Modales: por qué son importantes­

Estoy en medio de una sierra cordobesa, descansando en un complejo de cabañas, la misma posee una pileta de uso común entre los huéspedes. Observo una familia en la misma, sus padres y dos hijos, todos con celular, uno de ellos escuchando música de dudosa calidad a un generoso volumen, que impacta en el medio del silencio de la sierra, todos participan de una reunión con la abuela en teleconferencia desde la pileta, en sendos juegos acuáticos, con numerosas selfies del acontecimiento. Obviamente, el diálogo es reemplazado por gritos. Por momentos pensé si no se estaba filmando un capítulo del Gran hermano

Los modales se definen como la conducta social y el conjunto de normas dentro de una sociedad, el estilo habitual, el modo característico de comportarse, la forma socialmente correcta de actuar, el comportamiento distinguido, que hacen que el hombre pueda vivir en sociedad.

El hombre por naturaleza es un ser social, y no puede prescindir de los buenos modales, porque si bien algunas cosas cambian, otras son atemporales.

Por ejemplo, siempre será de mala educación, empezar a comer inmediatamente después de sentarse, no teniendo en cuenta si el resto de las personas han sido servidas, o masticar con la boca abierta.­

Hay un aforismo que dice: «No tendrás una segunda oportunidad de cambiar una primera impresión».­

Los modales siguen siendo valores importantes, tanto para el individuo, como para la sociedad. Sin darnos cuenta, los usamos todos los días; hacen a una persona y son necesarias para progresar en la vida. Son detalles pequeños, distintivos, que irradian del espíritu de una persona. ­

En la sociedad argentina, es fácil darse cuenta de la falta de estos códigos, porque no hay respeto por el prójimo, sino que el prójimo es mi enemigo.­

La mala educación no aparece reflejada en las estadísticas, pero si lo vemos cotidianamente en la calle y en nuestras relaciones sociales, y me refiero no al tuteo, o al uso o no de corbata, sino a aquellas normas básicas que permiten la convivencia.­

Agresiones, lenguaje soez, groserías, gritos, comportamiento pendenciero, autos en doble fila (ya ni siquiera con el conductor), tirar residuos desde un auto, música a todo volumen, el mal uso de la tecnología, no respetar las colas, las leyes de tránsito, la falta de cortesía, forman parte de nuestra idiosincrasia; y peor aún la hemos asimilado.­

Y es que, una vida social sin pautas de comportamiento es insoportable; la nuestra lo es. Siempre digo, si usted quiere ser transgresor, vaya a la selva.

­¿QUE NOS PASA?­

Muchos factores son responsables. El sistema educativo en primer lugar, empeñado en enseñar absurdos como el lenguaje inclusivo y no educación cívica (materia desaparecida de la curricula, vital, necesaria y fundamental hoy día); el deterioro de la vida familiar que no pone límites a las nuevas generaciones en nombre de una falsa espontaneidad; y las nuevas tecnologías, son algunos de ellos.­

La pandemia ha venido a exacerbar esta problemática, por el distanciamiento social, el uso del barbijo, la falta de un saludo acorde, etc… pero no se ha de perder de vista, el diagnostico precedente.­

Copio una anécdota.

La nueva directora de un instituto, entró en la secretaría y le dijo a la persona que en ese momento estaba allí: ¿Dónde está la fotocopiadora? La persona respondió: «En el primer piso, también se encuentra allí la costumbre de decir buenos días».­

«Sé cortés, saluda, ofrece tu ayuda, sostén la puerta, sonríe, haz un cumplido, usa por favor y gracias». ­

Anónimo.­

Origen: ­laprensa.com.ar

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