EEUU: Sobrevivir en confinamiento o reactivar la economía

La disyuntiva hoy sobre qué nos salvará en Estados Unidos; si iniciar una reapertura gradual de la economía o continuar bajo confinamiento por la pandemia

Por LEONARDO MORALES

Imagen tomada en la playa de Miami Beach bajo las medidas de confinamiento en el sur de la Florida

Nadie en su sano juicio recibe con entusiasmo o simpatía la muerte, mucho menos si es sorpresiva, cuando tus planes inmediatos eran viajar, disfrutar, soñar, amar y vivir de cualquier manera, incluso hasta en una prisión, donde añoras la libertad, pero sobre todo, mantenerte vivo. Y para permanecer con vida necesitamos oxígeno, agua, sol, alimentos, salud mental, y desafortunadamente, dinero.

La cólera y la pasión en el gran debate de hoy es si salvamos la economía o ayudamos al ser humano a librarse de una mortal pandemia, que al parecer odia las curas. Algunos cuentan que sobreviven gracias las gárgaras con bicarbonato de sodio, vinagre y vitamina C, otros por las infusiones calientes y vaporizaciones con mentol, en fin, por métodos tradicionales para combatir virus anteriores. Por último, resalta ahora la efectividad del dióxido de cloro (MMS, solución mineral, no desinfectante), a lo que se refirió el presidente Donald Trump y que algunos, tal vez por ignorancia o malas intenciones, lo convirtieron en motivo de burla. También se ha referido a los tratamientos de hidroxicloroquina, creado contra la malaria.

“El teléfono timbró decenas de veces en mi habitación de Madrid, horas después de hablar con mi hermana en EEUU. Contagiado por el coronavirus y solo, pensé que iba a morir, ingerí otra dosis de dióxido de cloro en mi segundo día y Acetaminophen, pero mi organismo no respondía, había perdido 12 libras en 8 días. Era la última opción, apenas podía levantarme, hablar, mover un brazo. Tras varias horas de un sueño profundo, desperté en un charco de sudor y palpé mis costillas. Estaba vivo, pude levantarme y comer lo que quedaba en la despensa. Vi las llamadas y respondí, aún con falta de aire, pero con fuerzas”.

Cara a Cara con la muerte

Pensamos que había muerto, me dijo su hermana. Le hice más de 35 llamadas. Supe después que apagó su celular para no despedirse… Pero Jesús me escribió a los pocos días, fuimos a la misma escuela primaria; su hermana -aún sin creerlo- me llamó desde Houston para contarme la historia con la voz entrecortada por momentos.

Jesús venció al virus y aún desconoce si fue la respuesta de su organismo, un milagro o el dióxido de cloro, que especialistas no recomiendan porque no está aprobado por la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) y por supuestos efectos secundarios graves. Es una solución al 28% de clorito de sodio en agua destilada, que se vende en unos 40 dólares el kit, compuesto por MMS al 28%, un frasco de 60 cc con un activador (ácido clorhídrico o cítrico) disuelto al 4%, según BBC News.

Las redes sociales han revelado testimonios similares, incluso el de un bombero español, quien afirma que fue el MMS quien lo salvó. Pero hasta ahora, siguen muriendo personas en todo el mundo. Estados Unidos ha tenido días muy oscuros y tristes de más de 3,100 fallecidos en 24 horas… ¿Cuántas torres gemelas más destruirá el COVID-19?

La mayoría de los estadounidenses tiene miedo, prefiere extender el confinamiento, coinciden algunos sondeos. En otros estados menos afectados por la pandemia como Wisconsin y Nevada han salido a protestar, exigen reactivar la economía y portan letreros que dicen: “El hambre también mata”.

Muchos opinan que el virus del SARS en el 2003 fue más mortal que el COVID-19, y es cierto, indican estudios. Fue una enfermedad similar a la neumonía, que mató a aproximadamente una de cada 10 personas infectadas, muy por encima de la tasa de mortalidad estimada -de uno en 50- para los diagnosticados del nuevo coronavirus. El SARS llegó a 29 países, pero a los ocho meses pudo ser controlado, a pesar de que duró por más tiempo. Su capacidad de supervivencia y contagio estuvo muy por debajo de esta pandemia.

La supervivencia

En Florida, cuya economía depende del turismo, hay casi dos millones de desempleados (15%). Solo un mes atrás –marzo- la cifra estaba por debajo del 3%. La parálisis económica del estado ha derivado en una segunda pandemia para los floridanos. Solo el 17% de las personas sin trabajo en estos momentos recibe beneficios por desempleo.

Más del 30% de los 10 millones de empleados en Florida trabajan desde sus hogares, al tiempo que el gobernador Ron DeSantis habla de una “reapertura limitada”. Georgia, bajo críticas incluso del Presidente, autorizó a abrir negocios.

El alto costo de la vida en el estado, en especial en el sur, ha impedido que la mayoría de los trabajadores cuente con ahorros disponibles para enfrentar una crisis inesperada y abrumadora.

Después de la recesión del 2008, los precios de casi todos los productos se duplicaron y la gasolina llegó a los 4 dólares el galón. El combustible se mantuvo en los últimos tres años por debajo de los tres dólares y en los últimos meses, oscilaba en menos de 2.50 el galón como promedio. El resto de los bienes básicos de consumo siguieron en ascenso, nunca regresaron a los niveles de antes del comienzo de la severa crisis.

