Por qué las sociedades con aspiraciones son mejores que las envidiosas

Si se desviara hacia una sociedad con aspiraciones, ¿veríamos menos discusiones y más prosperidad entre sus ciudadanos?

Jon Henschen

Cuando una sociedad siente que la solución a la pobreza es que los pobres tengan la oportunidad de hacerse ricos mediante el trabajo duro y la superación personal, tienes una sociedad con aspiraciones. Se podía clasificar con este término a los Estados Unidos hace tiempo, pero en los últimos años, se ha transformado en una sociedad envidiosa.

Las sociedades con aspiraciones actuales incluyen a Hong Kong, Singapur, Corea del Sur, Suiza y Chile.

En cambio, Francia es una sociedad consumida por la envidia. En Francia, es muy común que los vecinos llamen a las autoridades por envidia alegando que su vecino no paga impuestos porque instaló una piscina o compró un carro caro. Esta envidia proviene de la mentalidad de que la economía es un pastel y la desigualdad resulta si alguien recibe una porción más grande del pastel económico.

En lugar de centrarse en mejorar, los envidiosos creen que su camino hacia la felicidad está ligado al destino de aquellos a los que envidian.

Sin embargo, lo que a muchos les falta por comprender es que la economía no es un pastel, sino miles de pasteles, con inventores y empresarios que hacen nuevos pasteles a medida que innovan, mientras que los pasteles obsoletos se desvanecen.

Desafortunadamente, la envidia socava la felicidad y la satisfacción, robando al individuo la capacidad de disfrutar y estar agradecido por la buena fortuna. Este estado mental no sólo perjudica al envidioso, sino también a aquellos a los que se dirige la envidia.

Pero la envidia ha sido convertida en una virtud por los políticos, que la reconocen como una forma de ganar poder y control sobre poblaciones desprevenidas. En lugar de centrarse en mejorar ellos mismos, los envidiosos creen que su camino hacia la felicidad está ligado al destino de aquellos a los que envidian. En esencia, su felicidad aumentará si pueden derribar a otros, una actitud que va en contra de una sociedad próspera y obstaculiza el progreso social.

Hablando de este tema, el académico Tony Esolen señala:

Si dejamos de lado nuestro igualitarismo políticamente correcto, esa antipolítica de la envidia universal, podemos ver por qué el odio al bien ajeno no sólo perjudica a la comunidad, sino que destruye los cimientos mismos sobre los que debe construirse una comunidad. Eso es porque claramente no estamos dotados de la misma fortuna, talentos, salud e industria. Y debemos dar gracias a Dios por esa desigualdad, ya que Él es quien la ha querido.

Las sociedades con aspiraciones se dan cuenta de que tener las mismas oportunidades para que todos tengan éxito mediante el trabajo duro, permitiendo así a los pobres enriquecerse, se fomenta cuando los gobiernos proporcionan un marco legal, estructural e institucional de apoyo. Los hilos comunes en las sociedades actuales, que se mueven hacia arriba, son un gobierno pequeño, impuestos bajos, pocas regulaciones gubernamentales, estado de derecho, dinero sólido, eficiencia empresarial y libre comercio. Las sociedades con aspiraciones responden a la desigualdad trabajando para remediar lo que le falta al individuo en lugar de intentar arrebatárselo a otros o mediante una revolución destructiva.

El hecho de que los EE.UU. tengan cierta apariencia de sociedad con aspiraciones puede verse en el artículo “El vicio de la envidia”, del autor Rod Dreher. En él, Dreher comparte cómo un amigo parisino emigró a los EE.UU., por frustración. Explica que la cultura de la envidia era terriblemente destructiva en Francia. Fue etiquetado como un tramposo de impuestos porque conducía un buen carro. Francia destruyó tanto su incentivo para trabajar, que vino a América y construyó un negocio exitoso, por lo tanto, empleando a muchos.

La verdadera “justicia social” no debería consistir en el igualitarismo, sino en trabajar para ver a la gente justamente recompensada por su trabajo.

Pero mientras su negocio prosperaba en América, Francia experimentaba disturbios por la edad de jubilación y la duración de la semana laboral. Dado que los trabajadores franceses tienen 24 días de vacaciones pagadas frente a 10 en los EE.UU. no es difícil ver por qué el amigo parisino de Dreher abandonó el barco y se dirigió a Norteamérica para iniciar un negocio.

Tal acción no era necesariamente justa o injusta, tampoco. Hay una falsa suposición de que la justicia requiere igualdad en todas las cosas. Pero como señala Dreher, el igualitarismo puede ofender enormemente a la justicia y convertirse en un desastre para todos. Una sociedad justa es aquella en la que existe inevitablemente cierta medida de desigualdad. Por lo tanto, la verdadera “justicia social” no debería consistir en el igualitarismo, sino en trabajar para ver a las personas justamente recompensadas por sus trabajos, lo que las sociedades con aspiraciones hacen bien.

Si Estados Unidos retrocediera hacia una sociedad con tales aspiraciones, ¿veríamos menos discusiones y más prosperidad entre sus ciudadanos?

Origen: fee.org.es

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