Cuando rompimos, me volví completamente loca: Amy Winehouse y Blake Fielder-Civil, una historia de obsesión, drogas y ¿amor?

La cantante británica mantuvo una relación turbulenta y polémica con el joven que duró hasta su fallecimiento, un día como hoy hace 10 años.

Cuando Amy Winehouse conoció en un pub del barrio londinense de Camden Town al hombre por el que perdería la cabeza, ella ya tenía una carrera artística. Corría el año 2005 y la carismática cantante había lanzado un disco titulado Frank —que fue bastante aclamado por la crítica y estaba lleno de temas que versaban (principalmente) sobre el desengaño amoroso que acababa de experimentar con su primer novio, el periodista Chris Taylor—. “Yo estaba en el bar y entró ella. Jugamos al billar y nos fuimos a otro pub. Luego volvimos a casa de Amy. Ambos estábamos saliendo con otras personas, pero no pensé en ello como en una infidelidad. Solo la veía como una chica muy caliente. Yo era así”, explica Blake Fielder-Civil en el documental Amy (2015).

Mujeriego, fiestero y adicto a las drogas, se ganaba la vida trabajando como auxiliar en una productora de videoclips. Poco que ver con Amy, una dulce, carismática e inteligente joven de 21 años con cierta falta de autoestima que había abandonado los estudios para dedicarse de lleno a la música. La cantante, que al poco de toparse con Blake dejó a su novio, pasó el verano de aquel año sin separarse apenas de su nueva conquista, por quien sintió una atracción inmediata. La obsesión era tal que apenas un mes después de conocerlo se tatuó su nombre sobre el pecho izquierdo.

“Me gustaba hacerme daño, y creo que a Amy también”, afirmó luego Blake. “Iba en nuestros genes. Le preguntaba por qué era tan promiscua y por qué era como un hombre en cuanto al sexo. Eso indica que alguien ha vivido un episodio traumático, quizá de índole sexual. Viendo su comportamiento, tenía sentido. Ella decía: ‘Por nada. No abusaron de mí cuando era una niña ni nada parecido’. Y afirmaba que todo era porque su progenitor (Mitch Winehouse) abandonó a su madre y eso le impidió ver a su padre. Lo entendí. Cuando tenía nueve años, me corté las venas. No sé si quería morir o que mi madre dejase a mi padrastro. Amy y yo nos parecíamos”.

La relación entre ambos parecía inquebrantable. Amy estaba tan ciega de amor que, cuando Blake se cortó con el filo de una botella durante una juerga salvaje, tuvo que cortarse ella también. “Haré lo que tú hagas. Quiero sentir lo que sientes tú”, le dijo. Pero la cosa empeoró el día que Blake le mandó un mensaje para comentarle que no quería dejar a su novia y que era mejor continuar simplemente como amigos. “Cuando rompimos, me volví completamente loca, era una imprudente. Enloquecí. Todo me recordaba a él. Buscaba algo en la nevera y lo veía. Subía las escaleras, veía sangre en las paredes y pensaba en él; pero era de mis puños”, contó ella después.

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Origen: vanityfair.es

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