La lucha de Yulia Navalnaya, mujer del opositor ruso Navalny, madre de sus dos hijos y enemiga de Putin

La pareja se conoció cuando ambos tenían 22 años. Llevan la mitad de su vida juntos y buena parte de ella luchando contra el presidente ruso.

POR A. S

Alexei Navalny y Yulia Navalnaya, en Moscú en 2013.© GTRES

Yulia Navalnaya conoció a Alexei Navalny, considerado el principal opositor del presidente ruso Vladimir Putin, poco después de terminar sus estudios de Relaciones Internacionales en la Universidad de Economía de Plekhanov. “Hace 22 años conocí no solo al verdadero gran amor sino también a mi mejor amigo”, contaba hace unos días en Instagram parte de su historia de amor acompañada por esta imagen de ambos en Moscú.

Explicaba que se conocieron cuanto tenían 22 años, ahora han cumplido 44, y que a pesar de contar con la misma edad, “él se convirtió inmediatamente en mi guía de vida. Es fuerte, decidido, sabio y decente. Siempre está del lado de la verdad. También es increíblemente valiente”, describía al activista. El post le servía a Yulia para anunciar que el 23 de enero -el sábado pasado- saldría a las calles de Moscú para protestar “por nosotros, por él, por nuestros hijos, por los valores e ideales que compartimos”. Toda una declaración de amor, por “22 años de absoluta felicidad. Lesha, eres mi alma gemela”. “Me casaré con un político increíble y muy talentoso que hace que Rusia sea mejor a pesar de todo. Me voy a casar con un tipo que hace chistes graciosos en Twitter y hace investigaciones geniales. Me casaré con un hombre valiente y valiente que es acosado y asesinado, y él, a pesar de todo, nunca se rinde. Me casaré con una persona a quien amo mucho”, continuaba.

Nacida en Moscú e hija de un científico y una empleada del ministerio de bienes de consumo, trabajó en un banco antes de que naciese su primera hija, Daria, que ahora tiene 20 años y estudia en la Universidad de Stanford en Estados Unidos; y ayudó a los padres de Navalny a vender muebles en el negocio familiar hasta que nació el segundo hijo de la pareja, Zahar (13), y Navalny se convirtió uno de los más destacados críticos del gobierno de Putin en Rusia. Entonces Yulia entendió que su vida junto a Alexei iba a ser muy intensa, y decidió dedicarse a la familia.

Siempre ha sido una mujer discreta que se ha mantenido al margen de la vida pública y política de su marido, con la excepción de 2013, cuando apoyó su candidatura a la Alcaldía de Moscú – logró el 27,24% de los votos-. “En Rusia no vemos a las esposas de los políticos en las protestas, pero la política irrumpe en la vida de las familias, te guste o no”, dijo Navalnaya que después comprobaría hasta qué punto sus palabras iban a ser reveladoras para su familia. Un año después, Navalny fue juzgado por malversación de fondos, le bloquearon las cuentas y a punto estuvo de ser condenado a tres años y medio de prisión; sentencia suspendida sobre la que la Justicia rusa decidirá el próximo mes de febrero.

Navalny ha continuado todo este tiempo con su lucha contra Putin sucedida de continuas detenciones y vigilancia constante. Según una investigación de CNN-Bellingcat, un equipo de inteligencia ruso lo siguió a al menos 17 ciudades desde 2017. Se cree incluso que Yulia pudo ser envenenada durante unas vacaciones el año pasado en las que enfermó sin que se supiera la causa exacta.

El envenenamiento de su marido el pasado verano cuando regresaba a Moscú desde Siberia fue mucho más grave y provocó que Yulia se haya convertido de forma inevitable en protagonista de la historia. Nada más aterrizar y ser hospitalizado, inconsciente y en estado grave, su portavoz habló de un supuesto envenenamiento en su té, lo único que había bebido el opositor ruso. Francia y Alemania se ofrecieron para acogerle y ofrecerle atención médica. Yulia escribió a Putin exigiéndole, a pesar de creer que él está detrás del envenenamiento y las continuas negativas del Kremlin, que permitiera a Navalny abandonar un país en el que creía que estaba en peligro. Putin aceptó y la pareja, él en coma inducido, voló a Berlín. Ella no olvidó llevar consigo algunas de las pruebas que acabaron siendo cruciales para identificar la sustancia del envenenamiento, un agente químico nervioso de la familia Novichok. “Yulia, me salvaste”, le agradeció el activista opositor ruso en Instagram, previa declaración de amor y descripción de cómo le cuidó durante sus días ingresado en Berlín y cómo salió del coma. Un mes antes habían celebrado 20 años de su boda.

Hace algo más de una semana, el 17 de enero, regresaron a Rusia tras cinco meses de recuperación en Alemania. Yulia publicó un día después en Instagram: “Lyosha, cuando te envenenaron, escribí que nos las arreglamos con todo, nos las arreglaremos. Y ahora puedo decir lo mismo, y quizás incluso tengas tiempo de leerlo, a diferencia de la última vez: no hay nada que no podamos afrontar. ¡Definitivamente todo estará bien!”

Desviaron el avión en el último momento al aeropuerto de Sheremetyevo de Moscú donde fue detenido nada más aterrizar acusado de incumplir las condiciones de la condena de corrupción suspendida. “[Alexey] no tiene miedo, no tengo miedo, y yo insto a todos a no tener miedo tampoco”, dijo Yulia a los periodistas que los esperaban en Rusia.

Hace una semana la detuvieron entre los miles de manifestantes que protestaron Moscú y otro centenar de ciudades en apoyo a su marido. La liberaron tras publicar un selfie en Instagram acompañado de: “Disculpas por la mala calidad. Muy mala luz en el furgón”.

Este domingo la han vuelto a detener, ha publicado The New York Times, después de publicar una foto camino a otra de las muchas protestas que previstas en Rusia.

Antes de que esto ocurriera, justo después de que un oligarca ruso haya asegurado que “el palacio más caro del mundo” que Navalny vincula con Putin diga que le pertenece, Yulia ha publicado esta imagen:

El texto dice: “Esta es mi familia. Los dos jóvenes honestos en esta imagen son arrestados demostrativamente sin ninguna apariencia de ley. Uno por el hecho de que intentaron envenenarlo y se atrevió a sobrevivir. El segundo fue tomado como rehén porque tiene el mismo apellido: Navalny. Si guardamos silencio, mañana vendrán por cualquiera de nosotros. En un búnker de 16 pisos con un aquadiskoteka, una persona asustada al azar decide nuestro destino: encarcelará a alguien y envenenará a alguien. No tiene por qué ser así. Y no lo hará”.

Origen: vanityfair.es 

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