Mikhail Baryshnikov: “Ojalá pudiera ser más espontáneo” 

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El bailarín “más perfecto de todos los tiempos” habla de su manera obsesiva de trabajar, pero reconoce: “lo mejor muchas veces emerge de lo no planeado”. cuenta que el triunfo de trump lo deprimió y se ubica en la vereda opuesta de Putin. antes de actuar en Buenos Aires, reflexiona: “el arte es una herramienta bella y educativa”

Foto: Fernando Maselli

PARA LA NACION

BARCELONA

Sostiene una lámina del ascensor para ceder el paso a las cuatro mujeres y luego se adelanta con cortesía para abrir la puerta pesada de la sala. Solo personal, reza el cartel sin ironía que separa el hall del teatro de las oficinas; en el área donde está a punto de ingresar no habrá acceso a aquello que él considera privado, aquel precipicio donde el hombre emerge sobre el artista. El humo del té de manzanilla se agita con la brisa artificial del aire acondicionado. Simétrico, elástico, grácil, Mikhail Baryshnikov (69) impone respeto con su cuerpo y se convierte en el amo de un sillón de tres cuerpos. Ubica sus brazos en cruz sobre el respaldo y realiza un ejercicio abdominal con la espontaneidad de un estornudo. Levanta sus rodillas a la altura del pecho y luego estira los pies para que descansen sobre la mesa ratona. Lucha por encontrar las palabras exactas en un idioma extranjero. Prefiere la acción a la dicción. En la vorágine que significa una gira mundial y la coreografía de un artista nómade -aeropuerto, hotel, ensayo, conferencia de prensa, estreno, cena y función al día siguiente- mira detrás de la ventana la ciudad que lo alberga. La Sagrada Familia, la obra de arte que diseñó Antoni Gaudí, se erige en el paisaje de un barrio obrero donde se aglomeran talleres y negocios de repuestos de automóviles. El templo aún inacabado, la principal atracción turística de la ciudad mediterránea, está custodiado por andamios y grúas que prometen cumplir con el plan del arquitecto catalán. “Esa es la dicotomía de la vida”, señala.

¿A qué se refiere?

Lo viejo y lo nuevo. El arte y esas máquinas.

El arte y esas máquinas. Dios y el hombre. Lo clásico y la vanguardia. Aquello que ya está consagrado y el proceso de construcción. Los feligreses y el turismo. Lo perenne y lo efímero. Y del enfrentamiento de los antagonismos, por un lado, al reflejo que los creadores ejercen en el arte y en sus pares, por el otro. Baryshnikov recorre el mundo con Letter to a Man, un espectáculo perturbador, inspirado en los Diarios, de Vaslav Nijinsky. Visualmente magnético, esta obra está dirigida por Robert Wilson con quien Baryshnikov ya había integrado una dupla creativa que agotó localidades en tantas ciudades del mundo con One Woman, acompañados en esa aventura por Willem Dafoe. Letter to a Man [que llegará a Buenos Aires en septiembre]es una odisea por una galaxia expresionista que se hunde en las memorias y en las anotaciones que el eximio bailarín Nijinski escribió durante su permanencia en un hospicio mental. En el momento de esta redacción, donde indagaba en el significado de la fe, la violencia, la masculinidad y la locura, ya había acariciado la fama mundial, mientras la esquizofrenia roía cada día su equilibrio.

¿De qué modo se vincula usted con Nijinsky?

Tenía algunas ideas muy modernas. Era un pacifista, definitivamente. Era una persona profundamente muy religiosa.

¿Y es usted religioso?

No, no. Crecí en una sociedad atea, pero creo en las cualidades excepcionales de un hombre y en la divinidad. Soy agnóstico en mis creencias, pero no ateo. A la vez creo que el ser practicante significa realizar un ejercicio espiritual, algo que es muy cercano a cualquier proceso creativo y que tiene que ver con aspectos usuales de la psiquis de los hombres.

¿Existe un vínculo entre la religión y el arte?

Un pintor, un bailarín, un escultor, cualquier persona que esté vinculada a una búsqueda estética requiere de una inspiración. Si excavás dentro de las motivaciones de estas personas, ese concepto está allí presente, con una motivación que puede ser interna o externa. Algunos contemplan el mar, otros leen, otros ejercitan profundos despertares a través de la relajación, otros van a misa. Cada uno es diferente.

¿Le teme a la muerte?

Como todos, imagino. Le daré la bienvenida a la muerte, si es inmediata. Me gustaría morir sin sufrimiento, preferentemente en medio de la noche, dormido.

¿Le teme a la locura? Sus dos espectáculos junto con Robert Wilson versan sobre este tema.

No lo sé. Claro que la locura inspira a los escritores, pero no sabemos qué es ni qué experimentan estas personas. Nadie en realidad volvió de la locura al mundo de los cuerdos y nos lo contó. Eso es lo interesante de esta literatura. En el caso de Nijinsky, imagino que él no controlaba esos trances, lo que pensaba ni lo que sentía. Era obsesivo, escribió esos diarios en sólo seis semanas en Saint Moritz, en Suiza. Estos pasajes donde todo es poético, coherente y bello, y, a la vez, todo se rompe como pedazos de porcelana.

Mencionaba la fragmentación en la obra de arte. Usted también es fotógrafo y una de sus musas es Pablo Picasso.

No en el sentido cubista. Me interesa que las fotos que hago estén fuera de foco y usar distintas velocidades de la luz. Me interesa la imperfección en el movimiento, como si pudiera captar esa especie de inhalación de las personas antes de que comiencen a hablar.

Foto: Fernando Maselli
Leer entrevista completa 

Origen: Mikhail Baryshnikov: “Ojalá pudiera ser más espontáneo” – 23.07.2017 – LA NACION

Imperdible entrevista a un genio del ballet.

Adri Bosch

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