Desilusión de los voluntarios: le pusieron el cuerpo a la vacuna del coronavirus de Pfizer y por ahora no llega a la Argentina

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Unos 6.000 argentinos participan desde agosto en el ensayo clínico en el Hospital Militar. Cuatro de ellos dan su testimonio.

Vanesa López

Unos 6.000 argentinos participan desde agosto en un ensayo clínico que se realiza en el Hospital Militar para evaluar la seguridad y eficacia de la vacuna de Pfizer y Biontech contra el coronavirus. Pero, por ahora, su llegada a nuestro país está rodeada de incertidumbre.

Argentina aún no logró cerrar un acuerdo con Pfizer. Y el ministro de Salud de la Nación, Ginés González García, aseguró este martes que las negociaciones se trabaron porque desde la empresa pidieron “condiciones inaceptables”. Estas novedades pesan -y mucho- entre los voluntarios del ensayo clínico.

Por ejemplo, la locutora María Isabel Sánchez decidió participar en el estudio para -desde su rol de comunicadora- “ayudar a que la gente se animara”. Pero ahora dice sentir “desilusión, tristeza y enojo”.

“Todos los que hicimos esto lo hicimos para que la Argentina tenga la oportunidad de tener las vacunas lo antes posible. Y ahora resulta que no”, comenta Sánchez.

“Entonces uno siente que todo fue un poco inútil. Que el país se haya prestado y que 6.000 personas se hayan prestado al testeo sin saber los resultados, y que ahora la vacuna no esté para nosotros, es terrible”, completa la locutora.

Todo, poniéndole el cuerpo. Porque en la primera dosis María Isabel tuvo una pequeña reacción local en el brazo, de enrojecimiento, calor y dolor. Para la segunda dosis ya le habían avisado que, al ser como un refuerzo, podía provocar más síntomas. De hecho, al día siguiente de aplicársela sufrió dolor corporal y cansancio.

Por su parte, el abogado Alberto Domínguez dice estar “decepcionado” porque –según sostiene- los argentinos que participaron en el ensayo clínico no recibieron felicitaciones de ninguna autoridad nacional, provincial, e incluso tuvieron “indiferencia de parte de la sociedad”.

“En otros países aplaudieron a los que se están poniendo la vacuna, pero a los voluntarios nadie nos aplaudió ni felicitó. Y sin voluntarios no hubiera habido vacuna”, comenta quien tiene 60 años, sufre de asma, y aun así decidió someterse a la prueba. O, en sus propias palabras, ser un “conejillo de indias”.

“En mi caso, tuve un baile lindo con la segunda dosis que es la más fuerte y me dieron los efectos colaterales que se indican en los formularios de consentimiento. Estaba en la habitación tiritando, me subió un grado y medio la fiebre, tuve picazón, y dolores”, explica.

Consultado por la falta de un cierre en las negociaciones, el abogado cree que “el Gobierno argentino coqueteó con Rusia, con AstraZeneca y no le dio bola a la vacuna de Pfizer” y que, por lo tanto, “ahora tiene que andar mendigándola”.

De todos modos, Domínguez no pierde la esperanza. “La vacuna (de Pfizer) la van a dar. Tarde o temprano va a llegar a la Argentina. Pero no va a llegar ahora”, pronostica.

A los 72 años, Graciela decidió someterse a la prueba, a pesar de las dudas de su hija y la negativa de su nieta mayor. Habló con Clarín en varias etapas de este proceso y siempre se mostró optimista. Este miércoles, en charla telefónica, conocimos a otra Graciela.

“Estoy con incertidumbre y por momentos enojada. No puede ser que nos digan que va a venir la vacuna y no viene”, indica con voz firme. Y así continúa: “Yo no le tengo confianza a la vacuna rusa. Me da pena por la gente que está con ansiedad y ahora vienen a decirle que no hay aviones (para traerla)”, señala en referencia a las declaraciones del ministro sobre las dificultades con el traslado aéreo.

Consultada por la situación particular de la vacuna de Pfizer, Graciela la pone en la misma balanza. “Si no hay plata, no va a venir ninguna vacuna a la Argentina”, analiza y se queja de la actitud del Gobierno: “Esto es una risa”.

“A mí no me molesta ser voluntaria. Yo estoy feliz por lo que hice. No estoy desilusionada con Pfizer, para nada. Pero no sé cómo van a vacunar a la gente. Con qué la van a vacunar. No quiero que sigan ilusionando al pueblo con algo que no van a hacer”, cierra la mujer.

“Ojalá que (la vacuna de Pfizer) hubiese llegado ya”, sostiene Harry, un voluntario de 66 años que prefiere no publicar su apellido. “Quisiera que llegue la de Pfizer primero porque yo le puse el cuerpo. Tengo la camiseta puesta, me encariñé con el laboratorio”, continúa.

Harry decidió sumarse al ensayo clínico “para aportar algo”, para “poner mi granito de arena”, para “poner el hombro”. Y su experiencia fue positiva: dice que lo trataron muy bien y que solo tuvo una reacción alérgica, aunque la atribuye al hecho de comer huevo.

“Me imaginaba que ya tendría que estar (la vacuna en nuestro país). Pero leí en el diario que pasó algo entre el laboratorio y el Gobierno y entonces no la van a traer por ahora. No sé. Al leer eso me dio un poquito de bronca que no se pongan de acuerdo”, comparte.

De todos modos, asegura “no tener ningún problema” con la vacuna rusa, ya que no le importan las nacionalidades. “Lo que me interesa es la efectividad, que sea buena. Quiero que venga cualquier vacuna y que venga pronto”, cierra el voluntario.

Mientras Argentina no ha podido cerrar un acuerdo con Pfizer para que la vacuna llegue al país, otras naciones ya la están recibiendo o su arribo es inminente. Reino Unido, Estados Unidos y Canadá ya están vacunando; Chile recibirá 10 millones de dosis; México tendrá antes de fin de año las vacunas para inmunizar a las primeras 125 mil personas; la Unión Europea aprobará la vacuna el 21 de diciembre y Alemania anunció que comenzará a aplicarla el 26 de este mes.
Cómo fue el ensayo clínico

Unos 6.000 argentinos de entre 18 y 85 años fueron seleccionados para participar en el ensayo clínico, a partir de 20 mil voluntarios inscriptos en un formulario online.

El estudio -coordinado por el investigador Fernando Polack- prevé el seguimiento de los pacientes durante dos años con encuentros programados en el Hospital Militar. En total, cada participante hará unas seis visitas.

Solo la mitad de los participantes recibió la vacuna. La otra mitad obtuvo un placebo, que es una sustancia sin acción terapéutica. Se trata de un estudio a “doble ciego”, ya que ni los médicos ni los pacientes saben a quién le toca cada cosa. Eso le da mayor objetividad a la prueba.

Los voluntarios no reciben dinero. Están cubiertos con un seguro médico exclusivo, algo que firman junto al consentimiento. Y pueden abandonar el estudio cuando quieran.

Para llevar adelante este programa, más de 700 personas trabajan en la atención médica, las consultas diarias y los traslados de los voluntarios desde el domicilio hasta el Hospital Militar y viceversa. Recibieron una capacitación especial para este estudio.
Origen:CLARIN

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