Ni ángel ni demonios

Ricardo Roa

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Diego Maradona ahora es un ángel y tres rugbiers antes tuiteros racistas ahora son demonios.


Más popular que Jesús: la frase de John Lennon le calza justo a Maradona. Mito, divinidad, el Diez es objeto de culto en todo el mundo y no homenajearlo es un pecado imperdonable. Los Pumas han cometido ese crimen. Y desde el cielo de las redes les cayó un tremendo castigo.

Maradona, como Lennon, es el héroe plebeyo. Nunca será alcanzado por Messi, y no por razones futbolísticas. Sir Paul McCartney tampoco logrará la devoción que recibe Lennon y es una injusticia musical. Pero en el partido del reconocimiento afectivo juegan las pasiones que provocan tanto admiración como identificación.

Acaban de aplicarle la política de prontuario a tres jugadores por cosas que tuitearon cuando eran adolescentes y no borraron. Grasas. Mucamas. Peruanos. Paraguayos. Negros. Judíos. Esos tuits abarcaron casi la gama completa de prejuicios y racismo que habla más mal de nosotros que de a quienes quiere dirigirse. Y que expresan algo que trasciende al rugby: el racismo y el sesgo discriminatorio están más extendidos en la sociedad de lo que habitualmente se quiere reconocer.

Eso no exime de culpa a los jugadores que escribieron lo que escribieron ni tampoco que entonces tuvieran menos de 20 años. No hay más o menos racismo, hay racismo. Maradona también dijo muchísimas veces frases horribles. Desde el celebrado la tenés adentro hasta el desprecio de hijos que supo concebir pero no reconocer: “Mis hijas legítimas son Dalma y Gianinna. Los demás son hijos de la plata o de la equivocación”.

¿Quién tuvo la memoria, el tiempo o la intención deliberada de ir a rescatar esos tuits? Posibilidades que no se agotan en estas tres:

1. Venganza de maradonianos que consideraron un desprecio la módica cinta de luto de Los Pumas comparada con una camiseta de los All Blacks con el 10 y su nombre visible en la cancha.

2. Internas del mundo del rugby.

3. Política para distraer el desastre que cometió el Gobierno al velarlo. Convocó a una multitud para un velatorio que apenas duró medio día y encima Cristina ordenó cerrar la Rosada con hinchas y barras adentro. No fue peor porque los barras no quisieron.

Los rugbiers pidieron perdón. Es creíble pensar que cambiaron como cambió al menos una parte de nuestra sociedad. Juzgarlos hoy por lo que escribieron hace 10 años es negarles la posibilidad de haber cambiado. Maradona se arrepintió poco o nada.

El rugby es un deporte de elite. Los jugadores de Los Pumas no vienen de Villa Fiorito. Hay una impronta de clase y también espíritu colectivo y amateurismo. Además, se sostiene en una endogamia particular, aunque a veces esa suerte de exaltación del grupo del equipo se acerca a la pandilla como pasó con el atroz asesinato de Fernando Báez Sosa este verano en Villa Gesell.

Con menos de 20 años, en los ambientes de Pablo Matera, Guido Petti y Santiago Tosino pueden haber soplado vientos racistas. Ese pasado ahora los condena como si fueran demonios. El Diez no se juzga. Cuesta encontrar una feminista que lo critique. Está por encima de todo. Más allá del bien y del mal.

La muerte tiene la costumbre de equilibrar. El olvido se mezcla con la memoria y después gana generalmente el olvido, no el del muerto sino de lo que el muerto hizo y no gustó. Y con algunas personalidades excepcionales la muerte deja paso a un proceso de santificación. Pero ni Maradona fue un ángel ni estos rugbiers son demonios.

Origen:CLARIN

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