La historia desconocida detrás de la Iglesia Ortodoxa Rusa de Buenos Aires

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Financiada por el Zar Alejandro III y diseñada en San Petersburgo, la iglesia ortodoxa de la calle Brasil parece la hermanita perdida de la famosa catedral acebollada de Moscú.

Se levantó cuando Argentina no tenía vínculos diplomáticos con la Santa Sede y mira hacia Oriente

El 18 de diciembre de 1898 se colocó la piedra fundamental de la Iglesia Ortodoxa Rusa en Buenos Aires. Ubicada sobre la calle Brasil 315, frente al Parque Lezama, ese construcción fue la primera de ese credo que se levantó en América del Sur.

Los fondos para la obra fueron donados en su mayor parte por el Zar Alejandro III, en respuesta a un pedido realizado desde la Argentina.

Combina los estilos moscovita y bizantino.

La solicitud de construir la Iglesia Ortodoxa Rusa no nació entre los rusos sino partió de la voluntad de griegos, árabes y eslavos que habían migrado a la ciudad de Buenos Aires.

En 1860 llegaron los primeros cristianos ortodoxos al país. Eran en su mayoría sirios y libaneses que huían del imperio Otomano. Recién en el siglo XX empezaron a llegar los rusos y a construir sus iglesias.

Con pinturas bizantinas.

El diseño de la iglesia –que a diferencia de la Catedral de San Basilio, en Moscú, no rinde honores militares- fue realizada desde San Petersburgo por el arquitecto del Santo Sínodo de Rusia, Mihail Preobrazensky.

En 1901, fue construida por el arquitecto noruego que vivía en Argentina, Alejandro Christophersen a quien ayudó el Ingeniero Pedro Coni. El presidente Julio Argentino Roca estuvo presente en la inauguración de la Iglesia.

La Iglesia Ortodoxa Rusa de Buenos Aires tiene una combinación de estilos: el moscovita del siglo XVII y el estilo bizantino del siglo IV. Su fachada fue edificada mirando el sol, hacia el este. En su parte superior sobresalen las cinco cúpulas acebolladas de color turquesa. Encima de cada una de las cúpulas se erige una cruz que mira hacia Oriente.

El diseño se creó en San Petersburgo.

La fachada muestra la Santísima Trinidad en mosaico veneciano realizado en San Petersburgo. Al ingresar al tempo, detrás de la reja de acceso, se observan tres ventanales con vitreaux que representan diversas escenas bíblicas. A los laterales izquierdo y derecho está la Virgen con el niño junto al Santo Padre Juan. Muchos objetos e íconos de la decoración fueron traídos desde Rusia.


Una Iglesia Ortodoxa Rusa en Buenos Aires

La Iglesia Ortodoxa Rusa sigue la línea Católica Apostólica Ortodoxa, lo que convierte a sus fieles en más conservadores que los romanos. Su máxima autoridad, el Obispo, tiene jurisdicción en toda Argentina. Y esta iglesia porteña, precisamente, tiene jurisdicción en toda América del Sur.

En cada una de las cinco cúpulas hay una cruz que mira hacia Oriente.

Algunas de las diferencias de la doctrina ortodoxa rusa con la católica están en las concepciones. Para los ortodoxos la Madre de Dios fue concebida como cualquier otro ser humano, pero para los romanos fue sin pecado concebida.

Alberga imágenes de Cristo y la Virgen María.

Según la creencia ortodoxa, el único que fue concebido sin pecado fue Cristo. Los ortodoxos veneran las imágenes de la Virgen y de Cristo, pero no las adoran ni idolatran como los católicos.

El proceso independentista distanció a Argentina de la Santa Sede –que apoyaba a la monarquía española y su hegemonía colonial en América-, un vínculo y una relación diplomática que restableció Juan Manuel de Rosas a partir de 1831, ya que él mismo era el encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación.

Hasta que fue derrotado en 1852, Juan Manuel de Rosas fue un lazo con la Santa Sede, una posición que usufructuó para empoderarse frente al Vaticano y para debilitar las pretensiones autonómicas de las cuatro diócesis en que se dividía la Confederación (Buenos Aires, Córdoba, Salta y Cuyo).

Los vitraux y mosaicos del templo desarrollan varias escenas bíblicas.

Durante más de cien años, hasta mediados del siglo XX, la relación diplomática con la Santa Sede estuvo plagada de desencuentros y no fue sino hasta la llegada de Arturo Frondizo al gobierno cuando comenzó a hablarse de un Concordato con la Santa Sede, para poder al fin mantener relaciones diplomáticas mutuas estables y duraderas.

En este contexto histórico nació precisamente la voluntad de los ortodoxos de convertir a Buenos Aires en la sede sudamericana de su fe.

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