EL INFIERNO DE LOS ABUSOS SEXUALES EN LA IGLESIA, EN PRIMERA PERSONA

Clarín entrevistó a víctimas de atrocidades cometidas por sacerdotes en escuelas religiosas de España. Relatos del espanto y delitos sin condena detrás de una investigación con 611 casos de abusos que llegó a manos del papa Francisco.

“Abrió la puerta y me reconoció en el momento. Y confesó. Confesó que me había violado más de 50 veces. Creo que fueron cien o ciento y pico. Durante siete años. Pero al menos de su boca sale que reconoce 50.”

Josep es un hombre alto, macizo. La contextura le daría para ser forward en un equipo de rugby. Sus amigos lo llaman Pep. Tiene 47 años, dos hijos, una ex mujer y una nueva pareja. Trabaja en su propia empresa gastronómica en Cataluña.

Cuando recuerda su temporada en el infierno marista de Sants-Les Corts de Barcelona, la escuela religiosa en la que a los 7 comenzó a padecer abusos sexuales que durarían hasta que cumplió 14, habla como susurrando.

“Nadie te cree. Nadie les cree a las víctimas. Al final hay que demostrarlo de alguna forma. Eso me motivó a armarme con una cámara oculta e ir a verlo”, cuenta Pep en el restaurante 25 Roselles de L’Hospitalet de Llobregat, un municipio pegado a Barcelona, donde cita a Clarín.

Suele almorzar aquí, donde los mozos lo llaman por su nombre y él se siente “protegido para hablar de ciertas cosas”, como es contar que en 2016 fue a buscar a su abusador para plantarse adelante y preguntarle: “¿Por qué? ¿Por qué a mí?”.

“Lo siento, chico. Estoy súper arrepentido. Era como una cosa de críos, como si fuera de crío a crío”, le responde en la grabación Arnaldo Farré Bujardon, el ex profesor que lo agredió vorazmente cuando era un nene.

Excursión al espanto

Farré Bujardon fascinaba a sus alumnos con los trucos de prestidigitación que había aprendido. Para los papás de Pep era, además, “un amigo de la familia” con quien su hijo pasaba algunos fines de semana fuera de Barcelona.

Verdaderas excursiones al espanto para Pep, que cuando se propuso enfrentar al hombre que tanto lo lastimó, hurgó en su memoria de niño y buscó en Google Earth Vilanova de Sau, el pueblito de Osona donde Farré se lo llevaba “a pasear”. Y amplió, amplió y amplió el mapa hasta que reconoció la casa. “La tenía en mente: una casa tipo inglesa con escalerita”, recuerda.

“Destrozó a mi generación. Estuvo 40 años en Sants. Nadie lo echó. Se jubiló con honores”, dice Pep y confiesa que, en todos estos años, planeó en su cabeza “mil formas de matarlo y deshacerme del cuerpo”.

“Le conté a mi padre de los abusos, de pequeño, mientras me pasaban, y me respondió: ‘A todos nos han tocado alguna vez’ -cuenta con frustración-. Al día de hoy me enoja y al día de hoy mi madre sigue diciendo que me lo invento.”

A veces Pep se ve a sí mismo replicando un gesto que le hiela la sangre: “Me acomodo el cuello de la camisa, o el cinturón, o me toco el reloj en el modo en el que lo hacía Farré y me quedo en shock”.

“Tal vez no me acuerdo de lo que hice ayer, pero cierro los ojos y recuerdo imágenes, colores, olores, situaciones, el sonido del elástico de las camas -dice Pep-. Salí de su casa y me quedé en el auto llorando durante horas.”

Sin ley

Clarín intentó contactar a Arnaldo Farré. Fuimos hasta Osona y tocamos timbre en la casa en la que le confesó a Pep haber abusado de él.

Los vecinos cuentan que cuando la prensa catalana publicó la cámara oculta en la que admite las violaciones, desapareció

Sin embargo en la web de la Federación de Agrupaciones de Defensa Forestal de Vilanova de Sau, Arnaldo Farré Bujardon sigue figurando como vocal.

No hay ley para castigar las aberraciones que Pep padeció. En España, hasta el año pasado, los delitos sexuales contra menores prescribían cuando la víctima cumplía los 18 años sin haber denunciado su calvario.

