Ni pollo ni tortillas: grupos criminales causan escasez de alimentos básicos en ciudades de México

Comprar pollo fresco en la ciudad de Chilpancingo, México, resultó casi imposible en la semana que termina.

Comprar pollo fresco en la ciudad de Chilpancingo, México, resultó casi imposible en la semana que termina. Casi todos los vendedores de pollo cerraron sus tiendas después de que varios de sus compañeros fueron amenazados y asesinados por un grupo criminal.

El 11 de junio, un grupo de hombres armados ingresó a un gran centro de distribución de pollos en las afueras de Chilpancingo, capital del estado de Guerrero, donde se crían millones de aves para el consumo. Los hombres abrieron fuego, dejando seis personas muertas, entre ellas el dueño del lugar y su hija adolescente. Otras personas más resultaron heridas.

Previamente, el 6 de junio, un vendedor de pollo fue asesinado a tiros en el mercado Baltazar R. Leyva Mancilla, uno de los mercados más grandes de Chilpancingo. Tres días después, dos distribuidores de alimentos que transportaban carne de pollo fueron atacados en el estacionamiento del mismo mercado. Uno murió y el otro resultó herido.

La responsabilidad del ataque del 11 de junio fue atribuida a los Ardillos, un grupo criminal de Guerrero que actualmente se enfrenta por el control de las economías criminales de Chilpancingo con los Tlacos, otro grupo local que está tratando de expulsar a todos los demás rivales de Chilpancingo y sus alrededores.

La industria del pollo ha estado en el centro de las querellas actuales. Todos los muertos eran de Petaquillas, o trabajaban en dicha ciudad, que se encuentra justo al sureste de Chilpancingo, un importante centro de producción de pollo y epicentro de la actual guerra territorial.

Esta situación llevó a que los vendedores de pollo del mercado y otros lugares cerraran sus tiendas. Durante tres días, la venta de pollo y otros alimentos básicos fue escasa en esta ciudad mexicana.

El 16 de junio, algunos vendedores reanudaron labores. Veinticinco vendedores reabrieron sus puertas en el mercado de Baltazar R. Leyva Mancilla, según Infobae. Sin embargo, el precio de la carne de pollo se ha disparado. Antes de esta ola de ataques, un pollo valía alrededor de 140 pesos mexicanos (unos US$6), pero los precios han llegado a los 220 pesos (unos US$11), según informes de los medios.

Chilpancingo ha sido el centro de la disputa entre Tlacos y Ardillos desde que se disolvió una tregua entre ambos grupos a fines de mayo. Petaquillas, el epicentro de la industria avícola local, es también un punto de tránsito del tráfico de drogas a lo largo de una importante carretera que va desde Chilpancingo hasta la ciudad portuaria de Acapulco. Pero varios taxis y autobuses han sido quemados, los agentes del Ejército que llegan para prestar refuerzos en el área han sido repelidos con violencia, y los funcionarios locales han sido acusados de conexiones con estas pandillas.

Análisis de InSight Crime

Para los grupos criminales pequeños arraigados en la zona resulta casi obvio extorsionar a los negocios que venden bienes esenciales. Dado que los vendedores de alimentos y los conductores del transporte manejan un flujo de caja permanente y cuentan con una clientela fija, les pueden exigir pequeñas cantidades diarias.

Pero las cosas pueden salirse de control, y quienes más sufren son los pobladores locales. Cuando dos grupos criminales se enfrentan, atacar a estas empresas y obligarlas a cerrar puede privar de valiosos ingresos a sus rivales.

Según los Tlacos, esto es lo que están haciendo los Ardillos en Chilpancingo. En un comunicado emitido durante la reciente serie de ataques, el grupo declaró que “los Ardillos han pasado más de 25 años […] matando indígenas, mujeres, niños y ancianos, secuestrando, desapareciendo y extorsionando […] en su área de influencia”. Si bien se debe entender que con estas palabras el grupo criminal intenta manchar la reputación del otro, es cierto que estos actos concuerdan con la estrategia habitual de los Ardillos.

Y los vendedores no solo se enfrentan a la amenaza de ser asesinados. La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes de México señaló en un comunicado que, en las ciudades de Acapulco, Chilpancingo y Taxco, el crimen organizado “fija los precios finales. Este es un modus operandi que puede ayudarlos a consolidarse en ciertas áreas y llevar a cabo este nuevo método de extorsión”.

La solución para esta situación parece ser difícil. Los intentos de los vendedores de otras ciudades para defenderse o reaccionar no han dado muchos resultados. En agosto de 2019, las tortillerías de Celaya sufrieron ataques similares a los que han enfrentado los vendedores de pollo de Chilpancingo. Dado el aumento de los actos violentos, y tras los intentos de extorsión contra ellos, docenas de vendedores de tortillas cerraron sus negocios. Durante cuatro días, en la mayor parte de la ciudad no se podían comprar tortillas frescas, un alimento básico en la cocina mexicana.

Tres años después, la situación no ha cambiado. Según Milenio, en lo que va del año han sido asesinados 32 vendedores en Celaya.

Origen: Insight Crime

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