La vida (y muerte) de los reporteros que cubren a la mafia italiana- Gaia Pianigiani

 

aPolo Borrometi es uno de los casi doscientos periodistas que viven bajo protección policiaca en Italia.CreditNadia Shira Cohen para The New York Times 

ROMA –En los últimos cuatro años, Paolo Borrometi ha vivido aislado durante gran parte de sus días, aunque casi nunca está solo. Durante muchos años, no ha podido caminar por los parques o las playas de su Sicilia natal. No puede ir libremente a un restaurante, un concierto o el cine. No puede conducir un auto ni salir de compras o ir a cenar, sin custodia.

Antes de salir a trabajar como reportero que cubre a la mafia, comienza todas sus mañanas con un expreso, un cigarrillo y su escolta.

En Italia, enojar a la mafia como periodista deriva en una vida solitaria. Sin embargo, Borrometi, de 35 años, no está solo. Casi doscientos reporteros italianos viven bajo protección policiaca, un caso único entre los países occidentales industrializados, según los grupos de activistas.

“Ninguno de nosotros quiere ser un héroe o una figura prominente”, dijo Borrometi hace poco ante un grupo de estudiantes de bachillerato en Roma, donde vive ahora. “Solo queremos hacer nuestro trabajo y nuestro deber, que es contar historias”.

Aun así, los asesinatos relacionados con el crimen organizado están en incremento en Italia, según las autoridades, y los observadores internacionales que consideran que las redes criminales son la principal amenaza para los periodistas en Europa.

“No dejes de escribir, Paolo”, decía un correo electrónico que Borrometi recibió en 2014, dos días después de que lo atacaron dos hombres con pasamontañas afuera de la casa de campo de su familia en Sicilia. “Nuestros países necesitan un periodismo de investigación libre. Tienes todo mi respeto”.

El mensaje era de Daphne Caruana Galizia, la periodista de investigación maltesa que el año pasado fue asesinada en un ataque con un carro bomba, después de que expuso los vínculos de su país con paraísos fiscales en el extranjero y reportó sobre los delitos de los políticos locales durante décadas. Cuando murió, a los 53 años, tenía 47 demandas legales en su contra, incluyendo una del ministro de Economía de su país.

Además de Caruana Galizia, que fue asesinada en octubre, un reportero de 27 años, Jan Kuciak, fue asesinado junto con su prometida en Eslovaquia en febrero. También había estado investigando asuntos de corrupción que se sospechaba que estaban vinculados con mafiosos italianos.

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Origen-www.nytimes.com/es/

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