Miedo, irracionalidad e intereses, otro crudo testimonio de la pandemia

Alicia y Tomás Torres, psicóloga y médico con 35 años de experiencia en salud pública, cuestionan las incoherentes medidas adoptadas para el control del SARS-CoV-2, la falta de autopsias, la poca confiabilidad de los registros y el triste accionar de algunos médicos. “Se atendían pacientes por la ventana y se han diagnosticado con covid a personas con infecciones urinarias”, lamentaron. En 6 de cada 10 casos, había un error de diagnóstico.

Hay profesiones de las que no es posible jubilarse ni aún jubilados. Es por eso que cuando Alicia y Tomás Torres comenzaron a ver lo que estaba ocurriendo en marzo del año pasado ante la llegada al país de un “nuevo coronavirus”, no tardaron en buscar formas de ayudar para contrarrestar los graves errores que se cometieron desde el principio.
Con más de 35 años de experiencia como psicóloga y médico dedicados a la salud pública en hospitales rurales y centros de atención primaria de comunidades de la quebrada y la puna jujeña y de los valles andinos de Salta, el matrimonio de cordobeses advirtió que algo andaba mal. “Si bien el virus era mayormente desconocido en ese momento, las medidas no coincidían en nada con las experiencias y conocimientos que teníamos de otras epidemias y virus que habíamos vivido en el pasado, como tuberculosis, sarampión, tos convulsa, sífilis, o cólera, entre otras”, afirmó Alicia en una entrevista con La Prensa.
Tomás, por su parte, relató: “Me llamó la atención que de forma unilateral y unipersonal se declarara la pandemia y se tomaran medidas como el encierro de personas sanas, sin tener en cuenta las realidades locales, lo que pasaba en cada lugar desde el punto de vista epidemiológico y lo que podría significar a la larga ese aislamiento”.
Ninguno de los dos salía de su asombro ante la catarata de disposiciones sin sustento que se implementaron para el “control del covid-19”: cierre de hospitales, aislamiento de comunidades enteras aún sin que existiera un solo caso, la ausencia de autopsias para investigar la enfermedad, e incluso la omisión de algo tan básico como revisar a los pacientes.
Desde Anisacate, Córdoba, Alicia y Tomás comenzaron a atender vía Whatsapp o por teléfono las consultas de amigos y conocidos de comunidades del Norte en las que habían trabajado muchos años. En su mayoría eran personas que habían sido rechazadas o encontraban barreras de acceso en sus servicios sanitarios habituales. Otros, habitantes de localidades que quedaron aisladas y sumidas en el temor a lo desconocido, simplemente les pedían información sobre la enfermedad y las pautas de prevención y cuidado al no poder tomar contacto con los agentes de salud locales. También atendieron de manera presencial consultas de personas que acudían a la “Defensoría Ciudadana por el Derecho a la salud”, un colectivo interdisciplinario que brinda asesoramiento gratuito en un Centro de Jubilados de Alta Gracia a quienes encuentran obstáculos para acceder a la atención sanitaria.
“Atendí personas a las que médicos les habían dicho que tenían covid, diagnosticándolas desde la puerta y resulta que tenían otra patología. Pero no se habían tomado el trabajo ni siquiera de abrirles la boca y observar, por ejemplo, que tenían una angina pultácea, que da placas de pus que se ven a simple vista. Hubo infecciones urinarias tomadas como covid, infecciones de piel tomadas como covid. Eso fue lo grave: la clínica se dejó de lado”, lamentó el médico, quien subrayó que ese fue el primer motivo del diagnóstico tardío y la primera causa de internaciones y posteriores fallecimientos.
“Cuando el diagnóstico es tardío, el tratamiento llega tarde. Y he confirmado que en un 60% de los casos había un error de diagnóstico: ni siquiera se podía pensar que fuera covid”, agregó Tomás.
Ambos profesionales -especializados en planificación y administración sanitaria- observaron cómo las absurdas disposiciones, sostenidas por el miedo, condicionaron la atención médica. “En lugar de preparar los servicios, se cerraron. Hospitales grandes de Salta tenían carpas afuera con camas, pero adentro estaban vacíos. Recién abrieron los consultorios externos siete meses después. El miedo ante el virus impactó en la gente y en el personal de los servicios médicos, que no recibieron ni siquiera normas básicas sobre cómo contabilizar si era covid o no, cómo hacer diagnóstico diferencial, cómo registrar los casos… era todo covid, sino no se atendía”, enfatizó Alicia, para luego añadir: “Cerrar los servicios, no prepararlos, fue muy perjudicial. Sobre todo en los lugares más alejados, donde demoraron en ver un caso muchos meses o en sitios de tránsito. Por ejemplo, en Colonia Santa Rosa, cerca de Orán, una médica contaba que al principio tenía lleno el hospital de pacientes con tests positivos de covid, tanto con síntomas como sin síntomas, es decir que internó sanos con enfermos en un lugar donde pasaban 700 camiones por día”.
“Acá era todo covid, determinado por un test, sin clínica ni epidemiología. Con el agravante de que si el personal de los servicios atendía un paciente PCR positivo, se tenía que ir a su casa 15 días. Es la primera vez que los profesionales de salud, por el contacto con un paciente contagiado de lo que sea, se van incluso en lugares donde no hay forma de reemplazarlos”, prosiguió.
A lo largo de estos casi dos años conviviendo con el covid, Alicia y Tomás recogieron muchas historias vinculadas con la irracionalidad de las medidas, que iban en contra de la salud y del bienestar de la gente: disponer camas y respiradores pero negar la atención primaria, impedir a los médicos el acceso a localidades para visitar pacientes, fueron algunos ejemplos.
“Sabemos que es una enfermedad con complicaciones y gravedad, que hay que cuidarse, pero es muy serio el sufrimiento de la gente ante la falta de acompañamiento y apoyo para saber qué hacer, no poder ver ni hablar con otros, no poder juntarse. Como psicóloga comunitaria sé que la prevención y el tratamiento de cualquier sufrimiento, no solo psicológico sino de cualquier enfermedad, tiene que ver con la posibilidad de vínculos cercanos y significativos. Eso se cerró. Eso se prohibió”, remarcó Alicia.

