Las miradas de una cola: el verdadero rostro de Cuba

#Cuba: ‘Si alguien quiere saber cómo estamos los cubanos, los de a pie, solo tiene que pasearse dentro de cualquier #cola y detenerse en los ojos de la gente.

‘JORGE ENRIQUE RODRÍGUEZ

Una cola en La Habana. DIARIO DE CUBA

Omarito se levanta diariamente, sobre las 5:00AM, para buscar la mercancía —productos agropecuarios— que más tarde oferta a los vecinos de la cuadra donde reside, en el corazón de Los Sitios, Centro Habana. Dos horas después, junto a su esposa, recorren las tiendas cercanas para indagar con cuáles productos surtirán estos establecimientos y disponerse a realizar la correspondiente cola. Por lo general, si la cola está «bien organizada por los policías y la brigada anticoleros», regresan a casa sobre las 4.00 PM o 5:00PM.

«Esa es la hora de más afluencia de clientes en busca de aguacates, plátanos, viandas o condimentos. Sin embargo, invierto más tiempo en las colas que en el negocio, y cuando termino cada jornada en la noche no tengo ni deseo de ver la televisión. En definitiva, ahí nada es igual a la realidad que estamos viviendo», remarca Omarito con una mirada imprecisa, quizá resultado del cansancio físico y del hastío cotidiano que significa vivir prácticamente dentro de una cola.

«Si alguien quiere saber cómo estamos los cubanos, los de a pie, solo tiene que pasearse dentro de cualquier cola y detenerse en los ojos de la gente. Pero fundamentalmente en los de ancianas y mujeres. Lo que yo veo es mucha tristeza, a cualquiera que mires chocas con la tristeza, con el cansancio de cargar en el lomo lo mismo con lo mismo», puntualiza Omarito.

Su mirada no es distinta a la de Carolina Gallego, vecina del consejo popular La Jata, Guanabacoa, quien lleva más de tres horas a la espera que la brigada LCC (Lucha Contra Coleros) le recoja su carnet de identidad y la libreta de abastecimiento, el penúltimo paso protocolar antes de acceder a la tienda.

Sus dos hijas revolotean a su alrededor, pero Gallego no tiene ni ánimos para regañarlas por sus travesuras. Su rostro está tenso, y tiene sus ojos al borde del llanto.

«Lo único que entró hoy fueron los cigarros. Ni pollo, ni salchichas, ni picadillo. Pero no me queda de otra que comprar los cigarros, revenderlos y luego zapatear para traer algo de fibra para las niñas. No puedo darme el lujo de pagar 500 pesos por evitarme estar horas cogiendo sol en una cola, como tampoco lo pueden pagar todas estas mujeres aquí», señala Gallego a medio centenar de mujeres que a todas las distingue la misma seriedad en sus rostros, la misma mirada, el sudor pegando sus blusas al cuerpo, sentadas sobre pedazos de ladrillo que cargan.

«Cada vez surten menos las tiendas, lo que te obliga a tener que lidiar todos los días en una cola distinta. Tal vez es una estrategia para mantenernos entretenidos, y que no tengamos tiempo ni para consolarnos el empingue de no ver la salida ni soñando», agrega.

Datos publicados indican que actualmente Cuba importa el 80% de las necesidades alimentarias internas. Por otra parte, un informe reciente emitido por la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) revela que la economía de Cuba experimentó su peor recesión de las últimas tres décadas, demostrado con la caída del PIB en un 13% al finalizar 2021.

El informe precisa que el impacto de la crisis ucraniana junto a la recesión económica en Venezuela, uno de los principales socios de la región, tiene efectos devastadores en el suministro de petróleo a la Isla, afectando directamente a la industria local, la energía, la agricultura y el transporte. Más adelante el documento recuerda que la reforma monetaria, iniciada en enero de 2021, incluyó una reducción en el subsidio de la canasta de alimentos al 40%. Como resultado, los ciudadanos cubanos ahora necesitan cubrir el 60% restante en mercados no subsidiados y caracterizados por precios altos y suministros irregulares.

A estas advertencias se suman las investigaciones publicadas por expertos de la Universidad Johns Hopkins, que ubican a Cuba como el séptimo país del mundo con mayor tasa de inflación (73,31%) y el segundo de América Latina solo superado por Venezuela.

Las consecuencias de esta debacle económica, que el régimen de La Habana insiste en negar en su verdadera magnitud, recae sobre los bolsillos de más de siete millones de cubanos que no reciben remesas, y solo dependen del salario estatal o de la ilegalidad para sostener la sobrevida que impone la gobernanza del país.

Para los habaneros preguntados, las consecuencias implican además el tiempo —aspecto principal en los enunciados sobre calidad de vida— que se invierte cotidianamente para conseguir los alimentos básicos. El proceso de cualquier cola es en sí mismo tedioso.     

«No se trata de pedir el último o coger un turno, como antes. Toda cola tiene tres pasos: primero para coger un turno; segundo para la entrega del carnet o la libreta de abastecimiento, y tercero cuando te llaman para entrar al mercado o tienda», explica Araceli Ventura, una habanera que confiesa «un cansancio que ni siquiera te puedes explicar a ti mismo».

«Estoy en la cola desde las 9:00AM, y son las 2:30PM y todavía no he podido entrar a la tienda. Todo este tiempo malgastado para comprar dos tubos de picadillo y un cartón (diez cajetillas) de cigarros. Mañana es probable que tenga que hacer otra cola para refrescos o detergente o salchicha. Porque todo no lo surten de una vez, sino de a poco, para que todos los días te ‘entretengas’ y no pienses en ‘lo malo’. No sé si el cansancio sea por la impotencia, o porque no estoy bien alimentada, o por los kilómetros que camino en una misma cola, o porque estoy cansada de este país y de la letanía del bloqueo»,  argumenta Ventura coincidiendo además en que, el verdadero rostro de Cuba y de los cubanos «está en cada cola», donde las miradas de las personas no coinciden con la alegría que promulga el régimen cubano en sus reportajes.

«Pero no solo es perder el tiempo haciendo colas, sino que pierdes el tiempo por casi nada y todos los días se repite la misma película. Lo peor es cuando las lágrimas se te salen sin darte cuenta, y cuando miras a la que está a tu lado también está llorando y te dice: ‘Creo que estamos llorando por lo mismo’. Muchísimo peor es cuando descubres que solo te queda poca tristeza porque el miedo te ocupa todo el corazón. No se trata de la cola, sino que sabes que no te queda de otra», concluye Ventura.

Origen: Diario de Cuba

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.