Cultura – Artistas afganos bajo amenaza Talibán, mientras el arte vence en ‘Bienalsur Argentina’

Vídeo por:Janira Gómez Muñoz

Represión, muerte, exilio. Los creadores de Afganistán no son ajenos a la realidad de estas palabras, que no dejan de resonar con la llegada al poder de los talibanes. Tras su conquista de Kabul, a la grafitera Shamsia Hassani y a la directora de cine Sahraa Karimi no les quedó otra que marcharse. Huida a la que no pudieron optar ni el comediante Nazar/Khasha ni el cantante Fawad Andarabi, ejecutados por el grupo. La película del año ‘Annette’ y Natalio Cosoy desde San Juan completan la crónica.

Esta semana, en Cultura viajamos de Afganistán a Argentina para recordar que pese a la oscuridad de una realidad el arte, la cultura en general, siempre mantiene su luz. Ya sea desde fuera del país de origen, como es el caso de las mujeres afganas mencionadas, que además de por su denuncia son y fueron perseguidas por el Gobierno y los talibanes debido a su género; o ya sea desde el territorio natural.

Aquí entra la tierra argentina, desde donde surgió la bienal internacional de arte contemporáneo Bienalsur, la cual este año, y pese a las ausencias, ha hecho frente a la pandemia con un «arte global en clave local». Así lo indica nuestro corresponsal y enviado a San Juan Natalio Cosoy, que firma el siguiente texto.

Jóvenes en la instalación artística de Bienalsur en San Juan, Argentina.
Jóvenes en la instalación artística de Bienalsur en San Juan, Argentina. © Ricardo Dawson

Este 2021 se lleva a cabo la tercera edición de Bienalsur, que nació en Argentina como una iniciativa de la Universidad de Tres de Febrero, pero se extiende a más de 124 sedes de 50 ciudades del mundo, con las obras de unos 400 creadores. Eso en lo geográfico. En lo temporal, se van sucediendo inauguraciones en diferentes sedes, que van construyendo el entramado global de la bienal.

Este 20 y 21 de agosto le tocó el turno a la ciudad de San Juan, capital de la provincia del mismo nombre, en el occidente del país y sobre la cordillera de Los Andes. Llevar a Bienalsur fuera de las capitales nacionales es parte del corazón del proyecto: ir a lo local para dialogar con lo global.

«Para nosotros tiene tanta importancia una exposición en un gran museo internacional, como una exposición en una ciudad del interior de cualquier país, porque nos permite llegar a la gente», enfatizó a France 24 el director de Bienalsur, Aníbal Jozami.

Además, dijo, «si lo global no tiene lo local, se convierte en la globalización de los grandes poderes, en la globalización de las grandes instituciones, nosotros estamos totalmente en contra de eso».

Así, en San Juan, las obras presentes, casi todas de artistas internacionales, contrastan con la ausencia de sus creadores, algo especialmente marcado en esta edición en la que la pandemia de Covid-19 impuso mayores restricciones.

«Prácticamente no trasladamos absolutamente ninguna obra de un país a otro, por motivos de la pandemia, pero también un poco como una actitud de trabajo, como una postura de trabajo, que lo importante es la experiencia estética que le ofrece esta exposición al espectador y no tanto el fetiche del objeto, del artefacto, museable o comercializable», le indicó a este medio Florencia Batitti, del equipo curatorial de Bienalsur.

Imagen del círculo recreado por Proyecto Baldío.
Imagen del círculo recreado por Proyecto Baldío. © Bienalsur

Si casi todas las obras de los diez artistas que participan fueron fabricadas en San Juan, como los dos dados de dos metros por dos metros y de 100 kilogramos cada uno del japonés Yutaka Sone (una referencia hiperbólica y en clave de humor al azar, a la pérdida de control) o la performance del belga Gert Robijns, ejecutada por sanjuaninos de Proyecto Baldío, queda abierta la pregunta: ¿de quién es la obra, de quién la performance?

«Pensar si hoy en nuestro mundo es posible todavía tener una actitud absolutamente desinteresada»

Para el colectivo Proyecto Baldío, cuyo nombre nació de su propuesta artística original de intervenir con arte los deshabitados terrenos baldíos, fue la primera experiencia de este tipo. «Fue tomar una obra de otro artista y repensarla y recontextualizarla acá en San Juan», le explicó a France 24 Carla Monguilner, miembro del proyecto.

