¿Existe el amor para siempre? Cómo ha cambiado la idea de las relaciones a través de los años

Sobre si existe el amor para siempre: los tiempos han cambiado y así lo hacen también las relaciones del siglo XXI

Ser felices para siempre… o no. Uno de los grandes mitos del amor romántico y que más daño han hecho, al margen de los cuentos y películas de Disney, es la idea de mantener una relación «para siempre».

Los tiempos han cambiado. Con la llegada del amor líquido, la hiperconexión a través de la redes, el avance del autoconocimiento y la individualización de la sociedad, todo se ha transformado.

El Instituto Nacional de Estadística concluye que se celebran menos bodas (en concreto, los 10 años con menor número de bodas celebradas son de esta última década), existen distintos modelos de parejas y los divorcios han dejado de ser un tabú para pasar a normalizarse e instaurarse en la sociedad como una opción de lo más válida cuando ya no se es feliz (a pesar de haberlo intentado todo). Para hacernos una idea, en 2020 hubo más de 80.000 casos, lo que supone un descenso del 16% respecto a 2019, según datos del INE (y la mayor caída desde que el organismo comenzó a contabilizar estas cifras en 1998).

También ha quedado atrás esa dependencia, muchas veces económica, que existía entonces, cuando la mujer vivía subordinada al hombre y su objetivo era la maternidad. La sociedad avanza y con ella lo hacemos nosotros para entender que la idea del amor para siempre ya no es un mandato, sino una elección.

Por tanto, es lógico que en pleno siglo XXI los millenials nos preguntemos cómo es realmente el amor y si existe para siempre. La realidad es que, tal y como afirma la psicóloga Celia Betrián, si es un amor que respeta, se compromete, se trabaja, se vive con alegría y felicidad, el mejor final es que dure para siempre.

«Sin embargo, en muchas ocasiones el aferrarse a este mito romántico hace que relaciones tóxicas o relaciones en las que ya no hay amor continúen bajo el lema debemos estar juntos para siempre», advierte la experta. Y sostiene que de nada sirve estar en una relación insana, o en una relación sin amor y estar por estar simplemente para llegar al lecho de muerte y decir: «bueno, al menos duré para siempre».

El amor romántico no es amor

Diseny

«Si hay algo que tenemos claro es que el amor romántico, entendido como renuncia y sacrificio, no es amor«, advierte Cristina, de Las Gafas Violetas. Nos cuenta que el amor romántico se basa en una serie de tópicos que hemos ido interiorizando de forma inconsciente a través de películas, libros, modelo de la sociedad patriarcal…

«Estos tópicos nos generan expectativas irreales, prototipos de relación y conductas que aceptamos como normales e incluso deseables. Por ejemplo: ¿A qué renuncia la Sirenita de Disney? A su cola, es decir, su identidad como sirena. A su hogar, el mar. A sus lazos afectivos, familia y amigos… incluso a su voz», concluye la experta en empoderamiento femenino y educación en igualdad.

Stop idealización: el enamoramiento, una cuestión neuroquímica que no es para siempre

Pol

Los expertos coinciden en que cuando iniciamos una relación nos encontramos en una etapa de enamoramiento en la que nuestro cerebro produce y libera una cantidad de neurotransmisores y hormonas como la Dopamina, Endorfinas, Oxitocina y Adrenalina.

«Todas esas sustancias provocan que nos sentamos muy bien y que busquemos frecuentemente el contacto con esa persona. Además, en esta etapa se ponen en marcha conductas de seducción que hacen que realcemos nuestras virtudes y escondamos ciertas cosas para agradar a la pareja. Es decir, hay una idealización del vínculo«, recoge la psicóloga Celeste Parra.

La aceptación

Como es evidente, la experta detalla que con el tiempo nuestro cerebro deja de liberar estas sustancias y ahí es cuando nos encontramos con la persona real. Con sus defectos y virtudes… y ya no es tan perfecta como pensábamos.

Cómo afrontar esto, por tanto, será el paso decisivo y crucial para pasar del enamoramiento al amor real. «Esta etapa viene marcada por la aceptación, por ver a la pareja tal cual es y mostrarse como uno es sin temor a perder el vínculo. Aquí hay una elección, compromiso, apoyo mutuo, reciprocidad y un esfuerzo por mantener la relación unida. El amor, en definitiva, se construye cada día», concluye Parra.

Todos los amores son válidos, duren lo que duren

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«Si vas a amar, ama bien, dure hasta donde dure», recoge. En este sentido, nos recuerda la importancia de validar todas nuestras relaciones, duren lo que duren: «Todos los amores son válidos. Los intensos, los que no funcionaron, los que se rompieron, los que duraron para siempre… pero cuando no se tiene en cuenta la calidad, la duración deja de importar».

Refuerza también la idea que ninguna persona es más válida que otra por durar más con su pareja ni por tener un amor «para siempre». Aunque parezca una obviedad, todavía muchos creen que es así por la sociedad y contexto en el que nos hemos criado: «Eso nadie te lo garantiza ni hay ninguna manera de que puedas saber cuánto va a durar. Vive el amor y déjalo ir cuando ya no sea amor«.

El amor sí puede ser para siempre

Paris Blues

El amor, aunque en ocasiones se haya dicho que no es para siempre, sí puede serlo. Desde Atlas Psicólogos Tres Cantos explican que, como cualquier relación humana, el amor necesita cuidado, dedicación y atención, y sin eso el amor desaparece. «El amor es una bella flor y es muy sensible, ya que todo lo que rodea nuestra vida afecta a nuestra pareja. Pero si lo cuidamos, podemos tener una relación infinita y estable«, sostienen.

¿Y la pasión?

Nos cuentan que es cierto que el amor completo es difícil de mantener en el tiempo porque es necesario que se mantenga la pasión, el compromiso y la intimidad en un alto grado. «La pasión suele ser lo primero que va perdiéndose», garantizan. «Aunque realmente no tiene por qué ser así. La pasión suele desaparecer al no alimentarla, pensamos que es algo que está o no, y sin embargo tenemos que seguir potenciándola para tener unas relaciones plenas», añaden.

Recuerdan que la intimidad también puede perderse cuando contamos menos cosas a la pareja: «Suele suceder por la rutina, por no encontrar ratos en los que charlar, por criticar en exceso o juzgar a nuestra pareja».

Para alimentar la pasión e intimidad, recomiendan no dar por hecho que son cosas que automáticamente existen y ya está. «Hay que cuidarlos y no dejar que se desvanezcan», concluyen.

Fotos | ‘Paris Blues’, ‘A new kind of love’

Origen: Trendencias

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