Si bien el desempleo se mantenía en una cifra envidiable, la realidad era muy diferente: personas que laboraban apenas 15 horas a la semana y un salario entre 9 y 12 dólares la hora se sumaban como supuestos “empleados felices”, pero obligados a tener dos y tres puestos laborales para costear sus necesidades primarias.

El SARS-COVID-2 empeoró la situación de millones de personas en casi todo el país y Florida, cuyos ingresos promedio apenas cubrían sus gastos básicos, a pesar de trabajar las 40 horas semanales y más. Después de la crisis, muchas compañías también eliminaron los beneficios que ofrecían, una moda que se extendió rápidamente.

En casa estamos más protegidos de la pandemia, no exentos de ser contagiados porque cuando salimos a los mercados, gasolineras y farmacias, entre otros, existe el mismo riesgo de contagio que si estuviésemos trabajando de forma regular. Solo la rigurosidad en las medidas preventivas, nos alejan de los riesgos de contraer la enfermedad.

Las restricciones y el confinamiento

El confinamiento ayudó a frenar los contagios masivos rápidos, pero no ha logrado eliminar el virus y cuando las autoridades consideren oportuno reabrir determinada cantidad de negocios y lugares para deportes y recreación, el COVID-19 no va a regresar a China, tampoco se concentrará en zonas donde podamos detectar su presencia y cuidarnos. El virus seguirá invisible y con la misma capacidad de supervivencia y propagación.

Extender el confinamiento crea una expectativa falsa de que el día que salgamos, sean semanas o meses después, estaremos protegidos.

La responsabilidad de cada persona y la disciplina social son las armas reales para combatir y eliminar de forma paulatina la pandemia. El confinamiento y el cierre fueron medidas que nos salvaron en un momento crucial, evitaron miles de muertes y limitaron la capacidad de contagio del COVID-19; los hospitales en Florida no han visto la avalancha de pacientes que se esperaba, los recursos en algunos lugares han escaseado e incluso ha habido protestas del personal sanitario por no recibir la protección adecuada, pero no ha sido el caos de Italia ni España. Y a pesar de las críticas y exigencias, las autoridades locales, estatales y federales han actuado con inteligencia, serenidad y responsabilidad.

¿Es oportuno reabrir de forma ordenada y controlada la economía de Florida? ¿Es oportuno reabrir poco a poco el país?

Parte de las respuestas del por qué las cifras aún no descienden de forma consistente es que muchos –en un principio- tomaron el nuevo coronavirus a la ligera y no cumplieron las recomendaciones de las autoridades sanitarias. Los residentes contagiados y asintomáticos ayudaron a propagar el virus, tampoco aparecen en las listas oficiales de diagnosticados.

El flujo durante la pandemia

Cuando la pandemia azotaba Nueva York, Nueva Jersey y California, cientos de personas viajaron a esos lugares y regresaron a Florida, miles bajaron directamente a este estado en busca de refugio y atención médica cuando los hospitales comenzaron a colapsar en el norte.

Los vuelos a Cuba continuaron hasta que el régimen de La Habana decidió cerrar. El turismo que recibe la Isla proviene fundamentalmente de Italia, España, Canadá y Estados Unidos. Como en China, las cifras que ofrece el gobierno cubano han sido siempre manipuladas a su antojo e intereses políticos. Desde Miami, Fort Lauderdale y Tampa cientos de cubanos fueron a visitar a sus familias y retornaron, igual sucedió con ciudadanos de otros países.

Estados Unidos, sin alarmismo, sufre índices económicos de recesión y lo peor está por venir. Una reapertura tardía implica agudizar la crisis socioeconómica creada por la pandemia, implica que la recuperación demore mucho más y a su vez, acreciente el sufrimiento de millones de familias sin sustento económico.

Al igual que oxigenar la sangre en nuestro organismo para mantenernos vivos, el país busca también oxígeno para vivir. EEUU ha demostrado su potencial para salir de las crisis cíclicas, pero esta es muy diferente, en un mundo moderno de grandes exigencias y una población mundial de casi 7.800 millones , cuya primera causa de muerte son las enfermedades de las arterias coronarias. En lo que va de año, han fallecido ya casi tres millones de personas en el planeta por esta causa. La segunda son los accidentes cerebrovasculares; más de 2 millones han muerto este año. El total revela unos 5 millones de decesos por esos dos motivos en los primeros cuatro meses del 2020.

Así dijo la actriz, cantante y directora teatral argentina Nacha Guevara: “Estos son tiempos de palmeras. Las palmeras durante huracanes y tormentas son flexibles, se doblan muchísimo, parece que no van a resistir; sin embargo, cuando la tormenta pasa se elevan, siguen ahí (…) Tienen la inteligencia de abrir sus hojas para que el viento pase, para torearlo, y le permita vivir; saber fluir con lo que viene y adaptarse al momento que la vida nos puso por delante. Seamos como las palmeras”.

La responsabilidad individual, social y la protección sanitaria serán ahora nuestra cobija, nuestra defensa, porque millones de personas en este país y en el mundo no queremos morir; Estados Unidos tampoco.

leomoralesdla@gmail.com

Origen: diariolasamericas

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