Desquites: conciertos de Roger Waters, Earth, Wind and Fire y Santana

Durante estos conciertos las lágrimas sanan y son inevitables cuando se piensa en las circunstancias que debimos descubrir por nuestra cuenta

ALEJANDRO RÍOS

MIAMI, Estados Unidos.- En una misma semana, tres iconos de la historia del rock se dieron cita en el sur de la Florida. Disfrutar de los mismos son desquites de mis treinta años en dictadura, ahora que acabo de cumplir otra treintena, pero en libertad.

Durante estos conciertos las lágrimas sanan y son inevitables cuando se piensa en las circunstancias que debimos descubrir por nuestra cuenta y escuchar a hurtadillas músicos grandiosos cuando comenzaban a deslumbrar el mundo mediante una obra hoy considerada clásica.

En Facebook me escribe desde Cuba Felix Santiago: “Qué alegría ver y oír música de verdad entre tanta… mala música. Gracias y saludos desde la maltrecha Habana”.

Estas presentaciones fueron pospuestas por la maldita pandemia que detuvo durante dos años nuestras vidas. Los intérpretes siempre dejaron saber la importancia del necesario reencuentro con el público de masiva concurrencia para dar fe de la restauración de nuestros valores sociales y culturales.

Por segunda vez estuve ante la majestad sublime y tecnológica del enfant terrible Roger Waters, bajista y compositor, de incorrección política incontenible, irreverente y controversial, pero capaz de reimaginar sobre el escenario la música sin parangón del mítico grupo Pink Floyd.

Resulta difícil, sin embargo, vencer el corolario tormentoso político de Waters donde no se menciona ni uno de los dictadores que han devastado a tantos países, entre los cuales figura Cuba, por supuesto, mientras acusa a todos los presidentes americanos contemporáneos como criminales de guerra.

El bombardeo ideológico de impresionantes pantallas, donde elige a sus desposeídos y victimarios, mientras desestima a otros, también se vuelve una jornada perturbadora, pero cuando de las 23 canciones contenidas en el concierto 17 corresponden al catálogo de Pink Floyd la aventura por sus ideas de extremos se vuelve llevadera.

El grupo que lo acompaña durante esta gira que ha titulado This is Not a Drill resulta impecable en sus versiones de clásicos como Wish You Where Here, Brain Damage, Shine On Your Crazy Diamonds, Eclipse, Run Like Hell y otras que nos siguen fascinando con su encanto y profundidad filosófica sin paralelos.

Paradójicamente, el público que colmó la arena FTX de Miami estaba integrado por personas casi todas de la raza blanca, de edades diversas, pero muy pocas pertenecían a las etnias “explotadas” que con tanta prosopopeya defiende Waters en sus impertinentes declaraciones y algunas canciones de reciente composición.

Yo le agradezco que nos recuerde y enaltezca a Pink Floyd, en lo que el resto de los otros integrantes del grupo se vuelva a unir algún día y nos complazcan, aliviados de la chachara doctrinaria que a nosotros los cubanos nos pesa en demasía por obvias razones.

El concierto en el iTHINK Financial Amphitheater, de West Palm Beach, un sitio menos sofisticado con grandes áreas verdes al aire libre donde el público disfruta sobre la hierba en mantas o sillas traídas para la ocasión, la música tuvo que ver más con el corazón y una alegría de vivir casi espiritual.

El Miraculous Supernatural Tour vino encabezado por el inimitable Santana, y como introducción de lujo el conjunto Earth, Wind and Fire, quienes no fungieron como simples teloneros, sino que terminaron regalando un recital para el recuerdo con 15 de sus éxitos irreprochables.

Cultivadores de las más diversas fusiones musicales: soul, pop, jazz, funk, bajo la categoría original del rhytm and blues, Earth, Wind and Fire trae un mensaje de concordia y felicidad desde los años setenta cuando sentaron cátedra con una música afortunadamente ajena a los cacofónicos y violentos discursos sociales actuales que diluyen la idea del regocijo.

Durante las interpretaciones de Shining Star, Getaway, Sing a Song, Boggie Wonderland, September, además de una de las más originales versiones que se hayan hecho de Got to Get You Into My Life, de The Beatles, las personas de todas las razas y colores que me rodeaban no podían sentarse y eran impelidas a bailar o moverse a como diera lugar.

Tres de los integrantes originales de la agrupación son acompañados por jóvenes talentos que reproducen la misma orquesta de ensueño, suerte de necesaria fábrica de bienaventuranza, que sigue prodigando anhelos en medio de divisiones e incertidumbre.

Desde que llegué al exilio, en términos culturales, poder disfrutar de Santana era una tarea pendiente. En Cuba el dictador Fidel Castro, para congraciarse con su amigo Velasco Alvarado, otro personaje castrense intolerable, prohibió la divulgación de su música, paradójicamente de fuertes raíces cubanas, debido, sobre todo, a la presencia durante veinte años en el grupo del percusionista nacido en Lawton Armando Peraza.

Para nosotros, en La Habana resultaba insólito que el rock más fuerte y acendrado incluyera textos en español, así como ritmos que nos eran totalmente afines.

Luego del concierto de la semana pasada confieso que todavía no salgo de mi asombro. A sus 75 años, este verdadero dios de la guitarra, que viaja sereno consigo mismo en la máquina del tiempo desde los “contraculturales” años sesenta, sigue hilando raíces artísticas de las más diversas procedencias en una obra inclasificable por su riqueza y profundidad.

22 canciones, casi sin respiro ni pausa lo atestiguan. Qué feliz coincidencia que haya abierto el concierto con Soul Sacrifice, la misma pieza que lo diera a conocer internacionalmente durante su mítica presentación en Woodstock del año 1969.

El repaso de su obra durante el concierto fue exhaustivo: Evil Ways, Black Magic Woman, Oye como va, Everbody’s is Everything, Europa, No One to Depend On, entre otras, mantuvo al público totalmente ensimismado con un mensaje de optimismo y esperanza.

La poderosa baterista del grupo, Cindy Blackman, es la esposa de Santana y la cubanidad sigue presente mediante el esmerado guitarrista acompañante, nacido en Nueva York y criado en Miami, Tommy Anthony, así como con el nuevo conguero, Paoli Mejías, original de Puerto Rico, quien confiesa ser heredero de la percusión de Carlos “Patato” Valdés e Irakere.

Santana fue parco, dialogó con su música, pero nos encomendó a practicar la felicidad. Su aproximación a la vida sigue siendo mística y valiosa. Yo lo guardo en mi panteón de luz y afanes donde el mejoramiento humano no parecer ser una quimera.

Origen: Cubanet

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