Nadal es indestructible: resucita ante Shapovalov y ya está en semis

Rafael Nadal se clasificó para las semifinales del Open de Australia después de vencer en cinco sets a Denis Shapovalov.

Rafael Nadal es el héroe del tenis. El Open de Australia le debía una y el destino le dio el empujón final que su talento y su resiliencia se habían ganado con creces. El tenista español venció a sus problemas estomacales, que le dejaron fuera de juego cuando dominaba por dos sets a uno a Denis Shapovalov, pero no le impidieron volver por sus fueros y culminar una victoria épica, de las mayores de su carrera, en un thriller de cinco sets (6-3, 6-4, 4-6, 3-6, 6-3) en la Rod Laver Arena.

Fueron cuatro horas y ocho minutos de una batalla en tres asaltos. En el primero, Nadal estuvo a punto del K.O. pero se llevó el premio nada desdeñable de los dos primeros sets, además de una sensación insultante de superioridad ante uno de los talentos de presente y futuro de la ATP. En el segundo, Shapovalov dio el golpe dentro de la igualdad y Rafa quedó noqueado por un problema, aparentemente estomacal, que le apartó de la batalla. Regresó contra las cuerdas, tambaleándose en el tercero y definitivo, donde sacó su categoría y un talento desequilibrante a nivel histórico para volver a presentar su candidatura al título en Australia.

El encuentro que abría los cuartos de final del Open de Australia era uno de los más atractivos que se pueden ver a día de hoy en el circuito. Un derbi de zurdos con doble ración de picante. La primera, puesta por un Nadal que ha pasado de meses de inactividad a su condición de invicto con la que presenta candidatura en Melbourne, en su Grand Slam maldito y en su ronda maldita, la antepenúltima. La segunda, el desafío de un NextGen como Shapovalov, sobrado de talento y diferencial en creatividad, ante uno de sus ídolos de la infancia. La batalla estaba servida –una vez más– en la madrugada española.

Nadal jugaba un partido contra Shapovalov, pero a su vez jugaba también para la historia. El manacorense volvía a cuartos de final, su ronda maldita en el Open de Australia, en la que se despidió en siete ocasiones en su carrera, incluyendo las dos últimas con derrotas durísimas ante Thiem y, sobre todo, Tsitsipas en 2021. La venganza podía ser con Denis, al que Rafa ha bendecido y asegurado que ganará “varios” Grand Slam. Pero no podía ser, por su propio bien, en este verano australiano.

Primer set de ’10’

Rafa debía comenzar perfecto y comenzó perfecto, con un porcentaje irreal de primeros servicios que rondaba el 90% y monopolizaba el juego. Shapovalov, que aún tiene mucho que avanzar en lo mental, estaba puesto a prueba desde el minuto uno por el nivel de inicio de su rival y no supo gestionar demasiado bien los tiempos propuestos por el veterano tenista español. Nadal había puesto el cerrojo a su saque, que fue sacando adelante con una puntualidad digna de admiración, cediendo un punto en cada uno de sus turnos, mientras Denis se enganchaba en el cuarto juego del partido para otorgar la ventaja necesaria al campeón de 2009, que se llevaba con un 6-3 un primer set que fue una lección de como jugar unos cuartos de final.

Quedaban dos tercios de la tarta y Rafa quería comérsela con paciencia. Sabedor de que el saque no le iba a acompañar de la manera que lo había hecho en el primer set, el español ya había detectado un agujero en el revés de Shapovalov, su golpe más mágico pero también más irregular, y comenzó a abrirlo para espaldear con la subida, más que lógica, de nivel del canadiense.

