La escasez y los precios topados por el Gobierno convierten al mercado negro en Cuba en la válvula de escape para conseguir lo que se necesita

La escasez y los precios topados por el Gobierno convierten al mercado negro en Cuba en la válvula de escape para conseguir lo que se necesita

Desde su confortable finca (dúplex de concreto, amplio portal y un contenedor de carga marítima transformado en nevera para guardar la cosecha), Eusebio habla sobre la escasez de viandas y hortalizas en el país.

Comenta indignado que es imposible que en Cuba no haya suficiente comida si la mayoría de viandas y vegetales se dan solos cuando hay suficiente lluvia, da igual si la tierra es o no suficientemente fértil. Eusebio culpa categóricamente al Gobierno por la escasez de comida, debido a su obstinación con mantener un sistema de trabajo agrícola obsoleto y autoritario que solo logra que cada vez menos gente quiera labrar la tierra.

El productor independiente fue muy incisivo con un detalle: el que trabaja tiene que ser el dueño, si no, no tiene sentido. No hay escasez de tierra, no se necesita tanto fertilizante, solo conocimiento y esfuerzo.

El Gobierno está empecinado con una estructura de prohibiciones y obstáculos para los productores; al final, no ha sido beneficiosa para el Estado ni para los campesinos, es prohibir por prohibir.

Aseguró que las UBPC (Unidades Básicas de Producción Cooperativas) nunca fueron verdaderamente productivas, y arrendar un pedazo de tierra a un productor por unas cuantas décadas y colapsarlos con limitaciones y trabas tampoco ha sido la solución.

Un campesino debería ser capaz de comprar y rentar su tierra y poder hacer con ella lo que mejor entienda, que para eso es él el que la trabaja. Entre las normativas de precios topados, las prohibiciones para comercializar con productos de ganado vacuno y la abrumadora cantidad de inspectores andando, no hay quien produzca.

Eusebio alegó que los productores independientes dueños de sus tierras en Cuba representan un 25% del total de campesinos y producen más del 75% de lo que se consume en el país.

La mayoría de los trabajadores del sector coinciden en que el Estado lleva décadas haciendo todo mal y no aprende, y que la tierra deberá ser cedida sin trabas a los productores que las quieran trabajar. Además, debería ser posible pagar a plazos la adquisición de artículos y herramientas de labranza, regadíos y maquinarias.

El Estado también debería subsidiar los servicios básicos como la electricidad y dejar de vender los insumos en dólares.

La elevación de impuestos y demás trabas ha disminuido significativamente la producción agrícola de los dos últimos años. La realidad evidencia que la respuesta del Gobierno siempre ha sido imponer más restricciones e inspecciones en vez de ceder a razonamientos lógicos.

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La producción azucarera actual es una vergüenza cuando se toma en cuenta que Cuba fue durante siglos la mayor industria azucarera del mundo y la de mayor rendimiento por hectárea. Ahora hay que importarla.

Las tarimas de los agromercados están desoladas y se debe, en gran parte, a las desacertadas políticas agrarias, las que incluyen los topes de precios para agros particulares, estatales o cooperativas.

El agro de Vía Blanca y Primelles, frente a la Ciudad Deportiva, en la mañana de viernes solo ofertaba plátanos machos pequeños y escachados, tomates verdes, lechuga mustia, y piñas ácidas y diminutas; todo a precios que no valían ni el disgusto de tener que comprarlos. Y así en todos los establecimientos: puede que ofrezcan diferentes productos, pero los precios estarán siempre por las nubes y la calidad, por el piso; es inútil intentar buscar ofertas menos insultantes.

Mientras, se ha desarrollado el método de venta: el dependiente lista, en voz baja, los productos de los que dispone, todos a precios muy por encima de los topados y de lo sensato y, si el cliente accede, se le entrega en su casa en menos de media hora.

Los vendedores han optado hasta por ofertar sus productos por grupos de Telegram y WhatsApp, por el aumento de inspectores, policías y boinas negras que vigilan a los comerciantes para que no suban los costes. En esos grupos, una compra promedio alcanza a costar más de 500 CUP, sin contar el servicio a domicilio. Aún así, no suple las necesidades porque la compra no llega para más de una semana en una familia de más de tres personas, los precios son exagerados y la calidad tampoco mejora en gran nivel.

Una una ristra de cebollas o de ajos cuesta unos 700 CUP, y ni siquiera la más cargada o vistosa, y pasa lo mismo con casi todos los productos debido a los múltiples factores que provocan el desabastecimiento actual. Puede que muchos, especialmente los jubilados y otras personas vulnerables, no puedan asumir los precios, ni del mercado estatal ni del informal, lo que puede generar una ola de desnutrición en el país en el futuro cercano.

Origen: cubacute.com

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