La ley de protección de la infancia y la adolescencia frente a la violencia prorrogó en 2021 ese plazo de prescripción hasta los 30. Ni aún así Pep conseguirá que Farré Bujardon pague por el daño que le hizo.

Investigación en el Parlamento

Según la base de datos del diario El País, que comenzó a rastrear las denuncias en 2018, salieron a la luz 611 casos de abusos dentro de la Iglesia española y sus instituciones educativas. Las víctimas que los padecieron fueron 1.246.

En diciembre del año pasado, durante el vuelo que llevó al papa Francisco a Chipre, el corresponsal de El País en Roma le entregó un dossier en el que figuraban 251 nuevos casos de abusos a menores cometidos por sacerdotes, religiosos o laicos de la Iglesia española. Jorge Bergoglio encargó a la Congregación para la Doctrina de la Fe que investigue.

Las últimas confesiones de figuras públicas como las que hicieron los escritores españoles Luis González -abusado por el hermano Isidro del colegio San José, de León, entre 1965 y 1966- y Alejandro Palomas -quien acaba de hacer público que fue violentado por un religioso del La Salle de Premià de Mar en 1975- dieron el empujón final para que la solicitud de una comisión de investigación llegue al Congreso

Después de contar su experiencia desoladora, Palomas interpeló al jefe de gobierno, Pedro Sánchez: “Señor presidente: acabo de desnudar mi dolor en una radio por todos/as los niños y niñas abusados/as y violados/as por miembros de la Iglesia Católica desde hace décadas. Somos Memoria Histórica enterrada en vida. Denos usted la voz”, expresó en sus redes sociales.

Enseguida recibió una llamada del presidente. “Gracias por tu coraje al compartir tu conmovedor testimonio con toda la sociedad -le respondió Sánchez en Twitter-. Gracias también por haber atendido mi llamada. Te aseguro que tu valentía, y la de muchos otros que han dado ese paso, nos ayudará a reparar el dolor de todas las víctimas.”

El jueves 3 de febrero lo recibió en el Palacio de la Moncloa y cuatro días después, el PSOE, el partido mayoritario en la coalición de gobierno que preside Sánchez, propuso en el Congreso que el Defensor del Pueblo lleve adelante la investigación sobre los abusos a menores junto a una comisión integrada por expertos, víctimas y miembros de la Iglesia.

El rol del Estado

Hasta ahora, el Estado no se había ocupado del tema y lo había dejado en manos de la Conferencia Episcopal Española, perezosa a la hora de indagar las denuncias en contra de los suyos.

De las 31 diócesis implicadas en el informe que El País entregó a Bergoglio, apenas nueve pidieron información sobre los abusos denunciados en sus territorios. Son Madrid, Cartagena, Bilbao, Zamora, Barcelona, Avila, Orihuela-Alicante, Santiago de Compostela y Teruel

El debate parlamentario sobre la creación o no de una comisión que investigue estos acosos y violaciones recién podría llegar al Congreso de los Diputados a mediados de febrero.

Mientras tanto, la Fiscalía del Estado solicitó a los 17 fiscales superiores de toda España que le envíen las denuncias y querellas que estén tramitando sobre agresiones y abusos sexuales a menores en cualquier institución religiosa. Deberán hacerlo en un plazo de diez días.

“Deseo que mi presidente, usted, señor, haga suya esta lucha y demos dignidad, respuestas a todas aquellas personas que un día sufrieron abusos”, dice la carta que le envió a Pedro Sánchez Manuel Barbero, papá de Toni, un chico que fue abusado durante dos años por Joaquín Benítez, el ex profesor de educación física del colegio marista Sants-Les Corts de Barcelona que en 2019 fue condenado a 21 años y nueve meses de prisión. Pero sigue en libertad

Juicio y… ¿castigo?

En España se habla de Manuel como “el padre que destapó el ‘caso maristas’”. Fue en 2013 cuando Toni, el mayor de sus dos hijos, se atrevió a confesar en casa que el encierro que lo mantenía sin salir de su cuarto desde hacía meses se debía a lo que “el Beni” -como llamaban a Benítez- le hacía en la escuela.

“Al leer en la denuncia todo lo que le hicieron a mi hijo, se me revolvieron las tripas”, dice Manuel a Clarín en un bar del barrio barcelonés de Sants, cerca del colegio que para Toni fue sinónimo de tormento.