Shapovalov se altera, Nadal golpea

Los juegos pasaron con igualdad y entre medias, con una versión lamentable de Denis, que se encaró con el juez de silla Carlos Bernardes como señal de protesta por una supuesta pérdida de tiempo de Nadal entre sets. Esto no descentró al balear, tampoco a priori a su contrincante, pero la hiperactividad de Shapovalov se veía acrecentada por el incidente y ello no le ayudaba frente a la máxima templanza de Rafael , que seguía con su clase y, como en el primer set, iba a aprovechar el mínimo resquicio al resto para quebrar a su rival y colocarse con ventaja camino al cierre del segundo set.

 

Con 5-3, Shapovalov sacó su mejor versión, aquella que para Nadal vale varios grandes, para salvarse de un nuevo break que podía haber sido definitivo en la batalla mental. Una derecha ganadora, un revés cortado y una volea digna de Sampras, el catálogo del canadiense es digno de mención, pero en el plano mental Rafa es inigualable y en el táctico, también. 6-4 sin apenas dudas y a un paso de semifinales.

Una batalla más que ganar por unas semifinales que estaban menos caras de lo esperado pero subirían su precio de la mano del crecimiento de Shapovalov. Sin hacer nada demasiado especial más allá de la inspiración en su derecha, Denis se subió al carro del partido aprovechando un bajón notable al servicio de Nadal. El español seguía encontrando puntos gratis, pero también los perdía con un número demasiado elevado de dobles faltas que provocaría sufrimiento.

El estómago noquea a Nadal

Rafa, a mitad de set, levantaba con mérito un 15-40 que resultaría una advertencia para lo que iba a pasar más adelante. Shapovalov no estaba mucho mejor al servicio, pero la estrategia dudosa de tirar una moneda al aire y jugarse primeros y segundos le funcionó en su particular juego de sufrimiento del tercer parcial, hasta llegar al 5-4 a su favor. Entonces, Nadal perdió todo tipo de confianza al servicio, realizó dos dobles faltas y Shapo, con un revés marca de la casa, se apuntaba el tercer set para hacer florecer de nuevo sus opciones en el choque.

Lo que todo circulaba viento a favor se había vuelto en contra y lo que era más preocupante era la actitud de Nadal. Cabizbajo, preso de la pérdida del set por errores propios, el manacorense vio como Shapovalov volvía a romperle el saque, pero las consecuencias eran aún peores. Rafa le pedía a Bernardes que llamara de inmediato al doctor, aquejado de unos problemas estomacales que le iban a dejar fuera de juego durante los minutos suficientes como para dejar visto para sentencia el cuarto set.

No merece la pena analizar el juego porque Nadal, directamente, no iba a por las bolas. Pudo hacerse con uno al servicio jugando a dos-tres golpes y opositó a hacer el break, incluso estuvo cerca, pero Shapovalov también jugaba, y mucho, y se llevaba de forma merecida un cuarto set marcado por la indigestión de Nadal, muy tocado para el quinto y decisivo que elegiría el primer semifinalista del Open.

Nadal, el superhéroe, a semifinales

La afrenta era de categoría, de casi imposible solución para cualquiera, pero no para Rafa. Algo recuperado gracias a la pastilla que le dio el médico y al aire recibido en los descansos, Rafa regresó del vestuario con una táctica clara y la llevó a cabo a las mil maravillas. Debía golpear primero y lo hizo al saque, pero también debía golpear una vez más para obtener un colchón, y los nervios de Shapovalov, descolocado por la situación, le dieron el break con el que beber durante el resto del decisivo parcial.

Agitador cuando tocaba, seguro de nuevo con el saque tras una decena de dobles faltas y calculador para tirar los juegos cuando Shapovalov se ponía 30-0 al saque, Nadal, con el break como escudo y su derecha como espada, se plantaba con 5-3 para completar la machada y hacer estallar una grada que ya no se sentaba en sus asientos. No hubo más drama, no hubo más dudas. Al primer punto de partido Rafa, sin fuerzas ni para tirarse al suelo, sonreía, miraba a su equipo y por fin se lo creía. Había vencido a la maldición de cuartos de final y está en las semifinales del Open de Australia.

Origen: OK Diario.com

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