La panadería más antigua está en el Once

  • La puerta vaivén invita a pasar y encontrarse con las exquisiteces de la antigua panadería. Foto: Gustavo Carabajal

El local aún conserva sus antiguos vitrales. Sus facturas fueron las elegidas por Perón para sus desayunos en Casa Rosada. También tuvo como clientes a Cortázar y Marechal. Hoy se destaca por sus pan dulces.

  • Flores Porteñas presenta un ambiente como el de las panaderías de antaño. Foto: Gustavo Carabajal

La puerta vaivén se mueve una y otra vez con el ingreso y salida constante de los clientes. En el local, que aún conserva sus antiguos vitrales y su boisserie Leonardo Messina, como buen capitán de mando está atento a todo lo que ocurre. Un empleado se asoma desde los hornos y le hace un gesto mostrando sus dedos.

“Me dice si le agrega dos dedos más de levadura al pan. Tenemos que ir probando para que quede perfecto”, señala Leonardo, que hace ya 18 años está al frente de “Flores Porteñas”, la panadería más antigua de la ciudad de Buenos Aires, que fue fundada en 1885.

“Somos familia de panaderos de toda la vida, mi mamá me crió adentro del canasto”, dice a La Prensa.

“Empezamos en Tablada. Después fuimos a Estados Unidos. Mi papá fue a pasear, le gustó y había unos primos que vivían allá que lo querían asociar para poner una panadería en Long Island. Pero la compraron ellos solos y nos quedamos trabajando allá dos años. Al final mi mamá extrañaba y nos volvimos”.

Messina, que aprendió el oficio de sus padres, provenientes de Sicilia, dice que después tuvieron una fábrica de galletitas y confiterías en Villa Pueyrredón, Almagro y Palermo, hasta que se instaló en Flores Porteñas, que se ubica en Rivadavia 3123

“Cuando compré el local con la idea de reformarlo estuve como dos meses y medio sin abrir. Estaba todo tapado y cuando empiezo a sacar los cobertores del techo, las paredes, voy viendo los vitrales, pisos de mosaico. Ahí descubro que el local tenía estas cosas hermosas”, cuenta Leonardo

“Sabía que la panadería era antigua pero no tanto. Un día nos llaman a nosotros y otras panaderías desde la Cámara de Diputados y nos dan un reconocimiento como la más antigua de Buenos Aires”

En las paredes aún se ve el antiguo logo del local, donde aparecen tres jóvenes mujeres asomando de tres flores. Messina cuenta que el antiguo dueño tenía tres hijas y de ahí deriva el nombre de la panadería. También dice que con el tiempo fue recopilando anécdotas del lugar.

Sigue…

Origen: LaPrensa

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