Elena Rabade-No es sexo

 

El Movimiento #MeToo ha abierto la puerta de la denuncia de abusos en la meca del cine. Las feministas francesas han liderado un manifiesto para la defensa del derecho de los hombres a “importunar a las mujeres”. En el medio de la polémica se ha puesto la libertad sexual y el puritanismo. El error esta precisamente en ello porque nace de pensar que el productor de cine Harvey Weinstein, que se encuentra en una clínica de desintoxicación por su  “adicción al sexo”, tiene, en realidad, un problema con el sexo, que le gustan mucho las mujeres. La sola idea de la confusión me produce nauseas. El sexo, como fuente de vida, como fuente de placer, de afecto, de cariño de regeneración humana, no es el problema. No comprender que aquel que utiliza el sexo para aprovecharse de las necesidades de otro ser humano, para asustarlo e intimidarlo, para vejarlo o humillarlo, no tiene un problema con el sexo sino con la utilización del poder de forma tiránica, es de una ceguera y una manipulación difícil de entender.

¿Realmente alguien puede creerse que quien llama y  persigue compulsivamente, quien obliga a una mujer a mantener relaciones sexuales por un trabajo, por necesidades económicas, por el ejercicio de la fuerza o el poder o la intimidación, o la pareja que obliga a mantener relaciones sexuales contra su voluntad, tiene un problema de sexo o lo hace por su irrefrenable atracción por las mujeres y por su amor a ellas?

Eso es lo mismo que pensar que el que destroza las obras de Miguel Ángel lo hace por su amor al arte o al autor, tan incongruente como pensar que en un asesinato el problema es el cuchillo. El sexo, señores, sólo es el arma que utilizan estos hombres para humillar, para lesionar, para amedrentar, para acosar, para rebajar y someter a las mujeres, o niñ@s u hombres en su caso. Y lo hacen para demostrar su poder por encima de la ley, por encima de las normas por las que nos regimos, por encima de la humanidad y de la ética. Y esto no tiene nada que ver con el sexo.

Exactamente igual que las mujeres que se niegan a ello no tienen problemas con el sexo. Muy al contrario, yo diría que su salud sexual es la correcta, que han entendido claramente que es el sexo y se niegan a aquello que no lo es.  El que nos neguemos al ejercicio tiránico del poder, a que no haya leyes que nos protejan de ello, a que existan códigos de complicidad por unos y miedo por otros que lo oculten y tapen, a que haya mujeres que confundan el sexo con la sumisión, convencidas de que cuando ellas dicen “no” el de enfrente puede entender lo que le dé la gana, porque así es el mundo, así son las relaciones y siempre ha sido así. Y porque, además, y, sobre todo, porque su palabra no vale nada. Ellos tiene el poder, y el poder para destruirte si hablas, para cerrarte las puertas, para dejarte sin trabajo y sin sustento, para calumniarte y dejar que los bulos crezcan en tu desprestigio. Y, por tanto, debemos someternos a un tipo de hombres, que lideran el desprestigio del sexo masculino, que engendran el prototipo de lo que no es ser un hombre, que consideran que son seres irracionales y no saben ni quieren controlar sus impulsos, que pueden sucumbir a cualquier impulso sexual irrefrenable propio del sexo masculino. Y es que… una cosa es ser varón y otra es ser hombre.

No es sexo. Siento verdadera lástima por todas aquellas que no puedan o sepan distinguirlo por todas aquellas a las que no se les haya respetado un “No”, por todas aquellas que considerasen que tenían que alegar dolor de cabeza en vez de decir sencillamente a sus parejas, “hoy no me apetece” o dicen “no” porque temen que no se respete su derecho a decir  “me lo estoy pensando”, por todas aquellas que consideran un halago que un señor las esté coqueteando cuando las acosan, las controlan, las toquetean sin permiso, les frotan sus partes en una aglomeración o las agreden porque otro hombre las mira. Y, por supuesto, por todas aquellas que se han creído la gran mentira de que “ellos” no pueden controlarse, para justificar sus desmanes, por todas aquellas que, en definitiva, viven con miedo.

Lo que se ama o lo que te gusta no lo destrozas, no lo humillas, no lo violentas, no lo sometes y no lo mantienes intimidado toda su vida. Lo que amas, lo que te gusta, lo mimas, lo cuidas, lo acaricias, lo respetas, lo tienes en cuenta cuando habla y, hasta en muchos casos, lo pones por delante de tus deseos y necesidades. Esto es válido, señor@s, hasta para una relación esporádica de una noche. Me duele profundamente que haya mujeres en el mundo que no hayan conocido a un hombre que las haya tratado así y no sepan, por lo tanto, distinguir el abuso del amor, el deseo de la humillación y el sexo de la agresión.

Lo grave es que no seamos conscientes de que el movimiento #MeToo ha eliminado el miedo a denunciar algo que ya era delito, que lo que denuncian estas mujeres es y ha sido delito en los códigos occidentales desde hace muchos años, que es y ha sido reprobado social, moral y éticamente por muchas generaciones. Lo más grave es que vivimos unos tiempos tan confusos que los principios éticos, los códigos de conducta sobre lo que está bien y lo que está mal, parece que se difuminan y nos confunden a todo@s.

No es puritanismo ni es libertad sexual, simplemente, porque eso no es sexo. El sexo es fuente de vida, de placer, de armonía, de trasmisión de afectos. Algo tan necesario para el ser humano como el comer y el beber. Sólo puede ser producto del mal utilizarlo como medio de destrucción, de un desconocimiento profundo, el confundirlo con el abuso y la agresión.

Origen: No es sexo – Diario16

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