La increíble historia del tesoro de Gardel

Tras la muerte del Zorzal Criollo, todos sus bienes y pertenencias fueron pasando de mano en mano hasta terminar ocultos durante 50 años en la habitación de una quinta de Río Ceballos, Córdoba. Se trata de un legado de casi 5 mil objetos que hoy buscan un espacio para ser exhibidos.

El último año en la vida de Carlos Gardel fue intenso, agotador. El Zorzal no veía la hora de largar todo, descansar de tantos teatros y volcarse de lleno a lo que realmente lo apasionaba, el cine y la radio.
Acababa de filmar “El día que me quieras” y “Tango Bar” cuando emprendió su última gira por Latinoamérica: Puerto Rico, Antillas Menores y varias ciudades de Venezuela y Colombia. La fatalidad quiso que, a punto de embarcar hacia Panamá y Cuba, en uno de los descansos para cargar combustible, el 24 de junio de 1935, a las 15.10, un trágico choque de aviones en Medellín lo convirtiera en mito.
Ocho meses después, cuando finalmente pudieron repatriar su cadáver, una multitud le rindió honores como si fuera un funeral de Estado: su cuerpo fue velado en el Luna Park y miles de personas lo acompañaron por la calle Corrientes hasta la Chacarita.

Unos años antes, subido al frenesí del éxito, en algún momento Gardel intuyó su final. Tal vez por eso, el 7 de noviembre de 1933 hizo confeccionar un testamento en el que nombraba a su madre, Berthe Gardes, heredera universal de todos sus bienes y derechos.

“Tal vez después de una turbulencia o por la propia velocidad con que vivía, Gardel se iluminó y le pidió a su amigo Armando Defino -que era además el albacea de su testamento- que si algo le llegaba a pasar, cuidara a su madre. Por eso, Defino se encargó de ir a buscar su cuerpo a Colombia y de administrar su legado hasta la muerte de Berthe, ocho años después”, contó el presidente de la Fundación Internacional Carlos Gardel, Walter Santoro.

Tras la muerte de la madre del cantor, todos sus bienes pasaron, vía testamento, a Defino, quien, pocos meses después, en 1944, vendió la histórica casa de la calle Jean Jaures.
Aquí comienza el extraño recorrido de la herencia gardeliana: un acervo de 5.100 objetos personales del Zorzal Criollo que terminaron escondidos durante casi 50 años en una quinta de Río Ceballos, Córdoba.
“Esa vivienda pertenecía a la familia Cortada de Fortuny, muy amiga de los Defino, que la usaban como casa de vacaciones. Ese tesoro estuvo en una de las habitaciones durante más de medio siglo y la herencia fue pasando de mano en mano, siempre dentro de la misma familia”, expresó Santoro.

Cuando Defino murió en los 60, las pertenencia de Gardel quedaron a cargo de la esposa, Adela Blasco. “Ellos no tenían hijos, pero como guardaban una relación muy íntima con la familia Cortada de Fortuny, dejaron como única heredera de todos los bienes a la pequeña Nuria Eulalia, a quien nombraron en el testamento como “nuestra hija en el afecto”, explicó Santoro.

Armando Defino dejó escrito explícitamente en la cesión de derechos que Nuria, que tenía apenas 4 años cuando Berthe murió y no podía conocer la dimensión de ese legado, debía seguir “atendiendo, como lo hemos hecho siempre mi esposa y yo, el monumento y la bóveda en Chacarita, donde reposan los restos de mi querido e inolvidable Carlos Gardel y los de su señora madre Berthe Gardes”, expresó.

“El siguiente paso ocurrió en el año 2000, cuando, ya muy mayor, Nuria de Fortuny le cedió a sus hijas todos sus bienes. Sin embargo, como se hacía en las familias tradicionales, ellas no se animaron a tocar nada hasta su fallecimiento, en 2008. Recién ahí hallaron el legado gardeliano, cuando quisieron vender la casa de Córdoba”, explicó Santoro.

“Son las hijas de Nuria las que me legan a mí todos los objetos del Zorzal en agosto del año pasado -recordó Santoro-. Yo las había ido a ver dos años atrás, porque había dificultades con la bóveda de la Chacarita y quería ponerla en condiciones. Al conocer mi trabajo en la Fundación Industrias Culturales Argentinas y como eran dos mujeres mayores, decidieron pasarme, vía testamento, todos los objetos, con el fin de que se preserve la memoria de Gardel. Por eso creé la Fundación: hoy nada me pertenece, porque son patrimonio cultural de un organismo oficial”.

“Lo loco es que durante 80 años todas las pertenencias de Gardel estuvieron en un limbo patrimonial… De algún modo, al estar encerrada en esa pieza de Río Ceballos, se preservó de los coleccionistas y del desguace”, enfatizó Santoro.

“El gran problema, creo, fue que Armando Defino se negó a lucrar con Gardel y nunca quiso organizar su legado en una fundación. Sin embargo, al quedar encerrada en esa habitación, la herencia gardeliana pudo salvarse -sostuvo Santoro-. Al morir Berthe, Defino y su esposa se alejaron totalmente del mundo del tango. Les fueron tomando mucha bronca a los coleccionistas, porque los visitaban para robarles objetos. Tal vez por eso, decidieron “enterrar el tesoro” en Río Ceballos”.

Origen: LaPrensa

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