La fragilidad humana y las huidas

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«…los hombres pasamos como nubes, casi naves, quizás sombras» (Horacio -poeta romano-65 a.c)

Jorge, empresario en la madurez de su vida me relata con llanto, pero al mismo tiempo me delata un gran acercamiento a sí mismo la experiencia de haber pasado por un respirador en la epidemia de COVID. Ahí sintió en la soledad de Terapia Intensiva la inminencia de la muerte, su vida era un «cara o cruz».

Superó ese trance y el llanto de la toma de conciencia lo remite a una vida no vivida entre compulsiones digitales, juegos económicos, huidas químicas que le hacían creer en mayores rendimientos. Lo frenético y lo compulsivo lo alejaban de la vida. Hablaba con dolor de un tiempo no vivido.

El covid detuvo en él -quizás como en tantos otros- una marcha frenética y adictiva que nos recuerda la reflexión de Horacio: «…los hombres pasamos como nubes…» y podemos agregar la megalomanía -que Jorge vivió en el frenesí de su «duración» vital- al servicio del derrumbe (omnipotencia de las compulsiones más variadas que nos ofrece esta sociedad).

Precisamente no valoramos que en este tiempo la contemplación es un valor devaluado en el medio de la hiperkinesia e incertidumbre que nos rodea. La contemplación es amiga del silencio mientras vivimos entre ruidos comunicacionales que van dirigiendo nuestras vidas. Silencio, contemplación y libertad parecería que van de la mano.

Así no había vivido Jorge y luego de su verdadera resurrección al recuperarse del Covid se dio cuenta de «su vida no vivida». Conviene recordar a grandes pensadores en estos tiempos de crisis como Seneca (siglo I d.c) que nos recuerda en su hermoso libro «Brevedad de la Vida» «que el tiempo que tenemos no es corto, es que perdemos mucho tiempo en cosas inútiles y se nos va la vida sin reparar que se va», » no recibimos una vida corta, somos nosotros que la acortamos»; «vivimos como si fuéramos a vivir siempre y nunca pensamos en nuestra propia fragilidad». Ponemos la omnipotencia y nuestro Ego por sobre todas estas realidades acomodándonos en burbujas compulsivas. La finitud parece ahí no existir desafiando y desoyendo cuidados y precauciones.

En plena era Post-Gutenberg con Internet al mando también -en muchos casos- de nuestras vidas hacemos de la Infomania una adicción a la información desordenada y lo transformamos en un estilo de vida. La compulsión al celular nos transforma si llegamos a perderlo en un nomofóbico; síntoma que delata una pérdida de sentido de orientación de nuestras existencias que depende de un aparato tal cual, si nos quedamos sin Facebook, Instagram, Twitter, etc., etc. Dependemos del «like» y ser «influencer» parece ser hoy una meta vital. Hasta una compañera en su elección depende de la «Tinderización» de la existencia. Las redes hasta ayudan a elegir pareja. En estas «burbujas» vivió Jorge.

Es una singular omnipotencia la que se puede apoderar de nosotros en donde creemos dominar todo cuando en realidad es ese «Gran Hermano o Panóptico tecnológico» el que nos domina llegando a conocer a través de algoritmos finamente armados nuestros gustos, elecciones y tantas cosas más.

LAS ADICCIONES DIGITALES Y SUSTANCIAS

El mundo de la Información en la era Post-Gutenberg para muchos augura lo que el gran Ortega y Gasset llama el «perpetuo arresto en casa» y así nos auto clausuramos en una «prisión perpetua» sin recordar aquello que nos enseñaba el maestro español que solo nos «salvamos con las cosas». De ahí la frase dedicada a nosotros como ciudadanía cuando nos decía: «Argentinos a las cosas…a las cosas…basta de mirarse al espejo».

Cuando dictamos nuestra propia «prisión perpetua» encerrados en compulsiones que aseguran nuestra esclavitud ponemos la omnipotencia al servicio de nuestro derrumbe. Quedamos desterrados de las cosas o sea de las realidades de los vínculos, los encuentros, las intimidades, las transmisiones entre generaciones. La vida misma se escurre. El tiempo vivido pasa a ser solo duración.

El móvil y el sometimiento a las redes por momentos parecen ser la heroína y la cocaína del siglo XXI y así van apareciendo distintos síntomas que se apoderan de nuestra existencia:

A. Nomofobia (pánico a quedarse sin móvil).

B. El «enganche digital» en donde aparece la tiranía a estar conectado el mayor tiempo posible a las distintas plataformas circulando también de esta manera información manipulada formándose vigilancias sociales con grados de influencias sobre grandes masas poblacionales.

C. La reiteración compulsiva va modificando sistemas cerebrales de la motivación a través de una hiperestimulación que nos lleva a quedarnos atrapados en las máquinas y distintos algoritmos detectan nuestras preferencias y necesidades.

D. El agotamiento por permanecer en la «burbuja» provoca en muchos casos insomnio, irritabilidad y una hiperkinesia con alteraciones permanentes de la atención.

E. Se llega así al «burn out» o agotamiento con depresiones consecuentes luego de un multitasking con un intento permanente de realizar muchas cosas a la vez.

F. Decae la capacidad de pensar debido a la excitación permanente mientras va cediendo progresivamente la desvinculación humana que nos va acercando a un Reino digital que supera cualquier orden terreno.

«HOMO SAPIENS-PHONE SAPIENS»

El «Phone Sapiens» surge paralelamente a esta desvinculación humana mientras estamos sumergidos a las «burbujas digitales» y también «químicas» y se va destruyendo la empatía y la socialización. La desconexión de la vida es una consecuencia y la enfermedad como a Jorge le recuerda lo no vivido luego de estar encerrado en el mundo de la reiteración y los automatismos.

Seneca nos recuerda que cuando «la vida se disipa en cosas inútiles sentimos que se nos ha ido la vida sin reparar siquiera que se va». Seneca sabio y educador de Césares pagó caro esta llamada a la contemplación y a la libertad ante la omnipotencia del Poder que siempre es sordo y no escucha ya que el escudo del Ego parece no permitirlo. Proponía y lo cumplía que siempre atrás de la marcha triunfal de los Cesares alguien al oído le debía recordar que eran mortales. Calígula lo llamaba «arena sin cal» y lo desterró a Córcega. Nerón recibió sus enseñanzas y al estar en contra del «pan y circo» que promovía (regalo de cereales, batalla de gladiadores, ejecuciones públicas) le hizo

beber la cicuta (el veneno) y murió.

Muchos parecen no poder escuchar la fragilidad y la finitud de la vida y viven sin vivir la vida; les resulta entonces imposible cambiar. Jorge a través de una situación límite como lo llamaba K. Jaspers que es el enfrentamiento con la muerte sin embargo pudo escuchar.

Origen: laprensa.com.ar

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