MIEDO A LOS FÓSFOROS
En tanto, Tomás evaluó con pesar la responsabilidad que les cabe a aquellos profesionales de la salud que olvidaron el fin primero de la medicina. “Hay quienes dieron la vida, que se sacrificaron al extremo de hacer guardias cada 48 horas, se jugaron el pellejo todos los días revisando pacientes. Pero la mayoría se hizo a un lado y fueron influenciados por el miedo, implementado desde Buenos Aires y por todas las capitales de provincia, al extremo que se olvidaron de la ética profesional, del juramento hipocrático”, evaluó el especialista.
“Que los médicos tengan miedo al virus es tan grave como que los bomberos les tengan miedo a los fósforos. Es llamativo que no evaluaran que la enfermedad no es solo la presencia de un virus. La estupidez del razonamiento y el miedo se dieron con la complicidad de muchos profesionales de la salud”, consideró.
Consultados sobre los motivos detrás de esta acumulación de errores en el manejo de la denominada pandemia, coincidieron en que ha habido intereses económicos y políticos que han guiado muchas de las decisiones.
“Cuando se meten los intereses económicos entre una necesidad de salud y una respuesta, lo que resulta no tiene nada que ver con el cuidado de la salud”, advirtió Alicia, quien reconoció detrás de las políticas adoptadas la fuerza de uno de los cinco negocios mundiales más grandes:  el de farmacéuticas y laboratorios.
“También ha habido intereses políticos locales que han aprovechado estas estrategias impuestas de alguna manera”, agregó.
Alicia y Tomás confesaron sentirse asustados al comprobar cómo los medios de comunicación presentaron solo una visión oficial y una única alternativa como respuesta al virus.

TRATAMIENTO TEMPRANO
A diferencia de lo que ocurría en muchos de los centros médicos, el matrimonio de cordobeses utilizó como principal herramienta para el diagnóstico temprano la anamnesis clínica. “Aún telefónicamente, con un seguimiento y una anamnesis hemos atendido a un montón de gente que no llegó nunca a ser internada”, cuentan orgullosos.
La segunda estrategia que llevaron adelante tras el diagnóstico precoz fue el tratamiento oportuno. Para ello, se pusieron en contacto con grupos de investigadores y epidemiólogos tanto nacionales como internacionales, lo que les dio mayor acceso a información, artículos científicos independientes y consultas personales.
“En ese contexto vimos que la ivermectina podía usarse, de hecho nosotros la hemos usado y la hemos recomendado tanto en forma preventiva como terapéutica, en este último caso junto con otros fármacos como azitromicina, aspirina y cortidoides”, detalló Tomás.
Asimismo, apelaron prioritariamente a la promoción y autocuidado de manera integral para quitar el miedo, reforzando la inmunidad natural  mediante la alimentación adecuada, el ejercicio físico, el sol, los abrazos y el afecto, las vitaminas C y D, sin descuidar el tratamiento de otras enfermedades.
“Nuestra experiencia en estos dos años demuestra que, si se hubiera usado otra estrategia, el gasto en salud habría sido menor y se habrían evitado muchas muertes”, finalizaron.

Origen: laprensa.com.ar

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