“Cuando nos lo contó, estábamos veraneando a 100 kilómetros de Barcelona. De madrugada, me subí al auto y me fui para Girona. Sabía dónde vivía Benítez y me planté en la puerta de su casa. Tenía una pala desmontable y estaba esperando que saliera para partirle la cabeza. En ese tiempo me dije: ‘¿Qué haces aquí?’”, recuerda Manuel.

Finalmente optó por pegar carteles en los alrededores del colegio. “Soy padre de un ex alumno del centro de estudios maristas Les Corts, mi hijo fue ‘presuntamente’ fruto de abusos sexuales por parte del ex profesor de educación física Joaquín B.P.”, decía el folleto que incluía una foto de Benítez.

“Si eres alumno o padre de algún alumno o compañero que sepa o haya visto o vivido alguna situación igual…. Tan sólo les pedimos que os pongáis en nuestra situación…. Y por favor nos informéis mediante este mail: abusosenmaristas@gmail.com.»

“El cartel duró seis horas en la calle -cuenta Manuel-. Pero a la semana, entre 40 y 50 víctimas de Benítez y de otros profesores ya me habían contactado.”

Barbero, un hombre de familia humilde que se dedica a remodelaciones y obras, encaró a las autoridades de la escuela, llevó cartas al Parlamento Europeo, escribió un libro -«Un silencio a gritos. Testimonio de lo aterrador del abuso infantil»-, creó una fundación para prevenir el abuso en niños -Mans Petites- y logró llevar a juicio a Joaquín Benítez, el carismático profe que hasta había intentado patentar a su nombre el shootball, una versión del “quemado” que les hacía jugar a sus alumnos con sus propias reglas.

“Nadie está preparado para pasar por la situación de acompañar a un hijo que fue abusado -dice Manuel-. Yo lo sé porque he pasado por ello y desde el minuto uno que nos lo reveló, nunca se lo había dicho a nadie. Yo estuve casi 40 años en silencio y, cuando Toni me lo contó, lo abracé y le dije: ‘Tu padre ha pasado por eso. Y no vas a estar solo’.”

Los delitos bestiales que se cometieron en las escuelas maristas, en algunos casos, prescribieron. Pero Manuel Barbero logró que 26 ex alumnos catalanes recibieran una compensación económica de la Congregación de los Hermanos Maristas que Marcelino Champagnat fundó en 1817.

Indemnizaciones

Fue una indemnización sin precedentes en España por la que los maristas desembolsaron 400 mil euros para intentar reparar lo irreparable.

“¿Que cuántas víctimas ha tenido Joaquín Benítez? Centenares. Pasó 30 años en el colegio”, agrega Manuel, que nunca le perdió rastro al pederasta que abusó de Toni.

Benítez fue enjuiciado y condenado. “Nunca fue detenido, ni su casa, registrada. Él reconoce sólo que ha abusado de dos de las cuatro víctimas que declararon”, señala Manuel.

Los dos chicos que Benítez admite haber violentado son Toni y Manu Gómez, un joven que hoy tiene 27 años y que fue agredido por “el Beni” en 2006, cuando llevaba apenas un año en la escuela.

“Era el profesor que me entendía. Salíamos en bici después de clase. Hasta que abusó de mí. Pasé los cuatro años siguientes esquivándolo”, cuenta a Clarín Manu, que hoy vive en Vila-Seca, a 100 kilómetros de Barcelona, lejos de su familia y de lo que fue una vida escolar espantosa.

“Dejé de hacer natación porque su despacho estaba al lado de los vestuarios. Y cuando terminé el colegio, quise estudiar pero abandoné porque uno de los profesores hablaba como él y me hacía acordar”, dice Manu.

“No podía hacer nada. Todo ese tiempo que perdí no se recupera. Por eso, que esté 20 o 30 años en la cárcel a mí no me cambia nada”, lamenta.

“Ni siquiera ha entrado en prisión. Es una vergüenza. Esta persona ha confesado. Ha aceptado lo que yo he dicho, lo que yo expliqué. ¿Qué más quieren?”

Dice Manu: “Nunca me sentí culpable. Lo único que sentí es que la sociedad me hubiera hecho culpable -afirma-. Algunos de mis compañeros, si lo hubieran sabido entonces, seguramente hubieran creído que si me pasó fue porque yo lo he querido. Ese fue el motivo principal por el que decidí no decir nada”.

