Por qué a los latinoamericanos nos conviene decir que hablamos español y no castellano

Paula Conde

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Según el lingüista Santiago Kalinowski, el español, en tanto lengua, quedaría asociado únicamente a un país: España.

¿Podría en Argentina suceder algo similar a lo de España, que acaba de dar media sanción a una reforma de una Ley de Educación que elimina el castellano como “lengua vehicular para la enseñanza” y habilita las lenguas regionales (catalán, vasco, etc.) para aprender en los colegios? ¿Podría Argentina tener más de una lengua oficial como Paraguay (que es bilingüe), Bolivia (con 37 idiomas oficiales) o México (con 68 lenguas nacionales)? ¿Por qué a los latinoamericanos nos conviene decir que hablamos español y no que hablamos castellano?

Español y castellano son los dos nombres que hay para la lengua que hablamos todos, aclara a Clarín, de entrada, el lingüista y docente Santiago Kalinowski, miembro de la Academia Argentina de Letras, pero que habla a título personal. “Cierta progresía de Argentina piensa que si decís castellano, tocás el cielo con las manos, como que está siendo antiimperialista y estás defendiendo al pueblo. Decirle castellano a la lengua española tiene un efecto adverso muy importante que es que si insistimos con decirle castellano, internacionalmente, se asocia el nombre español con el país España y eso es algo que tenemos que evitar a toda costa, porque la realidad es que la lengua no tiene que estar asociada con un país”. Podría pasarle lo mismo al inglés: podría quedar asociado únicamente a Inglaterra. Y no.

“Desde el punto de vista político, lo más radical, lo más correcto es llamarle a todo español. Si hay un hablante de español en el litoral que dice ‘gurí’, esa palabra viene del guaraní, cuando pasa del guaraní a su léxico de hablante español se convierte en una palabra en español. Como gesto político no hay nada más potente que eso, porque sobre la base de decirle español a todo es que se corta la asociación prioritaria que tiene la lengua con un país. Y el imperialismo es eso: el imperialismo lingüístico es asociar prioritariamente una lengua con uno solo de los 23 países que tienen el español como lengua oficial”, sostiene.

E insiste: “La realidad es que decirle castellano es entregarle la pelota picando para que ellos hagan el gol. Es allanarles el camino para todos los sectores que dentro de España quieren que exista una asociación entre la lengua española y un país prioritario. Para esos sectores que nosotros digamos castellano les viene bárbaro, los estamos ayudando. Nos estamos plegando a su proyecto de imperialismo lingüístico”.
¿Por qué Argentina tiene una sola lengua oficial?

“Se instaló la idea de que somos un país monolingüe y eso es un proyecto político, que tiene que ver con la integración nacional, el unitarismo, cuando la realidad es que somos un país plurilingüe como Bolivia”, explica Kalinowski. “A lo largo de la historia las lenguas de los pueblos originarios sufrieron una enorme violencia simbólica y no simbólica, existieron verdaderas prohibiciones lingüísticas para tratar de imponer el proyecto de la Argentina monolingüe, que se basaba en la supresión y negación del otro. Se suponía que el argentino modélico era un argentino de determinadas características, que hablaba español, que sufrió cimbronazos porque un cuarto de la población a principios del siglo 20 era inmigrante”.

Es decir que a la luz de las ideas de la Revolución Francesa, según el lingüista, “los proyectos criollos eran europeízantes y eso implicaba un aplastamiento de la identidad propia. Pero las lenguas no se prohíben, aunque se pueden ejercer violencias, traumas. Hay generaciones que eligen no aprender sus lenguas o no les hablan en determinada lengua para evitarles el estigma que acarrea la misma, como sucede hoy en Estados Unidos con los inmigrantes que hablan español que no les hablan en español a los hijos para que no lo hablen, porque eso es una desventaja. Siempre la violencia lingüística es sobre la persona, porque las lenguas no están en el aire, sino en las personas, son las personas. La violencia sobre la lengua es violencia sobre las personas”.

Y, en este sentido, justamente, lo que sucede en España es que esas otras lenguas que no figuran como “oficiales” no se debilitaron, como sí sucedió en otros países como Italia, Francia y mismo en Argentina. “En un momento –profundiza el investigador– un pedacito de España dijo nuestra lengua es la lengua de todos, es un gesto imperialista fuerte, potente y violento. Pero es una pelea de ellos. Nuestra realidad es latinoamericana y es otra, con nuestras desigualdades y con la violencia que hemos ejercido sobre pueblos originarios. Son violencias históricas, que se ubican bajo el paraguas de la ‘Argentina monolingüe’, que, en su momento, le dio forma al proyecto nacional”.

Origen:CLARIN

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