La performance, que se llama ‘Reset Mobile’, fue realizada en una zona minera de la provincia. Sobre el suelo reseco se ve a Monguilner trazar un círculo. Desarrollan los curadores de la muestra: «El círculo es el arquetipo, una forma que conecta al hombre con el infinito. En el círculo principio y fin se solapan».

Martín Quiroga, de Proyecto Baldío, afirmó que les resultó interesante ser «como mano de obra para ese artista, para producir su obra en este lugar, en una mina, que está declarada patrimonio cultural, que está siendo reexplotada por una empresa de capitales extranjeros». Porque, agregó, «ese diálogo nos pareció muy interesante y fue también lo que nos motivó un poco a aceptar el trabajo».

Como dijo Batitti, se trató de «trabajar con una exposición internacional, con curadores internacionales, pero que la producción de la muestra fuera local y que diera trabajo y moviera, de alguna manera, y activara la economía local de San Juan».

Entregar la obra a otras manos, ceder, dar.

La muestra en el Museo de Bellas Artes Franklin Rawson, una de las dos sedes sanjuaninas de Bienalsur, se llama justamente ‘Dar y Dar’. Es, en frase de Batitti, una suerte de desafío que lanzan al público los artistas y curadores: «Pensar si hoy en nuestro mundo es posible todavía tener una actitud absolutamente desinteresada que lance hacia los demás una acción que no espere ninguna retribución».

«El arte no puede modificar la sociedad, pero el arte puede hacer pensar a la gente»

La otra sede de Bienalsur San Juan es la Casa Natal de Domingo Faustino Sarmiento, quien nació en esa ciudad en 1811 y es considerado el padre de la educación pública en Argentina. Allí se instaló la muestra ‘Un horno para dos mesas’, en un homenaje al artista conceptual argentino Víctor Grippo, quien falleció en 2002.

Dentro del edificio hay dos obras: ‘Naturalizar el hombre, humanizar la naturaleza’, una larga mesa cubierta de decenas y decenas de papas, junto a frascos y otros recipientes típicos de laboratorio, llenos de líquidos de colores; y ‘La comida del artista’, una mesa elegante, con seis platos en fila, con muy poca comida cada uno.

La otra obra, una performance, tuvo lugar en el patio. Fue una recreación de ‘Construcción de un horno popular para hacer pan’, que había realizado el propio Grippo en 1972, junto con el artista Jorge Gamarra y un trabajador rural de apellido Rossi. Ese año construyeron un horno de barro en la capital del país, Buenos Aires, para hornear pan y repartirlo entre quienes estuvieran allí. Argentina estaba gobernada entonces por una dictadura. La obra fue censurada y destruida.

Imagen del artista con el horno popular, en Buenos Aires, Argentina, septiembre de 1972.
Imagen del artista con el horno popular, en Buenos Aires, Argentina, septiembre de 1972. © Víctor Grippo / Jorge Gamarra

Las tres obras exhibidas en la Casa Natal de Sarmiento vinculan, entre otros, los temas de la alimentación, el arte, la naturaleza y la comunidad. En la inauguración estuvo presente la hija adoptiva de Víctor Grippo, Paulina Vera.

«Así como cuando Grippo la arma en el 72 y la destruye al otro día la policía porque generaba y visualizaba un montón de cosas que estaban pasando en ese momento histórico, esta obra siempre visualiza la necesidad y la posibilidad que tenemos las personas de formar comunidad», declaró a France 24.

Una comunidad que, en el caso de Bienalsur, también une presencias y ausencias, pasado y presente, lo local y lo global. Sus creadores llaman a esta edición de Bienalsur la «bienal de la resiliencia y la resistencia».

En ese sentido, hay muchos mensajes que este evento nómade se propone instalar en cada lugar en que recala; hay uno, tal vez, que sea el más revolucionario. Así lo dice Aníbal Jozami: «El arte no puede cambiar el mundo, el arte no puede modificar la sociedad, pero el arte puede hacer pensar a la gente y esa gente que empieza a pensar es la que va a modificar el mundo».

Una tarea que la bienal va haciendo sede a sede, ciudad a ciudad.

En Argentina, antes de la inauguración en San Juan –estará abierta hasta el 28 de noviembre– fue la de Salta, provincia del noroeste, vecina de Bolivia. El viernes 27 de agosto se inauguró una muestra de la bienal en la Ciudad de Buenos Aires. Y luego le seguirán las ciudades de Córdoba y de Rosario, en el centro del país.

Cada una es representativa del todo, de esa red que la bienal busca establecer a nivel global, pero también se completa en las otras. Así, creciendo en la geografía y desplegándose en el tiempo se va constituyendo Bienalsur.

Origen: france24.com

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