura en 1976, fueron uña y carne, pero nunca llegaron a escribir aquella novela guerrera. Hoy sería una rareza firmada por dos premios Nobel. Gabriel García Márquez lo recibió en 1982. Mario Vargas Llosa, en 2010. Historia de un deicidio solo volvió a publicarse en 2006 y como parte de las obras completas del autor peruano, que nunca hasta entonces había autorizado su reedición.

Origen: Vargas Llosa rompe el silencio sobre García Márquez | Cultura | EL PAÍS

Garcia Marquez escribia de una manera ,pero actuaba en la vida real de un modo muy diferente un enamorado de la causa comunista de los Castro,estaba ciego cuando pasaba largas vacaciones en la isla y le importaba un bledo ,como se vulneraban los “Derechos Humanos” .

Adri Bosch

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