Una crónica ilustrada de la España de los años setenta 

Cossió los 70 cubierta

 

Por

José Luis Ibáñez Salas

Llama mucho la atención la cubierta de ¿Qué fue de los 70? Crónica ilustrada de los años del cambio. Está a medio camino, y es a la vez las dos cosas, de un tebeo de aquel entonces (de Bruguera, quizás) y de una revista popular de las que había en las peluquerías de señoras y en casi todos los hogares españoles.

Pero es un libro. Ilustrado. Muy ilustrado. Entiéndaseme bien, lleno de fotos. No un libro intelectualoide y progresoide del siglo XVIII. Ilustrado con cientos de fotos, muchas a color.

Su autor, el periodista y fotógrafo español Xavier Gassió, usa el humor: si no, no nos advertiría (al menos a los “lectores sensibles y divinos”) de que es posible que su libro “contenga trazas de Karina”. Un libro que, avisados quedamos pronto, no trata estrictamente de los años setenta del siglo pasado, sino más bien de la segunda mitad de aquella década y los comienzos de la siguiente. Lo escribo por precisar. Es preciso.

¿Qué fue de los 70? Crónica ilustrada de los años del cambio es un reflejo de un mundo (de un mundo encerrado hace lustros en un pequeño país ¿occidental? llamado España) en el que los varones seguíamos siendo “educados en la condescendencia, cuando no directamente en el desprecio de las mujeres”, unos tiempos en los que los niños bebían/bebíamos alcohol en el ámbito familiar (asunto al que se dedica el epígrafe ‘Confieso que he bebido’), en el que fumaban/fumábamos casi en todas las partes imaginables, públicas y por supuesto privadas, el 80 % de los españoles (aunque sólo el 15 % de las mujeres, según datos de mediados de aquella década setentera), un mundo repleto de semianalfabetos, el mundo en el que Gassió creció y que él nos cuenta además bajo su propia experiencia: “así fue como entré en los turbulentos setenta. A saco”.

El progreso y su aire acondicionado y sus discotecas llegan al tiempo que la única ley general de educación del franquismo, la Villar Palasí, de 1970, y su EGB y su BUP, al tiempo que los turistas siguen viniendo a este país en tránsito. El progreso, que nos invade, “lentamente, primero, a gran velocidad, después”. El progreso que se acompaña de los emigrantes que vienen desde hace ya años despoblando el mundo rural, para incrementar el metropolitismo de las ciudades, especialmente de algunas ciudades. Tiempos en los que se escuchó de vez en cuando, ¿a menudo?, aquello de “¡Con Franco eso no pasaba!”, mientras muchos aprendían “el arte de ser progre” (o a reconocer que “contra Franco se vivía mejor”) y la mayoría se dejaba transportar por el nuevo tobogán de las muchas modas y escuchó en los primeros tocatas un sinfín de músicas, muchas de las cuales aprendieron, mal, bien, a bailarlas. ¿Bailas?

Cossió los 70 linea 69
Cossió: erotismo en la línea 69

Gassió, que ameniza este viaje sin ínfulas al pasado a base de su propia experiencia vital, nos lleva a aquel cine de aquel tiempo, el español y el no español, el de destape y el de ensayo, también a la nueva manera de afrontar la sexualidad, el erotismo, a la llegada del porno… Y a la televisión, por supuesto. La televisión, que “siempre ha sido un arma de destrucción intelectual masiva y es como el azúcar, crea adicción”.

La prensa, de la que habla muy de primera mano el autor de ¿Qué fue de los 70?, ocupa un espacio sustancial, y también la narrativa gráfica (los a menudo llamados tebeos, también cómics), las imprescindibles publicaciones humorísticas, los libros (que de tan poco espacio disponen… en el libro), la radio… Tal como éramos, que así se titula el noveno y último capítulo. Tal como éramos en aquella época que “ha desaparecido diluida en el proceso demoledor de los años”. Pero que es un reclamo resultón para tantísimos como aún acertamos a recordar mucho de lo que Gassió divertidamente nos rememora sin nostalgia.

¿Qué fue de los 70? está magníficamente compuesto, diagramado, maquetado por Luis Brea. Es un libro que como el artefacto que siempre es ante todo un libro destaca sobremanera por la complicidad lograda entre su continente y su contenido.

Una salvedad para acabar: sólo una. Si como dice el autor “la Transición se puso en marcha para borrar las huellas de la infamia y construir un nuevo Estado que pudiera mirar al futuro europeo cara a cara”, ¿cómo es que durante ella, y aún ahora, claro, es cuando cada vez más y más se supo de aquella infamia que se quiso sustituir, más que tapar?

Origen: Periodistas en Español

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