Durante años dudó de su propia orientación sexual. “Fue muy raro. Pasó mucho tiempo hasta que pude estar con una chica. Estuve bastante dándole vueltas”, sincera el chico, que trabaja como camillero en un hospital y sueña con hacer travesías en 4×4 con su novia y sus perros.

Confesión

El caso maristas inspiró al documentalista catalán Fèlix Colomer Vallès a bucear en la sombría telaraña de abusos y encubrimientos en esas escuelas religiosas. Así nació «Shootball», el documental en el que Colomer logra entrevistar a Benítez, quien ante su cámara se arrodilla y teatraliza un perdón a los chicos a los que les arruinó la vida.

“Se presentó el documental como prueba en el juicio pero la jueza no lo aceptó”, cuenta Fèlix desde su casa de Poblenou de Barcelona, donde recibe a Clarín.

Y explica cómo trazó su documental, que se vio en la televisión pública catalana: “Manuel era el protagonista de esta historia. El hizo lo que no hizo nadie. Ni los políticos ni la policía. Se puso el caso al hombro -dice-. Cuando conocimos la historia de Benítez, encontramos tantos paralelismos que para nosotros era increíble comprobar cómo gente que comparte la misma infancia, de familias pobres y donde los dos fueron abusados, se encuentren de este modo: uno, como el padre de un niño abusado y el otro, como el abusador de ese mismo niño”.

Colomer se pregunta si el pasado puede condicionar nuestro futuro o no. “¿Es una excusa que hayan abusando de ti cuando eras pequeño para hacer lo mismo o no lo es?”, es su pregunta.

En 2020 el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña confirmó la sentencia de Benítez a pasar más de 20 años en un calabozo. Pero sigue en libertad.

“Sólo le queda una apelación que es la Corte Suprema”, dice Manuel Barbero.

Cuando Benítez fue condenado, luego de declarar en el juicio que los maristas no habían puesto el grito en el cielo por su comportamiento aberrante, Raimon Novell era el director de Sants-Les Corts.

Novell, que insólitamente luego fue ascendido a coordinador del equipo de protección de la infancia de los Maristas de Cataluña, prometió la creación de una comisión que atendería a las víctimas de abusos sexuales en sus centros educativos.

“Los maristas estamos viviendo un cambio de cultura institucional que nos lleva a trabajar sin pausa en el proceso de prevención y protección de los derechos de niños y jóvenes desde todos los niveles de nuestras obras educativas”, dijo en diciembre del año pasado en la cumbre internacional de la organización Keeping Children Safe.

“Los derechos de niños y jóvenes son uno de los pilares esenciales de nuestra misión”, agregó, tal vez sin recordar el deficiente rol de los maristas ante las denuncias por abusos recibidas en la escuela de Sants-Les Corts contra Joaquín Benítez, entre otros profesores señalados por los alumnos.

“Pasé un episodio horroroso cuando era pequeño y -lo peor de lo peor- mi hijo sufrió agresiones atroces -escribió Manuel Barbero en su libro-. Los que permitieron los abusos a mi hijo eran ciegos y sordos de verdad, porque no veían ni sentían nada y mucho menos lo esencial. No quisieron ver ni quisieron sentir las lágrimas de un silencio a gritos.”

Sin respuestas

Condenado y aún libre Benítez no suele atender al primer llamado. El ringtone de su celular, que suena hasta que la llamada se corta sin respuesta, es una canción de David Bisbal: “Bésame, como si fuera ahora la primera vez…”, me grita Bisbal en el oído mientras Benítez no atiende. “Y entre mis brazos yo por siempre te amaré”, sigue sonando.

El ex profesor condenado por abusos devuelve la llamada que hace un minuto no respondió. “¿Con quién hablo, por favor?”, quiere saber.

“¿Qué tiene que ver conmigo esto? No, muchas gracias, perdone. Discúlpeme”, dice, cuando me presento, y corta para no volver a atender nunca más. Tampoco responderá ninguno de los mensajes de WhatsApp que figuran como leídos.

Clarín toca timbre en el departamento que alquila en un barrio periférico de Girona, donde vive con su hermano discapacitado. Nadie contesta. La presencia periodística incomoda a algunos vecinos que aseguran no conocer a Benítez y amenazan con llamar a la policía.

Cataluña, enviados especiales. Fotos y videos: Cézaro De Luca

CB​

Fuente: Clarin

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.