La actual superioridad moral del victimismo 

 

Determinados grupos de presión saben que el victimismo puede ser un eficaz instrumento de movilización para alcanzar sus objetivos de poder

Por

Rafael Núñez Florencio

En el pasado, casi desde la formación de los primeros Estados Nacionales, la búsqueda del éxito era el motor indiscutible y casi obvio de las decisiones políticas. Un éxito que se medía por la unificación interna primero y por la expansión inmediatamente después, como ocurrió, por ejemplo, en el caso español.

La rivalidad con otras grandes potencias era el resultado inevitable de esa pugna tenaz por la hegemonía. Desde el punto de vista económico, la mentalidad capitalista, como señalaron incontables teóricos desde Max Weber, adoptó una ética de trabajo y esfuerzo que no perdía de vista la consecución del éxito en este mundo como preludio de la recompensa suprema en el otro.

Cuando se intensifica la conquista colonialista del globo, el poder y el prestigio de las potencias, tanto a nivel interior como en el plano internacional, se asientan sobre su capacidad de vencer obstáculos y derrotar competidores. Las conquistas y explotaciones de otros territorios y las contiendas bélicas por la primacía eran el resultado inevitable de ese proceso pero recordemos que las guerras eran un mal inevitable y, más a menudo, una aceptada y aceptable manifestación de energía. Aunque ahora resulte increíble, la mayoría de los jóvenes europeos se enrolaban en filas con entusiasmo, como sucedió incluso en la I Guerra Mundial (léase a Ernst Jünger).

La llamada Gran Guerra (1914) marca un punto de inflexión, que luego será refrendado por la superior catástrofe de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Hay una obra excepcional de George L. Mosse cuya traducción al castellano casi lo dice todo: Soldados caídos. La transformación de la memoria de las guerras mundiales. La hecatombe de esos años con decenas de millones de muertos provoca un cambio sustancial en la sensibilidad europea.

La Shoah (holocausto judío) alcanza en ese contexto categoría de símbolo supremo. Las víctimas, antaño preteridas, concitan ahora toda la atención, pero también nos interpelan a fondo y cuestionan nuestra inocencia: ¿no nos alcanza a todos algún grado de responsabilidad en los sucesos?

La mentalidad revolucionaria por su parte enfatizará la situación del oprimidocomo palanca de transformación política y social: miseria, represión y alienación son la triada clásica de la ortodoxia marxista, pero no solo de esta, sino de cualquier protesta colectiva: ¡hasta los niños de papá del Quartier Latin de París se consideraban en el 68 víctimas de la autoritaria sociedad capitalista!

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Origen: La actual superioridad moral del victimismo – Disidentia

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